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El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, se entrevistó hoy con la cúpula política de Irak a pocas horas de que Bagdad recibiera una misiva de Washington en la que aceptaba iniciar un diálogo de cara a la posible retirada de las fuerzas extranjeras desplegadas en la nación árabe, según informó el departamento de Exteriores iraquí.

La salida del país de los miles de asesores extranjeros encuadrados en un proyecto de asesoramiento de la OTAN y otra coalición liderada por EEUU que sigue peleando contra los remanentes del Estado Islámico (IS) es una exigencia compartida por el Gobierno de Mohamed Al Soudani, y las fuerzas paramilitares aliadas del vecino Irán.

España tiene unos 200 militares desplegados en el país árabe que forman parte de la citada misión de la OTAN que se estableció en el 2018 y se encarga de asesoras a los ministerios de Defensa e Interior de Irak sobre la reforma del ejército y las fuerzas de seguridad locales. Las tropas incluyen una agrupación de 136 hombres dedicada a la protección del general José Antonio Agüero, quien dirige actualmente todo el contingente internacional.

Al mismo tiempo, otro centenar se encuentran integrados en la alianza militar contra el ISIS que comanda Estados Unidos.

El grueso de los uniformados españoles se encuentra instalado en una base de Bagdad pero también hay efectivos en otras tres de Anbar (en el oeste), Erbil (en el Kurdistán) y en la región de Mósul, al norte del territorio iraquí.

«Estamos aquí por petición de Irak y nos iremos cuando el Gobierno de Irak lo considere conveniente», manifestó el jefe de la diplomacia española tras entrevistarse con su homólogo iraquí, Fuad Hussein.

El propio jefe del Ejecutivo iraquí, Al Sudani, afirmó durante el reciente encuentro de Davos que «hay que comenzar una discusión para llegar a un calendario que ponga fin a los asesores internacionales«.

«El fin de la misión de la coalición es necesario para la seguridad y estabilidad de Irak», agregó en un instante en el que enfrenta una creciente presión por parte de los allegados de Teherán para que ponga fin especialmente a la presencia de los más de 2.500 soldados de Irak, algo que ratificaría la enorme influencia que ha adquirido aquí el régimen iraní tras la catastrófica invasión que lanzó Washington en 2003.

Expulsión de militares de EEUU

El Parlamento iraquí ya exigió en el 2020 la «expulsión» de los militares estadounidenses sin que esa directriz fuese aceptada por el jefe del ejecutivo.

Tras encontrarse con el titular de Exteriores y el mismo Sudani, fuentes de la delegación española explicaron a este diario que los líderes iraquíes le han confirmado que consideran «que el país ya está preparado para asumir» en solitario la lucha contra los extremistas y que desean discutir una retirada «progresiva» de los uniformados foráneos.

La presencia de los militares de EEUU y el apoyo decidido de ese país a la polémica ofensiva israelí en Gaza -donde numerosas organizaciones de derechos humanos acusan a Tel Aviv de estar cometiendo toda suerte de desmanes- ha disparado la tensión política en Irak, como admitieron los interlocutores del ministro Albares.

La coalición de fuerzas extranjeras en Irak y Siria ha sufrido más de 150 ataques desde mediados de octubre, muchos de ellos asumidos por la autodenominada Resistencia Islámica de Irak, una nebulosa de facciones apoyadas por Irán.

Esta dinámica ha registrado una escalada desde principios de año, tras el bombardeo norteamericano del 4 de enero que acabó con la vida de cuatro miembros de la facción Harakat Hezbollah al Nujaba y la réplica con misiles balísticos de los paramilitares contra el acuartelamiento de Al Asad, en la provincia de Anbar.

Casi a la misma hora en la que Albares se reunía con los dirigentes locales, cientos de iraquíes asistían al funeral de la última baja de esta pugna soterrada, un joven miliciano cuyo féretro desfiló por algunas calles de la capital escoltado por banderas y proclamas en contra de Washington.

El último suceso provocó otro encontronazo verbal entre Bagdad y Washington, ya que el Asesor Nacional de Seguridad, Qasim Al-Araji, exigió que el Gobierno de Joe Biden presione a Israel para que ponga fin a la sangrienta acometida de Gaza «en vez de bombardear las oficinas de una institución nacional iraquí. Es una flagrante violación de la soberanía iraquí y no ayuda a calmar la situación», escribió en las redes sociales.

«Estamos extremadamente preocupados por los constantes ataques a las bases militares» que acogen a soldados foráneos, señaló Albares, quien añadió que la situación «tiene que parar».

La posición oficial de España respecto al conflicto de Gaza -donde ha sido uno de los pocos países occidentales capaces de criticar la brutal ofensiva israelí- le ha ganado un cierto rédito público entre la mayoría de la población árabe. Albares volvió a calificar lo que está ocurriendo en la Franja palestina como «inaguantable».