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Los cascos azules de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Sur del Líbano (Finul) se han convertido en un muro de contención de la escalada de tensión en la frontera entre el sur del Líbano y el norte de Israel. En esta zona las escaramuzas entre las milicias de Hizbulá y el ejército de Israel son constantes desde que el 7 de octubre el grupo armado palestino Hamas lanzara un ataque terrorista contra Israel que hizo saltar la chispa de una nueva guerra en Gaza.

En medio de este fuego cruzado se encuentra la misión de la ONU establecida en 1978 y revitalizada en 2006 para vigilar la llamada línea azul, la frontera terrestre no oficialmente acordada entre Israel y el Líbano. España participa desde 2006 en el despliegue y, con el teniente general Aroldo Lázaro, ostenta actualmente el mando del contingente internacional. Hay desplegados más de 10.500 cascos azules de 40 países y el contingente español es uno de los más importantes, con 612 militares. Integrados en la operación Libre Hidalgo, los soldados españoles se han establecido en el sector este de la misión, un mini-líbano en el que conviven una mayoría chií con comunidades cristianas y drusas.

«El conflicto y la tensión en Oriente Próximo sigue agravándose a pesar de todos nuestros esfuerzos y por eso reiteramos que nuestra presencia aquí es muy importante», recalcó ayer el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, «para sostener la paz en estos tiempos tan convulsos». Pronunció estas palabras tras reunirse con el teniente general Lázaro en Beirut. La situación de inseguridad en el sur del Líbano ha impedido que, en su viaje de dos días al Líbano, Albares pueda acercarse a Base Cervantes, en Marjayun, donde las fuerzas españolas tienen su centro de operaciones como parte de la Finul.

En una austera ceremonia que se celebró en la embajada española de la capital libanesa el ministro impuso la corbata de la Orden de Isabel la Católica a la Brigada Líbano (BRILIB XL), con la presencia de su máximo responsable, el general Pablo Gómez Lera, y una representación de sus tropas, acompañados por el teniente general Lázaro. En el acto, Albares trasladó «el orgullo del pueblo español y del Gobierno de España» por la contribución de los militares españoles «a evitar una escalada de mayor tensión», a través de las patrullas de vigilancia que realizan a lo largo de la línea de separación en estos meses de delicado equilibrio, donde un error de cálculo dentro de las escaramuzas puede desatar un conflicto abierto.

El pasado noviembre partieron de Badajoz hacia el sur del Líbano los últimos militares españoles de la Brigada Extremadura que se integraron en la BRILIB. Relevaban para los próximos seis meses a la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas. La unidad lidera la Brigada Multinacional Este, que se compone de un total de 3.500 efectivos de otras ocho nacionalidades diferentes. Los contingentes más numerosos bajo el mando español son el indio, el nepalí y el indonesio.

Fuerza disuasoria

Desde mediados de octubre, las tropas de la ONU han servido como fuerza disuasoria y elemento clave para reducir la tensión entre Hizbulá e Israel. Ambos mantienen una estrategia de hostilidad contenida en el contexto de la guerra de Gaza pero los enfrentamientos han provocado el desplazamiento de unas 200.000 personas en ambos lados de la frontera.

La Finul, en virtud de la resolución 1701 establecida por Naciones Unidas en agosto de 2006 -después de la guerra entre la milicia libanesa y el Tsahal-, añadió a sus cometidos vigilar un alto el fuego entre ambas fuerzas y ayudar al entonces débil ejército libanés a restablecer su autoridad en la zona. Pese a que todavía hoy el sur del Líbano sigue bajo influencia del grupo armado chií, hasta ahora se había logrado mantener cierto equilibrio. Pero desde el 7 de octubre, la misión internacional se enfrenta a uno de los mayores desafíos de su mandato. El 15 de octubre un cohete alcanzó la base central de Finul en Naqura. El 25 de noviembre, disparos del Ejército israelí alcanzaron una de sus patrullas y, casi un mes después, un casco azul nepalí resultó herido en un ataque mientras realizaba una ronda de vigilancia con sus compañeros en la localidad de Taybe.

«Hoy en la actual situación que atraviesa la región y el Líbano es cuando cobran especial importancia el espíritu de solidaridad de España y la firme determinación de sus fuerzas armadas de contribuir con nuestro esfuerzo a materializarlo. La andadura de esos 17 pasados años al servicio de España y de las Naciones Unidas en cumplimiento de la resolución 1701 no habría sido posible sin el esfuerzo, la profesionalidad, la dedicación, el sacrificio y sobre todo la humanidad de todos los hombres y mujeres que han formado parte de los sucesivos contingentes», manifestó el general de brigada Gómez Lera en el acto de homenaje de ayer.

Prueba del «firme compromiso» de España -en palabras del oficial- con «la paz, la seguridad mundial y la legalidad internacional» que están en juego en esta parte del mundo, son las vidas que entregaron 15 soldados españoles en la misión de paz del Líbano. Vidas que, según destacó el jefe de la BRILIB, «están ya permanentemente ligadas a la historia del sur del Líbano y a la causa de la paz». Una causa que tiene hoy todos los ojos puestos en la Finul.