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Ni la energía, ni los productos de lujo, ni el propio Vladimir Putin. Las sanciones a los ‘diamantes de sangre’ rusos han sido durante estos casi dos años de guerra en Ucrania el elemento que más se ha resistido a los europeos. Siguiendo la estela de Estados Unidos y el Reino Unido, este miércoles, la Unión Europea ha ampliado su ristra punitiva a Alrosa, el gigante ruso de diamantes.

«En línea con la prohibición de los diamantes que introdujimos con el duodécimo paquete de sanciones, la UE incluye hoy a Alrosa, la mayor empresa minera de diamantes del mundo y a su director ejecutivo. Esto es parte de nuestros esfuerzos coordinados a nivel del G7 para privar a Rusia de esta importante fuente de ingresos», ha anunciado Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, a través de X. Los países del G7 ya aprobaron a comienzos de diciembre las sanciones a los diamantes rusos y el Consejo Europeo hizo lo propio días después en último paquete. Pero no ha sido hasta hoy cuando Alrosa ha formado parte de las restricciones comunitarias.

El Consejo ha incluido a la compañía PJSC Alrosa y a su CEO, Pavel Alekseevich Marinychev, en su lista de medidas restrictivas por sus acciones «para socavar y amenazar la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania». La compañía, de carácter estatal, produce más del 90% de los diamantes rusos y constituye uno de los huevos de oro de las arcas de Moscú.

Pocas cosas se han librado estos 20 meses de la apisonadora punitiva de Bruselas: altos cargos, medios de comunicación, bebidas como el Vodka, productos de tecnologías o el oro. No obstante, las últimas listas de sanciones cocinadas en la capital comunitaria estaban centradas en tapar los agujeros de sus predecesoras. Es decir, en evitar que el Kremlin utilizase lagunas y a países terceros para sortear las restricciones. Pero en diciembre, la UE dio un salto de altura sorteando el veto que durante mucho tiempo había impuesto Bélgica.

Rusia es el principal exportador del mundo de estas piedras preciosas en bruto. Aunque siempre han estado en el radar, para los europeos había sido muy complicado incluirlos. «No más diamantes en Amberes», llegó a tuitear Borrell al inicio durante los primeros compases de la invasión, en un mensaje que poco después fue eliminado de las redes sociales.

El gran obstáculo era Bélgica. Para la ciudad de Amberes este comercio es uno de sus pulmones económicos. Según el Centro Mundial del Diamante de Amberes, la urbe comercializa el 86% de los diamantes en bruto extraídos en todo el planeta. Acoge a más de 1.500 empresas diamanteras que movilizan cientos de millones diarios. Según una investigación publicada por La Libre en marzo del año pasado, en 2021 Bélgica importó de Rusia diamantes en bruto por valor de 1.800 millones de euros.

«Pueden hacer más para ayudarnos, para expulsar a los invasores y ayudarnos a ganar la paz. Creo que la paz merece más la pena que tener diamantes en las tiendas», llegó a decir el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a los diputados belgas en un discurso en el Parlamento del país.

Desde el inicio de la guerra que Putin ha intensificado durante los últimos días y semanas en Ucrania, la UE ha sancionado a cerca de 2.000 individuos y entidades con restricciones a los viajes a suelo comunitario y congelación de activos. Para los europeos es cada vez

más difícil sacar adelante nuevas sanciones. Los esfuerzos están centrados en que las que están en marcha se cumplan al 100%. No solo cada vez quedan menos sectores que incluir, también el Kremlin ha demostrado una fuerte resiliencia.

Desde la cumbre de mayo en Hiroshima, el G7 prepara un cortafuegos internacional para bloquear el comercio de diamantes rusos en el mundo. La obsesión, desde entonces, pasa por alinear al resto de países, especialmente a India, que cuenta con una industria muy fuerte de diamantes. El objetivo es establecer mecanismos de control y salvaguardas para evitar que las piedras acaben en otros mercados con etiquetas de procedencia diferentes que maquillen su origen real.

Momento complicado para Kiev

La prioridad en estos momentos en Bruselas pasa por sacar adelante el macropaquete de 50.000 millones de euros que inyecte aliente a la supervivencia y la estabilidad financiera de Kiev. Los 27 lídere de Estado y de Gobierno se dan cita el próximo 1 de febrero en una cumbre extraordinaria para intentar sortear el veto del primer ministro húngaro Víktor Orbán, implacable en su negativa de aportar fondos frescos a Ucrania.

Las filas de Zelenski atraviesan uno de los momentos más complicados de la contienda. Rusia ha lanzado sobre la capital el mayor ataque de drones desde el inicio de la guerra. «Para cualquiera que crea en los rumores de que Rusia está genuinamente interesada en las conversaciones de paz, el número récord de drones disparados en las últimas horas contra Ucrania muestra la verdadera intención de Moscú. Los ataques son tanto aún más cínicos cuando el aumento de su intensidad coincide con las vacaciones de año nuevo. El espíritu de Ucrania no puede quebrarse. La UE mantiene su postura con Ucrania», reaccionaba recientemente Charles Michel, presidente del Consejo Europeo.

Los ucranianos se enfrentan a un invierno duro, con el continuo hostigamiento sobre sus infraestructuras energéticas y el flaqueo del apoyo de la comunidad internacional. La cruenta guerra en Oriente Próximo ha desviado hacia tierra santa el foco mediático y político. Y la UE y Estados Unidos mantienen congelados más de 100.000 millones de euros de vital importancia no solo para el frente, sino para la viabilidad del país y el pago de funcionarios y ayudas sociales