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  • Fin de mandato Charles Michel sacude el tablero europeo

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha anunciado este viernes por la tarde, en un mensaje en su cuenta de Facebook, que no se presentará a las elecciones europeas de junio tras la oleada de críticas y reproches recibidas por parte no sólo de la ciudadanía, sino de los líderes continentales. Y que en noviembre reflexionará» sobre la naturaleza y dirección» de sus compromisos futuros

Hace unas semanas, Michel sorprendió a todo el mundo al confirmar que iría de cabeza de lista de su partido, el liberal francófono MR. No por sus aspiraciones políticas en sí, que presentó como un intento de profundizar en la legitimación de las instituciones, sino porque eso suponía dejar el cargo para el que fue elegido en 2019 y reelegido en 2022 seis meses antes de lo previsto. Su mandato expira en noviembre, y a diferencia de otros cargos menores, una salida precipitada tenía consecuencias de calado.

Después de los comicios de junio, los líderes de los 27 se reunirán en Bruselas, previsiblemente los primeros días de julio, para decidir la estructura de la próxima legislatura. Se tendrá que nombrar a la presidente de la Comisión, y pocos dudan de que será Ursula Von der Leyen, que hará pública su intención dentro de unos días en Berlín. Además, tendrá que salir el sucesor o la sucesora de Michel, así como quién tendrá la presidencia de la Eurocámara por lo menos los dos 30 primeros meses de la legislatura y el puesto de alto representante para la Política Exterior, el que ahora ocupa Josep Borrell. La salida de Michel, inevitablemente en julio si era elegido, pero quizás incluso antes si se detectaban incompatibilidades en su puesto de gestor de las cumbres comunitarias, traía un problema de imagen, de compromiso, de ligereza y no gustó nada en las capitales. Pero es que además, esa decisión, considerada por políticos, funcionarios y diplomáticos como egoísta, traía una encerrona adicional: la posibilidad de que Viktor Orban, el mayor problema ahora mismo de la Unión, acabara asumiendo alguna de las competencias y la gestión de los Consejos Europeos durante un tiempo.

Las reglas dicen que en caso de vacante, el primer ministro del país que ostente ese semestre la presidencia rotatoria del Consejo de la UE asumiría la preparación y coordinación de las cumbres. Y desde el 1 de julio será precisamente Hungría. Esa posibilidad provocó una reacción airada y reproches en público y en privado a Michel. Su primera reacción fue sorprendente. En un encuentro con un grupo de corresponsales europeos, entre ellos EL MUNDO, Michel dijo al día siguiente de confirmar su candidatura que sus colegas tenían tiempo de sobra para ir pensando en su reemplazo. Y si lo hacían bien, se podría lograr que él mismo presidiera la cumbre a principios de julio, antes de recoger el acta, y así el sucesor o sucesora cogería inmediatamente la batuta. E incluso, dijo en público, si los líderes no querían correr ningún riesgo, tenían seis meses para cambiar esa norma, para lo que no hace falta unanimidad, sino mayoría cualificada.

Esa actitud selló su destino. Los gobiernos nacionales creen que era un error, una temeridad, una falta de respeto y de compromiso. Lo contrario de lo que el belga dice defender cuando afirma que «Europa no se ha librado de estos desafíos que afectan directamente a nuestros ciudadanos. Presentarse como candidato, especialmente para Presidente del Consejo Europeo, es un acto de responsabilidad -y un riesgo- destinado a fortalecer la legitimidad democrática del proyecto europeo, desde dentro del Parlamento Europeo».

Tras unas semanas, sin embargo, y precisamente mientras se está ultimando un Consejo Europeo extraordinario cuyo único punto en la agenda es convencer Viktor Orban para que reitere el veto que puso en diciembre a la revisión del Presupuesto comunitario y al estaclebimiento de un mecanismo para dar hasta 50.000 millones de euros en asistencia financiera a Ucrania, el político belga ha dado marcha atrás. A pesar de que, reitera en su mensaje de despedida, los servicios jurídicos habían avalado sus pretensiones y de que sus aspiraciones no son muy diferentes de las de los comisarios que han empezado a buscarse la vida en otros lugares. El vicepresidente Frans Timmermans se fue a liderar a los socialistas holandeses. La vicepresidenta Vestager intentó presidir el BEI. Y otro belga, Didier Reynders, titular de Justicia y el gran rival de Michel dentro del partido liberal francófono, pedirá una excedencia para intentar ser el máximo responsable del Consejo de Europa, que no es una institución comunitaria.

«Mi decisión ha dado lugar a una intensa atención y especulación en los medios. Había previsto algo de ello, dada la naturaleza sin precedentes -algunos dirían audaz- de mi enfoque. Esto también ha dado lugar a reacciones extremas -no dentro del Consejo Europeo sino fuera de él- ante la perspectiva de presentarme a las elecciones europeas, acortar mi mandato y adelantar unos meses el mandato de mi sucesor. No quiero que esta decisión nos distraiga de nuestra misión ni socave esta institución y nuestro proyecto europeo ni que se utilice indebidamente de ninguna manera para dividir al Consejo Europeo, que creo que debe trabajar incansablemente por la unidad europea. Acojo con agrado todas las críticas políticas y argumentos legítimos (…) Pero por todas estas razones, y para mantener el enfoque de mi misión, no seré candidato en las elecciones europeas. Dedicaré todos mis esfuerzos a mis responsabilidades actuales con firme determinación hasta que lleguen a su fin. Siempre seré un ferviente defensor de una Europa democrática, fuerte, unida y dueña de su propio destino. Al final de este mandato, reflexionaré sobre la naturaleza y dirección de mis compromisos futuros», ha explicado en la red social.