• La Mirada del Corresponsal La lucha por la corona del reino de los zulúes

El juicio por espionaje más grave detectado en los servicios secretos alemanes (BND) ha comenzado en el Tribunal de Apelación de Berlín con el suspenso del mejor thriller. La vista comenzó con una hora de retraso debido a las fuertes medidas de seguridad y se interrumpió tras unos 20 minutos muy intensos. La Fiscalía General ha pedido al Tribunal que considere vistas a puerta cerrada ante la carga de información confidencial que saldrá a relucir en el proceso. El presidente de la sala y muy experimentado juez, Detlef Schmidt, ha aceptado el requerimiento. Su decisión será transcendental.

En el banquillo se sientan Carsten L. un alto cargo del BND, y, como cómplice, el comerciante de diamantes, Arthur E. Se les acusa de traición y venta de secretos de Estado a los servicios de inteligencia rusos (FSB). Ambos están detenidos desde el pasado año en la prisión de Moabit en módulos separados. También seguirán el juicio separados, cada uno en una cabina acristalada y separadas entre sí -y de sus abogados- por unos dos metros.

Carsten L., 53 años, eligió para su primera comparecencia chaqueta azul oscuro, camisa azul claro. Parecía un hombre de negocios, pero cuando se le preguntó por su profesión, respondió con la sintaxis de James Bond: «Soldado. Soldado profesional». Llevaba en el servicio del BND desde 2007, primero en reconocimiento técnico y más recientemente, antes de su detención, como jefe de la unidad sensible de seguridad personal.

Arthur E., 32 años, optó por camisa negra. Parecía despreocupado e incluso bromeó con sus abogados defensores. En esta primera vista ha decidido callar. Ya ha declarado en los interrogatorios y el tribunal ha programado 50 sesiones, hasta el próximo mes de julio.

Un silencio sepulcral se impone cuando el fiscal general, Lars Malskies, procede a la lectura del auto de acusación, que, de repente, interrumpe. Malskies considera que los detalles contenidos en los últimos folios de su escrito son especialmente sensibles y pide que se excluya de estos pasajes a los periodistas y al público presente en la sala. Se trata de secretos de Estado revelados a Rusia en otoño de 2022, en plena guerra de Ucrania.

El abogado defensor de Carsten L. Johannes Eisenberg, protesta. Quiere «acabar con el secretismo» y mantener el proceso abierto al público a toda costa. La información revelada, afirma, no era tan sensible. Eisenberg sospecha que la investigación se ha manipulado, esta viciada, y sostiene que el otro acusado, el comerciante de diamantes, es un «impostor».

El juez toma nota de los argumentos de las partes y suspende la vista. Quiere reflexionar con calma sobre el asunto, «Todo debe ser completamente seguro, no debe quedar abierta ni la más mínima brecha de seguridad», explica.

Antes de retirarse, el magistrado saca un papel de una carpeta que tenía sobre la mesa. Es una carta de Carsten L.a Arthur E. interceptada por las autoridades de prisiones. El texto es claro: «Se trata de destruir pruebas», opina. Y lee «nunca estuviste con el FSB, nunca recibiste dinero». En su mensaje, Carsten L. le sugiere que declare que fue presionado por la CIA y el FBI, que autoridades estadounidenses querían poner en evidencia al BND.

La Fiscalía considera probado que espía alemán entregó documentos secretos a Arthur E. y que recibió dinero a cambio, pero teme que estén coordinando sus declaraciones.

De la trama de este thriller ha filtrado lo justo. Al parecer, los acusados se conocieron por casualidad en una fiesta en Weilheim, sede bávara del BND. El empleado del BND le habría hablado abiertamente de su trabajo al comerciante, del que ahora se sabe que nació en Rusia, tiene pasaporte alemán y presuntamente con contactos en el FSB.

En septiembre y octubre de 2022, el comerciante se reunió varias veces en Moscú con agentes rusos y, presuntamente, en una de esas reuniones, el FSB le entregó una lista de preguntas de especial interés, la mayoría referida a la entrega de sistemas de armamento estadounidenses y alemanes a Ucrania. Carsten L. respondió a esas preguntas, incluido datos sobre los medios técnicos utilizados por el BND y otros servicios occidentales para captar comunicaciones del grupo mercenario Wagner. Recibió, a cambio, 450.000 euros. Arthur E. recibió en Moscú un sobre con 400.000 euros en metálico.

Carsten L. fue detenido el 21 de diciembre de 2022 y el empresario el 22 de enero de 2023 sobre la base de órdenes de detención emitidas por el juez de instrucción del Tribunal Federal de Justicia. Mantiene que todo es un montaje para desprestigiar al BND de la CIA estadounidense y a la Oficina Federal de Investigación (FBI). Argumenta en su defensa que los soportes de datos confiscados a su cómplice por esos servicios durante una visita a Estados Unidos no fueron entregados a las autoridades alemanas en su forma original.

Se trata de cuestión fundamental a la que el juez Schmidt le dedicará tiempo antes de dictar sentencias que podrían oscilar entre los cinco años y la cadena perpetua.