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A la segunda fue la vencida. Alabama ejecutó el jueves por la tarde a Kenneth Eugene Smith, un condenado a muerte por el asesinato de la mujer de un pastor en marzo de 1988. El estado sureño ya había intentado acabar con la vida del reo en noviembre de 2022 de una inyección letal, pero desistieron al no encontrarle la vena. Ahora lo han conseguido recurriendo a un método innovador de ajusticiamiento que añadir a la macabra lista de sistemas existentes: la asfixia por nitrógeno.

Su ejecución duró más de media hora, 32 minutos, para ser exactos, desde las 7.53 pm en que comenzó el proceso, hasta las 8.25 pm. Como estaba previsto según el protocolo anunciado previamente, a Smith le colocaron una máscara ajustada a la cara para que inhalase nitrógeno hasta dejarle sin oxígeno y perder la vida. Pero no fue una pérdida de conocimiento instantánea ni rápida, como habían pronosticado las autoridades estatales. Smith, de 58 años, estuvo consciente varios minutos mientras el gas le invadía los pulmones, según los testigos presenciales.

Después «tembló y se retorció» durante al menos dos minutos antes de empezar a respirar con dificultad. «Esta es la quinta ejecución que he presenciado en Alabama y nunca había visto una reacción tan violenta ante una ejecución», dijo una de las periodistas presentes en la prisión William C. Holman en Atmore, Alabama. Smith alcanzó a decir unas palabras antes de morir. «Esta noche Alabama hace que la humanidad dé un paso atrás. Gracias por apoyarme. Os quiero a todos». Después, se despidió de su mujer con un «te quiero».

Se trata de la primera ejecución de este tipo a nivel nacional, un método que abre la puerta a futuras ejecuciones de su estilo y que ha generado un enorme debate en torno al nivel de crueldad y dolor que puede suponer para el preso.

Denuncia de la ONU

Un fiscal estatal indicó al Tribunal de Apelaciones del Circuito 11 que se trata «del método de ejecución más indoloro y humano conocido por el hombre». Varios expertos médicos, sin embargo, advirtieron de la posibilidad de que fuera una muerte «humillante y dolorosa», precedida de convulsiones e incluso de vómito en la misma máscara, una práctica que han denunciado en los últimos días desde Naciones Unidas. El mismo centro penitenciario le había modificado el menú a Smith después de que hubiera estado vomitando durante días antes de ser ejecutado.

La introducción de la hipoxia de nitrógeno no responde a cuestiones humanitarias ni creativas. Hace tiempo que los estados están teniendo dificultades para hacerse con los fármacos necesarios para llevar a cabo la inyección letal, el método más frecuente de ajusticiamiento en los 27 estados donde se aplica la pena capital. A la negativa de las farmacéuticas de vender esos medicamentos por una cuestión ética y de imagen, se unió el veto de la Unión Europea en 2011 a la exportación de esas drogas a EEUU.

De ahí que Mississippi y Oklahoma se unieran a Alabama en dar luz verde a la asfixia por gas. Pese a la falta de antecedentes y las muchas dudas que despertaba el método de ejecución, ni los jueces federales ni el Tribunal Supremo tuvieron a bien escuchar las peticiones de clemencia de última hora para detener la ejecución. Solo los tres jueces progresistas del Supremo, Elena Kagan, Ketanji Brown Jackson y Sonia Sotomayor, se decantaron por posponer la muerte del preso. El fiscal general de Alabama, Steve Marshall, se mostraba confiado el miércoles de que «se hiciera justicia» y que la ejecución se llevara a cabo.

Smith, de 58 años y sentenciado a la pena capital en 1989, fue uno de los tres condenados por la muerte en 1988 de Elizabeth Dorlene Sennett, de 45 años. Su marido pagó mil dólares a Smith y a otro hombre para que asesinaran a Sennett con la idea de cobrar el seguro de vida y saldar sus muchas deudas. La apuñalaron una decena de veces. Smith tenía 22 años cuando cometió el crimen.

El pastor se quitó la vida poco después del asesinato de su mujer. John Forrest Parker, otro de los involucrados en el caso, fue ejecutado con una inyección letal en 2010 y el tercero, Billy Gray Williams, murió entre rejas en 2020 tras ser condenado a cadena perpetua.