El canciller chavista, Yván Gil, ha denunciado hoy el «secuestro vengativo de nuestro equipo (en referencia a la selección de fútbol venezolana, la Vinotinto), que ha realizado un extraordinario juego en el día de ayer». El ministro de Nicolás Maduro acusó al gobierno de Perú de impedir el repostaje de combustible en el avión que llevaba de regreso a Venezuela a su combinado nacional, tras empatar a uno con los blanquirrojos en un duelo muy polémico disputado el martes en el Estadio Nacional de Lima.

«El gobierno de Perú comete una nueva arbitrariedad contra los venezolanos», adujo el canciller, tras un partido marcado por el «control de identidad a personas extranjeras», tal y como anunció el gobierno de Dina Boluarte, para amedrentar a los emigrantes venezolanos. La Vinotinto contó con el respaldo de su afición en esta jornada clasificatoria para el Mundial 2026 gracias al millón de emigrantes llegados a Lima en su huida de la revolución bolivariana.

La polémica prosiguió una vez acabado el partido, cuando los jugadores venezolanos intentaron saludar a sus seguidores y regalarles sus camisetas. Salomón Rondón, una de sus estrellas, sí lo consiguió, pero un grupo de policías peruanos impidió a sus compañeros acercarse a la tribuna. Uno de ellos blandió una porra y golpeó a los jugadores más encorajinados. Varios compañeros calmaron a los más enardecidos y la situación acabó con un aplauso compartido entre los jugadores y el público venezolano, que mantuvo una actitud ejemplar.

«La Policía me frena, no sé qué pasó, sacaron los palos para pegarnos, me pegaron dos palazos. Me rompieron un poco pero nada grave. Son cosas que no deberían suceder. La Policía también empezó a pegar a la gente», denunció más tarde el defensa Nahuel Ferraresi.

Cientos y cientos de motorizados venezolanos, la mayoría trabajadores de entrega de comida a domicilio, recorrieron las calles de Lima para escoltar al autobús de su selección hasta el hotel. Una serpiente de luces para el equipo visitante nunca vista antes en las eliminatorias mundialistas.

«Resulta a lo menos bochornoso que un evento futbolístico de tanta envergadura haya sido tomado como campo de batalla para exponer las más bajas pasiones de xenofobia antivenezolana por parte de una autoridad policial del Perú», denunció en un comunicado el Ministerio del Poder Popular para la Juventud y el Deporte.

Tras convertirse en tierra de acogida durante las administraciones de los moderados Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra y Francisco Sagasti, la política migratoria de Perú comenzó a cambiar con el radical Pedro Castillo y ha dado un viraje definitivo con el actual gobierno de Dina Boluarte. En la actualidad viven en Perú al menos millón y medio de venezolanos.

El gobierno ha puesto en marcha un «mecanismo expedito para la expulsión de migrantes que hayan ingresado de forma irregular o que atenten contra el orden o la seguridad», explicó a EL MUNDO Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch (HRW).

«Este mecanismo plantea serias dudas sobre el respeto al debido proceso y la protección de esas personas, incluyendo posibles solicitantes de asilo. No se puede pretender que en 48 horas la autoridad administrativa podrá analizar de forma debida la situación individual de la persona en cuestión. Además, al dar un plazo de 3 días para interponer un recurso contra la decisión, pero que no suspende que la sanción se lleve a cabo, las personas puedan ser expulsadas del territorio nacional y tendrían que seguir el proceso desde fuera», advirtió la experta a este periódico.