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Jennifer Crumbley pagará con hasta 15 años de prisión por los crímenes de su hijo adolescente. Tras 11 horas de deliberación, un jurado de Pontiac, Michigan, declaró culpable a la madre de Ethan Crumbley, que con 15 años entró en el instituto de Oxford High el 30 de noviembre de 2021 y asesinó a sangre fría a cuatro estudiantes de entre 14 y 17 años, en una decisión judicial que sienta un importante histórico en Estados Unidos.

Crumbley, de 45 años, fue declarada culpable de cuatro cargos de homicidio involuntario, uno por cada uno de los jóvenes que mató su hijo, ahora de 17 años. Ethan Crumbley, que fue condenado el año pasado a cadena perpetua, no testificó en el juicio a su madre, un proceso que giró en torno al nivel de responsabilidad de los padres en la matanza. Fueron ellos los que le regalaron el arma a Ethan que usó para cometer la masacre.

De acuerdo al jurado, Crumbley no alertó al colegio sobre las armas que guardaban en casa y a las que su hijo adolescente tenía acceso. Tampoco detectó el momento de depresión por el que pasaba para haber impedido que cometiera la barbarie. En palabras de uno de los fiscales, Marc Keast, la acusada «no hizo ninguna de las cosas trágicamente pequeñas y fáciles que hubieran evitado que todo esto sucediera». El padre, James Crumbley, de 47 años, será juzgado en marzo por el mismo delito.

El veredicto tiene carácter histórico puesto que es la primera vez que un padre es declarado culpable por una matanza cometida por su hijo en un colegio en EEUU, en un país donde esa clase de incidentes se ha vuelto trágicamente común. En 2023 se registraron 83 tiroteos en escuelas y en 2022 perdieron la vida 46 personas en centros educativos. Fue el año de la matanza de Uvalde, en Texas, cuando un adolescente acabó con la vida de 19 niños y dos profesoras.

Crumbley se defendió de las acusaciones durante un testimonio de casi tres horas y su abogada, Shannon Smith, la describió como una madre «hipervigilante» de su hijo. Eso pese a que en el colegio le habían advertido de un dibujo que realizó el joven para una tarea de matemáticas en el que aparecía una pistola, un hombre herido y frases preocupantes sobre su estado de salud mental. «Los pensamientos no cesan. Ayuda. El mundo está muerto. Mi vida no tiene sentido», escribió.

En la reunión posterior de los padres en el colegio, ubicado en un suburbio a unos 70 kilómetros al norte de Detroit, pudieron haber informado sobre la pistola que le había regalado a su hijo y que ya manejaba con soltura. Pero no dijeron nada. Dos horas después de esa reunión, el muchacho la emprendió a balazos con sus compañeros, dejando siete heridos además de las cuatro víctimas mortales.

La abogada de Crumbley dijo que se trata de un caso «muy peligroso para padres ahí fuera» por la suerte que puedan correr muchos de ellos en situaciones similares. La responsabilidad ya no solo es de los jóvenes trastornados.