• Asia Taiwan elige a Lai Ching-te en las elecciones presidenciales y apoya continuar por el camino de la democracia
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De una cuna pobre minera a convertirse en el mandamás de una vibrante democracia amenazada por un poderoso vecino. La carrera política de Lai Ching-Te arrancó en 1996, cuando Taiwan celebró sus primeras elecciones totalmente libres. Una década antes, comenzó a tomar el pulso a la calle participando en las protestas contra la dictadura anticomunista que llevaba 40 años gobernando la isla.

Estudió Medicina y, gracias a una beca, se sacó una maestría en Salud Pública en Harvard. Volvió a su tierra como consultor médico experto en daños a la médula espinal, pero antes de entrar en la treintena colgó la bata para abrirse camino como legislador en el Parlamento taiwanés.

Lai (64 años), hijo de minero, puede presumir de haber pasado por casi todos los niveles de la política taiwanesa. De diputado raso a alcalde durante dos mandatos de la ciudad sureña de Tainan; de primer ministro a vicepresidente. Ahora se enfrenta al mayor desafío posible: dirigir una nación que funciona de facto como un país totalmente independiente, pero cuya soberanía apenas reconocen 13 países en todo el mundo.

Centenares de miles de personas se plantaron el sábado en el corazón de Taipei para celebrar la victoria de Lai en las elecciones presidenciales. Su formación, el Partido Democrático Progresista (PDP), venció con más del 40% de los votos.

Un resultado que no agrada nada a China, donde hace unos días definieron a Lai como un «peligro» para la paz en el estrecho de Taiwan. En Pekín no olvidan un discurso de 2018 del nuevo presidente electo en el que se describió así mismo como un «trabajador pragmático por la independencia de Taiwan».

Durante la campaña, Lai rebajó el tono. Moderó su discurso y omitió cualquier referencia a la independencia formal de la isla, citando únicamente su férrea defensa por mantener el actual status quo. Lo que sí hizo Lai fue presentar su figura como una elección entre democracia y autocracia, argumentando que él era el único capaz de proteger la autonomía y la democracia de Taiwan.

Lai tendrá que esperar hasta mayo para coger oficialmente el testigo de la que hasta ahora ha sido su jefa, la presidenta Tsai Ing-wen. Del nuevo líder se espera una política continuista: apostar fuerte por el rearme de Taiwan, reducir la dependencia económica de China y continuar estrechando lazos con Estados Unidos y con otras grandes democracias liberales.

Para saber más

Al igual que Tsai, el nuevo presidente tiene claro que la alianza con Washington -el principal proveedor de armas de la isla- es clave para garantizar la seguridad de Taiwan. El pasado mes de agosto, de camino a Paraguay, Lai realizó una breve escala en Nueva York para dar un mitin ante 700 estadounidense de origen taiwanés.

«No importa cuán grande sea la amenaza del totalitarismo para Taiwan, nunca tendremos miedo de retroceder y debemos defender los valores de democracia y libertad. Cuando el pueblo chino busca la libertad, la democracia y los derechos humanos, considera a Taiwán como un faro brillante», soltó.

En otras declaraciones, el político manifestó su esperanza de que, algún día, el presidente de Taiwan fuera recibido en la Casa Blanca, algo que, de producirse, rompería con los precedentes y provocaría una contundente respuesta militar de Pekín.

Lai también tratará durante su mando de buscar una relación más sólida con Japón, otro actor que podría resultar decisivo en el caso en que Pekín trate de ejecutar por la fuerza la ansiada «reunificación» con la que considera una provincia separatista.

Sus intenciones en política exterior las dejó bastante claras al elegir como compañera de fórmula a Hsiao Bi-khim, embajadora taiwanesa en Washington desde 2020 a 2023, quien será la nueva vicepresidenta.

Hsiao, uno de los grandes azotes de Pekín en los últimos años, trabajó en la sombra estrechamente tanto con las administraciones de Trump y Biden para fortalecer los lazos entre Taipei y la primera potencia mundial.

Dentro de casa, una de las grandes apuestas será seguir mejorando, con ayuda también de Washington, las defensas del país. Un camino que empezó Tsai al aumentar el presupuesto de defensa, ampliar el servicio militar obligatorio de cuatro meses a un año, la compra de misiles modernos y el desarrollo de armamento propio como drones y submarinos.

El nuevo presidente, a pesar de prometer continuar con las reformas del anterior Gobierno, tiene un perfil más conservador que Tsai, con quien llegó a disputar la carrera por la candidatura presidencial en las pasadas elecciones de 2020. Lai perdió porque su imagen no casaba con el ideario de candidato moderno y progresista que demandaban los votantes de su partido. En más de un charco se metió además, como cuando atribuyó la propagación del VIH a la comunidad gay.