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Qué. En la prisión belga de Lantin, en Lieja, ha estallado un escándalo sexual al saberse que un grupo de entre 10 y 12 guardas, un tercio de ellos mujeres, formaron un grupo de orgías, involucrando en ocasiones a reclusos y reclusas. Cómo. La cárcel es una de las más famosas del país y su historial está plagado de fugas, guardas corruptos, tráfico de drogas e incluso un vigilante que dejó embarazada a una presa sin apenas consecuencias

El sitio más divertido de Bélgica no es una de las muchas salas abiertas hasta el amanecer en el corazón de Bruselas. Ni es un teatro de Amberes, ni el campus universitario de Lovaina ni un museo de cómics. Ni siquiera el edificio del Comité de las Regiones. Sin la menor duda, y a distancia, el lugar más movido, animado, desatado y sorprendente de todo el país está en Lantin, junto a Lieja, y es una cárcel.

Insisto, sin la menor duda. En septiembre, un preso se dio a la fuga y fue localizado disfrutando de los coletazos del verano en la playa, en Basse-Meuse. En mayo, M, una de las guardias, fue sorprendida intentando meter un pequeño alijo de marihuana. Y, apenas unas semanas antes, Junior, un pobre hombre de 29 que acababa de salir de un internamiento y todavía arrastraba un brazalete electrónico, fue detenido por masturbarse contra uno de los muros de la prisión. Un desequilibrado, un enfermo, un pervertido, dirán. En absoluto, era sólo un nostálgico.

Cuenta Sudinfo que en el lugar más imprevisible de Bélgica ha estallado un escándalo sexual de orgías y despelotes que afecta a una docena de funcionarios, no se sabe a cuántos internos, a un jacuzzi y a una sorprendente «ninfómana» que pasó en unas pocas semanas de visitante asidua (su hermano está condenado allí por matar a un homosexual) a vigilante .

Si uno busca noticias sobre Bélgica y prisiones, lo que sale es un festival. Sus instalaciones están siempre en los peores puestos de los ránkings europeos, lo que no impide que los jueces del país den lecciones constantemente al resto o denieguen entregas. Un lector descubrirá experimentos por los que jueces, fiscales o periodistas pueden pasar unos días en una celda para sentir cómo es la vida de un condenado. Descubrirán fugas legendarias en helicópteros y presos que mandan postales desde Tailandia a los alcaides. Descubrirán todo tipo de drones dejando drogas o armas. Y llegarán, inevitablemente, a Lantin, donde por ejemplo en 2023 Pascal, uno de sus agentes, fue multado con un 5% menos de sueldo después de que una prueba de ADN demostrara que dejó embarazada a una reclusa.

Al parecer, durante ese tiempo existía también una especie de red que involucra a cerca de una docena de funcionarios, extraordinariamente ardientes, que disfrutaban de orgías regulares y muy organizadas, con pulseras de colores para ver a quién le tocaba con quién. Normalmente en la casa de uno de ellos y su jacuzzi, pero también en el trabajo cuando tienen un apretón. Y, claro, no sólo entre ellos, sino con reclusos y reclusas. La estrella es desde luego una mujer, identificada como S, a la que sus compañeros califican de «ninfómana», que «no podía trabajar si no tenía sexo a primera hora», durante su turno.

Lo increíble no era su deseo, o el machismo implícito incluso en un círculo sexual en el país que ha hecho de las orgías un arte, sino que trabajaba en la prisión en la que cumple condena su hermano. Dicen que no podía ser un malentendido, porque era más que conocida por acudir regularmente y tener enfrentamientos con los que luego fueron sus compañeros. Desde que se ha conocido la polémica, él ha sido trasladado a las instalaciones de Huy y ella al pabellón de mujeres. Justo donde antes estaba destinado P, el propietario del jacuzzi, que ahora sólo puede estar con los hombres. Normal que haya sobrepoblación en las cárceles, es donde está la acción.