• Asia Un Gobierno dinástico se asienta en las ‘elecciones falsas’ de Camboya

Tras la caída del régimen genocida de los Jemeres Rojos, la ONU envió varios supervisores a Camboya para tratar que este país del Sudeste Asiático dejara atrás la sangrienta dictadura y se abriera al mundo con un nuevo sistema democrático. Fue en 1985 cuando un joven ex comandante refugiado en Vietnam, Hun Sen, tomó las riendas del país bajo la promesa de defender la democracia, celebrar elecciones limpias y barrer la endémica corrupción.

La idea era dar un lavado completo de cara a este país con 16 millones de habitantes asentado en una región propensa a tropezar una y otra vez con gobiernos autoritarios que se apoyan en los ejércitos para mantener el control. Los experimentos de democracia electoral fallan una y otra vez. Y Hun Sen no fue a ser la excepción. Acabó convirtiéndose en un tirano, aferrándose al poder y eliminando poco a poco a la oposición, hasta ser uno de los líderes más longevos del mundo en el cargo.

Después de servir 38 años como primer ministro y de ganar el domingo sus últimas elecciones, Hun Sen (70 años) ha anunciado que se jubila y que pasa el testigo a su hijo mayor, Hun Manet (45 años), quien actualmente es el jefe del ejército camboyano. «Me gustaría pedir comprensión a la gente al anunciar que no continuaré como primer ministro», dijo el líder saliente el miércoles durante un discurso televisado.

El traspaso de poderes era un secreto a voces. Hun Sen lo adelantó hace un par de años y fue allanando el camino a su hijo, abriéndole un hueco en el poderoso Comité Central del gobernante Partido del Pueblo Camboyano (CPP). En abril de este año, fue ascendido a general de 4 estrellas, el rango militar más alto que le brindaba el control de un ejército que es el brazo armado del CPP.

El currículum de Hun Manet llama la atención porque se graduó en la prestigiosa Academia Militar de West Point, en Estados Unidos, y estudió una maestría de la Universidad de Nueva York y un doctorado de la Universidad de Bristol (Reino Unido). De regreso a Phnom Penh, la capital de su país, fue nombrado comandante de las fuerzas especiales antiterroristas.

Desde fuera se podría interpretar que, con el perfil occidental del nuevo líder, arropado en su educación por la cultura anglosajona, se podría reconducir la pasada apuesta democrática. Una idea que no comparten los analistas que siguen la política camboyana, convencidos de que Hun Manet no se desviará del rumbo autoritario de su padre, quien persiguió a la disidencia, se hizo con el control de los tribunales y cerró medios críticos. Además, la opinión mayoritaria es que Hun Sen continuará moviendo los hilos desde la sombra.

El pasado mayo, la comisión electoral prohibió la participación en las elecciones del Partido de las Velas, el único que podía plantar cara en las urnas al partido gobernante. Un par de meses antes, el Gobierno cerró uno de los últimos periódicos independientes que quedaban en Camboya, La Voz de la Democracia, mientras que una de las figuras de la oposición más destacadas, Kem Sokha, fue sentenciada a 17 años de arresto domiciliario.

El Ejecutivo camboyano se vio amenazado tras las elecciones de 2013, cuando obtuvo más del 40% de los votos una alianza de partidos renombrada como Partido de Rescate Nacional de Camboya (CNRP). Desde entonces, la represión contra la oposición fue en aumento, logrando que el Parlamento aprobara disolver cualquier partido político por «motivos de seguridad», siempre bajo el criterio único del partido gobernante. Ese año, el CNRP fue prohibido y alrededor de un centenar de sus miembros fueron procesados, lo que llevó a varios políticos destacados de la oposición a huir al extranjero.

Hun Sen ha tratado de pintar Camboya como una sana democracia de cara al exterior, presumiendo de un sistema plural donde caben todos los partidos. Después de que en las elecciones del domingo el CPP arrasara llevándose el 82% de los votos – obteniendo 120 de los 125 escaños del Parlamento -, el líder destacó la «madurez democrática» a pesar de las críticas que le cayeron desde Estados Unidos y la Unión Europea, que se habían negado a enviar observadores alegando que las elecciones «carecían de las condiciones para ser consideradas libres y justas». Supervisando los comicios sí que estuvieron enviados de aliados internacionales de Camboya como China y Rusia.

Además de anunciar que cederá el poder a su hijo, Hun Sen dijo el miércoles que una «nueva generación» asumiría muchos de los principales puestos ministeriales dentro de un nuevo gobierno que se formará el próximo 22 de agosto.