México y Ecuador viven horas de tensión diplomática después de que Jorge Glas, exvicepresidente de Rafael Correa, se refugiara en la embajada mexicana en Quito para huir de la Policía. Minutos antes, la Fiscalía General de la nación había ordenado a los agentes que localizaran, detuvieran y trasladaran al polémico dirigente de la Revolución Ciudadana, acusado de varios delitos de corrupción y acoso sexual contra su asistente en medio de la Operación Metástasis desplegada por los fiscales.

«Ante información de la presencia del señor Jorge Glas en la sede de la Embajada de México, Cancillería realiza las acciones necesarias con ese gobierno para que el requerimiento de la Fiscalía, respecto al ciudadano ecuatoriano en referencia, pueda cumplirse. Ecuador exhorta a las autoridades mexicanas a que inviten al señor Glas a cooperar con las autoridades policiales, y se encuentra expectante de la cooperación que México brinde para tal efecto», publicó la Cancillería ecuatoriana en sus redes sociales.

El nuevo gobierno de Daniel Noboa, al frente del país desde hace un mes, pertenece al grupo de países moderados de la región, frente a México, cuyo presidente, el populista Andrés Manuel López Obrador, es uno de los líderes de la llamada Patria Grande, que agrupa a izquierdistas y revolucionarios.

Glas ya permaneció durante cinco años en prisión por varios casos de corrupción, entre ellos el mismo Caso Sobornos, por el que su jefe político, Correa, fue condenado a siete años de prisión. El asesor de Nicolás Maduro y una de las estrellas de Russia Today, tele de Vladimir Putin, está refugiado en Bélgica y es prófugo de la justicia ecuatoriana.

Todo apunta a que Glas quiere seguir el mismo camino en México ante su situación actual en Ecuador, que hace aguas por todos lados. Horas antes de la orden de detención se conoció la sentencia de la Corte Constitucional, que anuló el habeas corpus por el que Glas fue excarcelado.

Precisamente este es el presunto vínculo de Glas con la Operación Metástasis, ya que en las pruebas presentadas por la fiscal Diana Salazar la red del narcotraficante Leandro Noreno, El Patrón, contribuyó con dinero a esa sentencia favorable. A la cabeza Wilman Terán, presidente del Consejo de la Judicatura y antiguo magistrado de la Corte Nacional de Justicia, además del exgeneral de la Policía Pablo Ramírez, quien estuvo al frente de Antinarcóticos y de las cárceles. Una treintena de jueces, fiscales, políticos, militares y policías formaban parte de esta red de corrupción que trabajaba para la impunidad de su jefe.

Glas ya estaba muy cuestionado por las acusaciones de acoso sexual de quien fuera su asistente personal durante su estancia en prisión. Soledad Padilla enumeró malos tratos, amenazas, alusiones inapropiadas a su vida personal, apariencia física y relaciones de pareja, además de acciones de control y sometimiento de Glas, siempre bajo la amenaza de despido.