• Plebiscito Chile afronta de nuevo el jeroglífico que supone el cambio de su Constitución

Daniel Jadue, una de las principales figuras del Partido Comunista de Chile, reflejó este domingo quizás como ningún otro exponente de la política local la mezcla de hartazgo e impotencia ante la sucesión de procesos electorales en los que se ha visto inmerso el país desde el estallido social de octubre de 2019: las preguntas sencillas e insistentes de una reportera hicieron que perdiera los estribos.

«Pido un poco más de respeto, muchas gracias», fue la insólita reacción de Jadue, alcalde de la comuna santiaguina de Recoleta, mientras con su mano bajaba el brazo de la reportera y alejaba el micrófono de su cara al entrar a un local de votación.

La última pregunta de la cronista de CNN Chile había sido directa, clarísima, pero lo último que quería Jadue era responder sobre el tema: «¿Están dispuestos a impulsar un nuevo proceso constituyente?».

La pregunta incluía una premisa implícita, la del fracaso de la izquierda, que a partir de 2019 instaló exitosamente la idea de que en la Constitución sancionada en 1980 por el dictador Augusto Pinochet y reformada en 2005 por el socialdemócrata Ricardo Lagos estaban todos los problemas del país, y que en una nueva Carta Magna se encontrarán las soluciones.

El primer plebiscito, en septiembre de 2022, rechazó por un 62% la propuesta de un texto excesivamente de izquierda y casi refundacional del Estado; el segundo, en este diciembre de 2023, propone lo que muchos ven como una «Constitución de derechas». Es el péndulo político chileno, cada vez más acelerado y enloquecido.

Pero suceda lo que suceda en la elección de este domingo, la izquierda habrá fracasado. Si se aprueba la Constitución escrita por Los Republicanos, la derecha dura en torno a José Antonio Kast verá ganador al hombre que perdió hace solo dos años la elección presidencial con Gabriel Boric. Si gana el rechazo, el mero dato de una izquierda aliviada ante la supervivencia de «la Constitución de Pinochet» lo dice todo.

«Te soy sincero: no he leído la propuesta de Constitución, no estoy enterado de nada». La frase se repitió el fin de semana ante la consulta de este periódicoa diferentes ciudadanos chilenos. Agotados ante la quinta votación constitucional desde 2020, los 15,4 millones de chilenos llamados a votar se tomaron el asunto con filosofía: votar es obligatorio, y por lo tanto, votaron en un día soleado en Santiago, fresco primero, caluroso a medida que avanzaban las horas..

Así y todo, al borde del inicio de las vacaciones de verano en el hemisferio austral, nadie espera que se alcance la cifra del 85,7% de participación de aquel plebiscito de 2022.

El texto propuesto cuenta con 17 capítulos y 216 artículos, lo que la convierte en la segunda Constitución más extensa de América Latina. Con la mayoría más que absoluta de 33 consejeros de la derecha dura y la derecha tradicional en el Consejo Constitucional, el texto alumbrado es, en algunos aspectos, más duro que el de 1980.

La defensa del «derecho a la vida de quien está por nacer» es visto por la izquierda como una vía para bloquear la ley que permite el aborto en tres supuestos. La expulsión inmediata de los migrantes irregulares o la exención tributaria de la primera vivienda, en beneficio de las personas de mayores ingresos, también es criticada por la coalición gubernamental. Se propone que el Estado financie la educación pagando por cada estudiante matriculado, en vez de asignar un presupuesto general a las escuelas, y se fortalecen las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), cuya influencia Boric desea disminuir.

Suceda lo que suceda, los chilenos piden dejar de votar.

«La gente está cansada»

«El proceso constituyente se da por finalizado suceda lo que suceda hoy. La gente está agotada», dijo este domingo Tomás Bogdanovic, alcalde de la comuna santiaguina de Maipú. «No hemos sido capaces de generar un texto que una a las mayorías, hay gente que fue directamente llamada a joderse con este proyecto constitucional».

La ex presidenta Michelle Bachelet fue un tanto críptica al votar: «Prefiero algo malo a algo pésimo». Es decir, votará lo opuesto de lo que hará su sucesor en el cargo, Sebastián Piñera. «¡Prefiero una Constitución nacida en democracia!», dijo el hombre que gobernó Chile entre 2009 y 2013 y 2017 y 2021.

Jorge Schaulson, ex presidente de la Cámara de Diputados, cree que Chile tiene una salida al laberinto constitucional. «Hemos estado buscando desesperadamente ‘una que nos una’ y resulta que ya la teníamos enfrente de nuestras narices. Es la vilipendiada constitución vigente, la única que concita apoyos que van desde la extrema izquierda hasta la derecha más rancia, pasando por el centro».

Todo este viaje para volver al punto de inicio, viene a decir Schaulson: «Muchos en la izquierda tuvieron su ‘epifanía’ y han descubierto que la constitución vigente no es tan mala ni perversa, que en realidad Lagos no andaba tan perdido cuando en la ceremonia de firma de la nueva constitución dijo que ‘este es un día muy grande para Chile, tenemos razones para celebrar, tenemos hoy, por fin, una Constitución Democrática, acorde con el espíritu de Chile, del Alma permanente de Chile’,recibiendo una ovación de todos los dirigentes de la izquierda, la mayoría de los cuales siguen siéndolo hasta el día de hoy».