• Monarquía La reina de Dinamarca abdica para que la corona no se resquebraje

Cuando Margarita II accedió al trono de Dinamarca, en 1972, fue recibida con escepticismo por el entonces primer ministro, el histórico socialdemócrata Otto Jens Krag. «Colaborar con una nueva reina puede resultar más complicado», escribió Krag en su diario. «Además, tiene conocimientos de política, lo cual no es necesariamente una ventaja».

Tras anunciar su abdicación en Nochevieja, la mejor prueba del extraordinario éxito del reinado de Margarita ha sido el tributo que le ha rendido en su mensaje de Año Nuevo la actual primera ministra, la también socialdemócrata Mette Frederiksen: «Yo misma no nací monárquica. Me convertí en monárquica gracias a la reina. Hemos sido bendecidos en nuestra vida con una jefa de Estado sabia y bien informada. A nuestra reina, gracias de todo corazón».

Margarita, de 83 años, cede así a su hijo Federico, de 55, una corona que registra máximos de popularidad. De acuerdo con las encuestas más recientes, alrededor del 75% de la población apoya la monarquía constitucional como forma de gobierno, mientras que más del 80% tiene una opinión positiva del futuro rey. A pesar incluso de escándalos tan sonados como el de su misteriosa escapada madrileña con la socialité mexicana Genoveva Casanova.

Frederiksen también elogió al heredero: «La reina lo ha dicho a su manera: ‘Tengo plena confianza en mi hijo’. Debo añadir que el resto de nosotros también la tenemos. Porque conocemos a nuestro futuro rey. Los mayores lo han visto crecer. Los de la misma edad han crecido con él: estudiando, haciendo el servicio militar, yendo a conciertos, practicando deporte y formando una misma familia al mismo tiempo. Es un hombre especialmente cercano».

A partir del 14 de enero, el príncipe sucederá a su madre y se convertirá en Federico X.

Margarita II, la monarca más longeva de Europa a sus 83 años, siempre dijo que abdicar no entraba en sus planes porque ser reina era un «deber de por vida», pero la delicada operación de espalda a que debió someterse en febrero de 2023 ha acabado anticipando su jubilación: «El tiempo desgasta. Una ya no puede acometer las mismas tareas que en el pasado. La operación me hizo pensar sobre el futuro, sobre si no era el momento de traspasar la responsabilidad a la próxima generación. He decidido que ahora es el momento adecuado».

El discurso de la primera ministra Frederiksen, retransmitido en directo apenas una hora y media antes del comienzo de la tradicional cena de gala de Año Nuevo en el palacio real de Amalienborg, reflejó la dimensión que ha alcanzado la figura de Margarita tras 52 años de reinado. «Que la monarquía siga existiendo como institución es, sobre todo, merito de la persona Margarita», aseguró, para continuar dirigiéndose directamente a la reina: «Lo que usted ha conseguido es un logro extraordinario. Su importancia no puede sobrestimarse. Usted ha sido nuestra ancla cuando ha hecho viento. Nuestra conciencia en las cuestiones importantes de la vida. Nuestra compañera en las décadas en que se levantó la Dinamarca del futuro. Usted ha sido nuestro punto de apoyo en lo cercano y en lo difícil».

Actualmente, el republicanismo es aquí una causa absolutamente paralizada. Ya lo dijo a su llegada a la cena de gala Pernille Rosenkrantz-Theil, ministra de Asuntos Sociales y Vivienda, hoy socialdemócrata pero con un pasado en la extrema izquierda más militante: «Soy republicana no practicante». En un guiño adicional a la reina, Rosenkrantz-Theil lucía sobre su vestido un broche en forma de margarita.

El domingo, tras el anuncio de la reina, las portavoces de los dos únicos partidos del Parlamento danés que, al menos desde una perspectiva teórica, se definen como republicanos también la elogiaron. «Sea uno monárquico o republicano hay que decir que ha desempeñado su trabajo del mejor modo posible», escribió Pelle Dragsted, portavoz político de Lista Unitaria. Pia Olsen Dyhr, líder del Partido Popular Socialista, fue aún más efusiva: «¡Gracias por sus sabias palabras que, una y otra vez, unen a la nación!».

De momento, Federico sigue montado en la ola de simpatía popular impulsada por su madre. Algunos medios, no obstante, advierten de que nuevos patinazos al estilo Genoveva podrían dilapidar el amplio crédito de que aún goza. El pasado día 30, el diario Jyllands-Posten, más bien monárquico, enumeraba errores recientes y no tan recientes. Además de su noche en el domicilio de la ex esposa de Cayetano Martínez de Irujo, mencionaba, por ejemplo, su asistencia a una conferencia sobre el clima celebrada en noviembre en la ciudad de Aalborg, situada 417 kilómetros al noreste de Copenhague. Viajó en avión para ser recogido en el aeropuerto por un Audi híbrido de la Casa Real que hizo el recorrido en ambas direcciones (834 kilómetros en total) sólo para llevar a Federico desde el aeropuerto hasta la sede del evento, un trayecto que se cubre en apenas 10 minutos.

Para los expertos en la Casa Real, que Federico pueda repetir el éxito de su madre dependerá, además, en su capacidad para emular la habilidad de Margarita a la hora de opinar sobre cuestiones trascendentes sin dar la impresión de que sobrepasa la neutralidad de su rol.

En este sentido, muchos medios han recuperado unas declaraciones de la reina en una entrevista de 1988: «Cuando se comenta que no puedo decir nada, se olvida que sí puedo pensar algo. Puedo pensar lo que quiera, como todo el mundo. Lo que no debo hacer es decir todo lo que pienso. Algo que, quizá, vendría bien que hiciese más gente de vez en cuando».