• Guerra Pekín pide a Israel poner fin al «castigo colectivo del pueblo de Gaza»
  • Oriente Próximo Mientras el mundo mira a la guerra en Oriente Próximo, Putin y Xi Jinping estrechan en Pekín su amistad «sin límites»

Las cinco naciones emergentes que forman el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) celebraron el martes una cumbre virtual extraordinaria para discutir la situación en Gaza seis semanas después del comienzo de la guerra entre Israel y Hamas. Desde Pekín, el presidente Xi Jinping, además de pedir un alto el fuego y corredores humanitarios para proteger a los civiles palestinos, aseguró que China «brindará más apoyo y asistencia» a la población de la franja, explicando que su país, con ayuda de Egipto, ya había enviado 15 millones de yuanes (casi dos millones de euros) en alimentos y suministros médicos.

«La causa fundamental de esta crisis es que el derecho a la existencia del pueblo palestino ha sido ignorado durante mucho tiempo», remarcó Xi en el primer discurso público que pronuncia sobre Gaza desde que estalló el conflicto. El líder chino también pidió la convocatoria de una conferencia internacional de paz e insistió en que sólo una solución de dos Estados traería una paz duradera. «No puede haber seguridad en la región sin una solución justa a la cuestión de Palestina», subrayó.

Desde Moscú, Vladimir Putin destacó que los BRICS pueden desempeñar un papel clave para lograr un alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamas. El líder ruso aseguró que el «sabotaje» (por parte de Israel) de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU hizo que «los palestinos vivieran en una injusticia». El presidente que ordenó una sangrienta invasión de Ucrania dijo que «la muerte de miles de personas, el desplazamiento masivo de civiles y la catástrofe humanitaria que se ha desatado, son profundamente inquietantes».

Es la primera vez que un conflicto en Oriente Próximo centra la reunión de un bloque que ha ganado mucho peso y voz dentro del escenario internacional. La cumbre fue presidida por el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, cuyo gobierno solicitó hace unos días que la Corte Penal Internacional (CPI) emitiera una orden de arresto contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Ramaphosa acusó el martes a Israel de crímenes de guerra y genocidio en Gaza.

«El castigo colectivo de los civiles palestinos mediante el uso ilegal de la fuerza por parte de Israel es un crimen de guerra. La negación deliberada de medicinas, combustible, alimentos y agua a los residentes de Gaza equivale a genocidio«, manifestó el sudafricano. Su partido, el Congreso Nacional Africano (ANC), a menudo ha vinculado la causa palestina con su propia lucha contra el apartheid. «Que esta reunión sea un llamado de atención para que combinemos nuestros esfuerzos y fortalezcamos nuestras acciones para poner fin a esta injusticia histórica«, sentenció. El lunes, Israel retiró a su embajador en Sudáfrica.

Al encuentro por videoconferencia se unieron representantes de cinco nuevos miembros del grupo (Arabia Saudí, Argentina, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos), cuya membresía será oficial el próximo año. También participó el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.

Otra de las intervenciones destacadas fue la del príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, que pidió «a todas las naciones» que detengan las exportaciones de armas a Israel. «Los crímenes brutales que se están desarrollando en Gaza exigen un esfuerzo colectivo para ponerles fin», añadió.

La gran ausencia de la cumbre la protagonizó el primer ministro indio Narendra Modi, quien mandó en su lugar a su ministro de Exteriores, S. Jaishankar. Este inesperado plantón manda una clara señal de que Nueva Delhi no está nada cómoda con un encuentro organizado para criticar el devastador bombardeo del ejército israelí sobre Gaza.

A diferencia del resto de países que forman los BRICS, India en todo momento ha adoptado una postura más cercana a la de Estados Unidos. No ha exigido un alto el fuego por parte de las fuerzas de Israel y se abstuvo en una votación de la Asamblea General de la ONU sobre una resolución que pedía poner fin a la ofensiva por no incluir en la declaración una «condena explícita» al ataque de Hamas.

Esta postura del Gobierno de Modi representa un giro histórico de la posición de su país sobre el conflicto en Oriente Próximo, pasando del respaldo a los palestinos -fue la primera nación no árabe en reconocer a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)-, a un apoyo que parece incondicional hacia Israel, con quien India comparte cada vez más fuertes vínculos comerciales y, sobre todo, de defensa. Delhi es el mayor cliente extranjero de Tel Aviv en cuanto a la compra de misiles, drones y equipos de seguridad fronteriza.

Pocas horas después de la masacre de Hamas del 7 de octubre, Modi fue uno de los primeros líderes mundiales en condenar los ataques terroristas. En contraste, desde Pekín, todavía no han condenado directamente a Hamas. La segunda potencia mundial cada vez está más volcada en posicionarse como mediadora del conflicto y en pedir a Israel que termine con la ofensiva en Gaza. Mientras, en India, han salido muchas denuncias de activistas diciendo que grupos en redes sociales vinculados al Bharatiya Janata (BJP), el partido gobernante, de corte nacionalista hindú, están difundiendo mensajes de que todos los palestinos son yihadistas y que en la conflictiva región de mayoría musulmana de Cachemira los hindúes se enfrentan a una amenaza como la de Hamas.

Modi sí que estará el miércoles en otra cumbre virtual, la de líderes del G-20, que contará también con la presencia de Putin, quien se ausentó en el encuentro presencial del grupo celebrado en Delhi el pasado septiembre. Allí tampoco apareció Xi Jinping. Desde Pekín han confirmado que el presidente chino no participará en el encuentro del miércoles. Su lugar, como ya ocurrió hace un par de meses, lo ocupará el primer ministro Li Qiang.

El nuevo plantón de Xi se trata de un nuevo mensaje que lanzan desde Pekín sobre la apuesta personal del presidente chino con los BRICS como plataforma multilateral que ayude a contrarrestar el dominio occidental en organismos internacionales, así como convertirlo en un foro que de nuevos soportes a países hambrientos de estructuras alternativas de gobernanza.

Al igual que ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania, muchos de los países en desarrollo de Asia, África y América Latina se han alejado de la posición dominante en parte de Occidente, liderada por Estados Unidos, de apoyo a Israel en su guerra en Gaza. Hay dos bloques cada vez más separados, con uno de ellos repitiendo mensajes que tratan de desnudar los diferentes estándares por los que se rigen algunas potencias dependiendo del conflicto de turno que esté más de actualidad.

En estas aguas revueltas se mueve bien una fuerza autoritaria como China, que juega como equilibrista en todos los frentes, impulsando una diplomacia de encanto hacia el llamado Sur Global y fortaleciendo el atractivo del grupo de los BRICS, que hace tiempo que salió de un discreto segundo plano para demandar más relevancia global.