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Desde septiembre, el Partido Republicano de Estados Unidos lleva diciendo que no aprobará más ayuda a Ucrania si la Casa Blanca no accede a aceptar una ley que frene drásticamente la llegada de inmigrantes indocumentados al país. La relación entre ambos conceptos -una invasión de un país aliado por una potencia hostil, y la inmigración ilegal- no se basa en la lógica, sino en la estrategia política. De lo que se trata es de obligar a Joe Biden a adoptar medidas duras contra la inmigración, lo que le alejará del ala izquierda demócrata, como requisito previo para ayudar a Ucrania. Entretanto, la ayuda a Ucrania se ha ido acabando. Desde el 11 de enero, EEUU no tiene, con la excepción de las bombas planeadoras GLSDB, más capacidad para apoyar militarmente a Kiev.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, tres senadores – un demócrata, un republicano, y una independiente que vota con los demócratas – han alcanzado un acuerdo para una reforma inmigratoria que es políticamente aceptable para el Partido Republicano. El plan, además, debería ser votado conjuntamente con la propuesta de ayuda militar a Ucrania por 57.000 millones de euros, a Israel por 13.300 millones, y a Taiwan y otros países vecinos de China por 3.700 millones.

Ante la posibilidad de que el plan anti inmigración saliera adelante, los republicanos han cambiado de opinión, y han decidido votar en contra. No es convencimiento, sino obligación. Prácticamente toda la campaña de Donald Trump para las elecciones se basa en la inmigración y, por tanto, necesita que la situación en la frontera con México sea lo más difícil posible para Biden. Trump, que se pasó cuatro años pidiendo una ley anti inmigración, dice ahora que eso no es necesario y que el presidente tiene por sí solo suficientes mecanismos para poner la situación bajo control.

Así es como el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, ha decidido que el proyecto ni siquiera se vote, no sea que algún republicano se pase a las filas de los demócratas y le dé una victoria a Biden. Es algo que sucedió el martes cuando, en un ridículo espantoso, los republicanos no pudieron aprobar ni su propuesta de llevar a cabo un impeachment contra el consejero de Seguridad Interior -y máximo responsable del sistema de inmigración- Alejandro Mayorkas ni la de aprobar solo los 13.300 millones de ayuda a Israel para que ese país continúe sin problemas la guerra en Gaza. La razón fue que varios republicanos rompieron con su propio partido para votar en contra de ambas iniciativas.

Con el proyecto totalmente muerto en la Cámara, el Senado no tenía ningún incentivo para votarlo. Súmese a ello que los senadores republicanos están en plena fase de acercamiento a Donald Trump en previsión de que este sea el candidato del partido a la Casa Blanca, y se explica que la propuesta que ellos mismos habían acordado fuera derrotada en el Senado.

Paradójicamente, eso abre la posibilidad de que la ayuda a Ucrania, Israel y Taiwan sea votada. Al no haber posibilidad de acuerdo inmigratorio, los demócratas, que tienen mayoría en el Senado, van a someter la propuesta a votación esta noche. Aunque parece poco probable que esta logre los apoyos necesarios, al menos la idea entra en el proceso de votaciones, con lo que se pone en marcha. A ello se suma el hecho de que para los republicanos es políticamente muy difícil decir «no» a una ley que no solo apoya a Ucrania sino, también, a Israel. No está claro que sea la luz al final del túnel para la ayuda a Kiev. Pero es una situación que parecía inalcanzable hace apenas una semana.