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Y, sin embargo, avanza: más «responsabilidades pastorales» para las mujeres en la Iglesia, la invitación a «continuar investigando» sobre la posibilidad del diaconado femenino y el tema «que hay que retomar» sobre si la obligación del celibato para los sacerdotes es necesaria en la Iglesia Católica, además de «cuestiones relativas a la identidad de género y la orientación sexual » que plantean «nuevas preguntas» que deben ser respondidas «sin ceder a juicios simplificadores que dañan a las personas y al Cuerpo de la Iglesia».

Estas son sólo algunas de las cuestiones todavía «abiertas» aprobadas en la noche del sábado por el Sínodo de los Obispos de la Iglesia Católica, los puntos que han atraído el mayor número (unas decenas) de votos negativos, pero que han sido aprobados con una mayoría de más de dos tercios como todo el informe final.

Eran casi las 21:00 horas de la noche cuando el Papa Francisco habló en la Sala Nervi, al final de la primera sesión iniciada el 4 de octubre, para «dar las gracias de corazón a todos». Poco antes, había posado para una fotografía con las madres sinodales, las mujeres que tuvieron derecho a votar por primera vez desde que Pablo VI instituyó el Sínodo: eran 54 de 365.

Aún no se ha decidido nada, pero para aliviar las tensiones entre conservadores y progresistas, Francisco ha dividido la asamblea en dos partes, y la segunda se reunirá dentro de un año.

Mientras tanto, el texto aprobado muestra el rostro de «una Iglesia en salida, que crea espacios para todos, sin excluir a nadie, porque este es el enfoque de Jesús», afirma el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo.

Hace unos días, el mismo Francisco exclamó en el aula: «La Iglesia es femenina, es esposa, es madre. Y cuando los ministros se exceden en su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfiguran el rostro de la Iglesia con actitudes chovinistas y dictatoriales».

El Papa explicó que «la Iglesia no vive de rentas», recordando el memorable discurso con el que hace dos años inició el proceso sinodal con una consulta a los fieles de todo el mundo: «No debemos crear otra Iglesia, sino una Iglesia diferente».

Lo esencial es lo que dijo en la JMJ de Lisboa el 3 de agosto: «¡En la Iglesia hay lugar para todos! Nadie sobra, hay sitio para todos, tal y como somos. Todos, todos, todos.»

El documento aprobado por el Sínodo afirma que numerosas mujeres hablaron de «una Iglesia que duele» y lamentan que «el clericalismo, el machismo y el uso inapropiado de la autoridad continúan marcando el rostro de la Iglesia y dañando la comunión».

El texto propone «la búsqueda teológica y pastoral sobre el acceso de mujeres en el diaconado», una opción «inaceptable para algunos» que refleja las divisiones en la institución donde solo los hombres pueden ser diáconos o sacerdotes. La cuestión del papel de las mujeres fue presentado como prioritaria, pero suscitó una fuerte resistencia.

Las dos propuestas al respecto fueron las que recibieron más noes, alrededor del 20% de los votos.»Esto confirma que son cuestiones abiertas: el estudio está en marcha. Hay todavía camino a recorrer», dijo en una rueda de prensa el secretario general el Sínodo, el cardenal Mario Grech, estimando que la Iglesia «crea espacios para todos».

Durante casi un mes, los miembros del Sínodo, compuesto por obispos y laicos llegados de todos los continentes y asistidos por un centenar de expertos, debatieron por grupos y a puerta cerrada sobre temas como la poligamia, la ordenación de hombres casados y la lucha contra la violencia. Después de una amplia consulta de dos años entre los fieles, esta reunión sobre el futuro de la Iglesia se abrió el 4 de octubre entre esperanzas de apertura y temores de los conservadores ante un eventual desvío de la doctrina.