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Mientras sus tanques llegaron a las puertas de la ciudad de Gaza en una ofensiva terrestre gradual para acabar con el grupo integrista Hamas en la Franja de Gaza, Israel anunció este lunes el rescate de la soldado Ori Meguidish, de 19 anos, secuestrada en el ataque palestino del pasado 7 de octubre. El Sábado Negro israelí que ha convertido octubre en un mes infernal para los gazatíes.

Tras varios días de preparación, la operación especial del ejército y el servicio secreto interno (Shabak) se llevó a cabo el domingo por la noche y terminó en un intercambio de disparos con milicianos vinculados a Hamas. La soldado, que servía en la base fronteriza de Nahal Oz, llevaba más de tres semanas a solas con los terroristas en la Franja de Gaza. «Ori habló de forma asombrosa con una gran memoria. No revelaremos aquí nada, ya que es una información que debemos usar», reveló el ejército. El rescate, sin precedentes en el enclave palestino, levanta los ánimos en un Israel traumatizado tras el peor atentado en su historia (1.400 muertos), da esperanzas a las familias de los 238 secuestrados restantes y provoca dudas en las filas de Hamas, que estaba en euforia tras su ataque definido por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como «el peor salvajismo que nuestro pueblo ha visto desde el Holocausto».

«Este es un punto de inflexión para los líderes y las naciones. Es hora de que todos decidamos si estamos dispuestos a luchar por un futuro de esperanza y promesa o a rendirnos a la tiranía y el terror», declaró Netanyahu a la prensa extranjera en una intervención en la que, tras mencionar las decapitaciones, matanzas y violaciones del 7-O y el «uso terrorista de hospitales y mezquitas», aseguró que no aceptaría una tregua porque sería «rendirse a la barbarie y el terror». «Desde el 7 de octubre, Israel está en guerra. Israel no inició esta guerra ni la quería, pero la ganará», concluyó.

La ofensiva terrestre va acompañada de drones, helicópteros y cazas que alcanzan cualquier comando de Hamas que intente sorprender a los soldados en el norte de la Franja. Según testimonios palestinos, las tropas israelíes alcanzaron en ocasiones la estratégica carretera de Salahadin, situada a tres kilómetros de la frontera y que recorre el encave palestino de norte a sur.

La operación por tierra, iniciada el viernes por la tarde sin declaración oficial y bajo el ambiguo concepto de «ampliación de las incursiones», bombardeos sin precedentes y un apagón de comunicaciones en Gaza, es más cautelosa de lo esperado e incluye combates con el brazo armado de Hamas.

«A los terroristas os digo que sólo tenéis dos opciones: morir en combate con los soldados o rendirse«, avisó el ministro de Defensa, Yoav Gallant, mientras el portavoz militar, Daniel Hagari, declinó dar detalles sobre la localización de sus fuerzas, revelando únicamente que son cada vez más numerosas y que «docenas de terroristas han muerto en la última jornada».

A medida que avanzan los tanques, carros blindados y bulldozers israelíes por un camino «preparado» desde arriba a base de bombas en zonas como Beit Janun o Beit Lahia, la división de la situación militar y humanitaria en la Franja se hace más clara. Por un lado, el norte, semidestruido, con centenares de miles habitantes evacuados y que incluye el llamado «Metro de Gaza» (la red de túneles del brazo armado de Hamas). Por otro, el sur, golpeado pero con mejores condiciones desde el punto de vista sanitario y humanitario. Al menos 132 camiones cargados de agua, medicinas y alimentos han llegado aquí desde el paso fronterizo egipcio de Rafah. Según las autoridades de Hamas en Gaza, la ofensiva israelí ha causado más de 8.300 muertos.

La superioridad militar israelí es notable en zonas abiertas, donde hay más facilidad para detectar a tiempo la salida de milicianos desde túneles o emboscadas urbanas. El brazo armado de Hamas espera enfrentarse a las fuerzas en situaciones más cómodas y seguras para los suyos. A mayores golpes recibidos, Hamas respondió con proyectiles de más alcance y simbolismo como los disparados este lunes e interceptados en Jerusalén y Tel Aviv. Su otro arsenal son los secuestrados. Este lunes difundió el video en el que aparecen tres mujeres israelíes secuestradas en dos kibutzim criticando a Netanyahu por no aceptar la tregua que hubiera supuesto su liberación y el error del 7-O.

La guerra de Gaza desvió pero no apagó el fuego que amenazaba con encender una nueva Intifada en Cisjordania. Tras señalar que 121 palestinos murieron por disparos israelíes -en su mayoría soldados aunque en algunos casos colonos- en este periodo, la Autoridad Nacional Palestina denuncia «la escalada sangrienta» de Israel. Mientras muchas de sus fuerzas se desplegaban en las fronteras de Gaza y Líbano, Israel extendió su campaña contra Hamas a Cisjordania con la detención de más de 700 militantes y un aumento de las redadas que a menudo terminan en enfrentamientos armados. Anoche, al menos cuatro milicianos murieron en un ataque aéreo en la redada en Yenín, al norte del territorio ocupado por Israel en la guerra del 67.

Ayer, un palestino de Jerusalén Este apuñaló e hirió de gravedad a un policía y fue abatido a tiros tras intentar huir. Un ejemplo de lo pequeño que sigue siendo Israel, especialmente en torno a 7-O: uno de los policías que acudió al atentado en Jerusalén era el veterano Meir Gabai, que este lunes volvía a la calle tras el asesinato de su hija en el ataque de Hamas en el sur de Israel.