Este lunes por la mañana el presidente francés, Emmanuel Macron, colgaba un vídeo en redes sociales en el gimnasio, en camiseta y medio sudado, con los guantes de boxeo puestos y con un saco al lado. El vídeo era para celebrar la cuenta atrás de los Juegos Olímpicos que celebrará París en verano, pero sirve igual para ilustrar la batalla de estos últimos días.

Tras días de rumores, el presidente ha decidido remodelar el Gobierno, lo que incluye la salida de la primera ministra, Elisabeth Borne, que ha presentado su dimisión y ha sido aceptada, según ha confirmado el Elíseo. Llevaba 20 meses al frente del Ejecutivo. Esta misma tarde se había reunido con Macron.

«Querida Elisabeth Borne, su trabajo al servicio de nuestra nación ha sido cada día ejemplar. Ha puesto en marcha nuestro proyecto con coraje, compromiso y la determinación de las mujeres de Estado», ha dicho Macron en X (antes Twitter). Borne «asegurará, junto con los miembros del Gobierno, la gestión de los asuntos de actualidad hasta el nombramiento del nuevo Gobierno», ha señalado el Elíseo en un comunicado.

Desde hace días se especula con su salida. Como sustitutos en el cargo suenan Gabriel Attal, el joven ministro de Educación, que ya fue ascendido en los cambios del pasado verano, cuando pasó de ocupar la cartera de Finanzas a la de Educación. También están Julien Denormandie, ex ministro de Agricultura, y Sébastian Lecornu, ministro de Defensa.

La salida de Borne se produce tras un fin de semana de rumores y reuniones de Macron con varios ministros y colaboradores. Borne ha quedado muy desgastada en este año y pico de su segundo mandato. La debilitó el proceso de negociación y aprobación de la impopular reforma de las pensiones, a la que se oponía media Francia y que dejó tres meses de violentas protestas. La ley se aprobó finalmente por decreto, sin voto parlamentario, al no contar con la mayoría suficiente.

Después de aquella crisis, Macron ya hizo cambios en el Ejecutivo, pero mantuvo a Borne en su puesto, a pesar de que su salida era algo cantado. Lo que ha provocado esta nueva remodelación (y la marcha de la primera ministra) ha sido la aprobación de la ley de inmigración hace menos de un mes. La Asamblea dio el visto bueno a la norma, que se vio endurecida durante su examen en el Senado y el ala izquierda del Gobierno considera muy dura.

La muestra es que toda la derecha y la extrema derecha la votó, incluido el partido de Marine Le Pen, eterna rival de Macron. Esto ha provocado una fractura dentro del macronismo. En teoría, con este cambio en la jefatura de Gobierno Macron buscaría relanzar su mandato. «Es necesario», señaló el domingo François Bayrou, presidente del Modem, partido centrista que forma parte de los aliados de Macron.

Es la segunda mujer que ocupa el cargo de primera ministra. Antes que ella fue Edith Cresson, que estuvo en el Gobierno con François Miterrand, entre mayo de 1991 y abril de 1992, apenas un año. Representante del ala izquierda, mujer de talante moderado, su imagen, sin embargo, «queda ligada a la de madame 49.3», señalaba en Le Monde Frédéric Dabi, director del instituto Ifop, refiriéndose al artículo de la constitución que permite aprobar una ley sin voto.

En los 20 meses que lleva al frente, lo ha hecho una veintena de veces. Ha conseguido sacar adelante la ley de las pensiones y la de inmigración, dos de las reformas clave de Macron en este segundo periodo presidencial. El presidente afronta meses complicados, a unos 200 días de la celebración de los Juegos Olímpicos que pondrán a prueba la seguridad del país y la proximidad de las europeas de junio, donde la extrema derecha de Le Pen se ve como vencedora.