Como en el cuento de Augusto Monterroso, los ecuatorianos despertaron un día y el dinosaurio, transformado en el monstruo del narco, permanecía entre ellos. El desafío descarado en contra del Estado de los grupos terroristas, como los define el gobierno, ha provocado la respuesta más contundente de Daniel Noboa, quien ayer dejó muy claro que su mano dura, como le reclama la gente, también es hasta el final.

«Sean valientes, peleen contra los militares», fustigó el primer mandatario a las bandas que atemorizan el país, que además graban sus acciones, como la ejecución de dos policías acaecida en Guayas, para profundizar el terror en la sociedad. «Se acabaron los gobiernos tibios, estamos combatiendo al narcoterrorismo. Estamos en estado de guerra y no podemos ceder«, prosiguió el presidente, sabedor de que del resultado de esta batalla depende su futuro político.

Ecuador volverá a las urnas el año que viene, no sólo para elegir presidente, también a unos diputados que se han alineado de forma firme tras la Presidencia. Una de las claves de la declaración del «conflicto armado interno», que ha ampliado el despliegue de las fuerzas militares por todo el país, está en la decisión adelantada desde el Parlamento: tramitará indultos para los miembros de las fuerzas de Seguridad que sean procesados por «cumplir con su trabajo».

A los dos días de terror (el martes un grupo armado asaltó un canal de noticias) siguió un miércoles en que ambos contendientes midieron sus fuerzas. Las autoridades encontraron tres cuerpos calcinados en un vehículo en Guayaquil mientras proseguían las amenazas contra los agentes penitenciarios que están en manos de los presos, más de 130.

En el centro de la capital del Guayas, rebautizada en esta nueva era como Guayakill en las redes sociales, ayer asemejaba un día festivo y no precisamente por la alegría de sus gentes. Algo parecido ocurrió en Quito. Calles semivacías, poca actividad económica, sin colegios ni universidades evidenciaban que el país seguía a la expectativa y temeroso. Solo las sirenas policiales rompían el silencio con sus aullidos aunque en otras zonas del país prosiguió esa especie de terrorismo de baja intensidad con explosiones y altercados.

Escalada de acontecimientos

Las heridas tras el terror permanecían abiertas. Los amigos y seguidores del cantautor Diego Gallardolloraron su muerte, producida por una bala perdida en la zona colindante al canal TC Televisión. «Murió siendo un héroe porque arriesgó la vida por mi hijo», desveló su compañera sentimental. El balazo le atravesó el tórax, muy cerca del corazón.

Otro hombre, de 65 años, falleció en Esmeraldas durante el ataque contra una gasolinera, uno más a una lista de víctimas mortales que aumentó ayer por encima de los 15 desde la declaración de estado de excepción.

A las recompensas que ya ofrecían el gobierno y la Embajada de EEUU por la recaptura de los jefes narcos fugados, Fito (Los Choneros) y Capitán Pico (Los Lobos), se han sumado otra veintena de caudillos narcos, entre ellos Cocoy y Lagarto, jefes de los Tiguerones que asaltaron el canal de televisión.

La escalada de acontecimientos desde que Noboa asumió a finales de noviembre el mando del país se había convertido en un callejón sin salida para el líder de Alianza Democrática Nacional (ADN). Ecuador ha pasado en tiempo récord de ser uno de los países más tranquilos de la región y un apreciado paraíso turístico a encabezar el ránking regional de homicidios, por encima de potencias como Venezuela, México y Colombia.

La masacre por error de una familia evangélica en el Guasmo Sur (Guayaquil), que acabó con la vida de cuatro hermanos (de 7, 5, 3 años y seis meses) y de su madre embarazada, alertó a la sociedad: nadie está a salvo, pese a que algunos expertos consideraban que los hampones se mataban entre ellos. En este caso, los sicarios se equivocaron de casa; sus enemigos estaban en la vivienda colindante.

Las 50 muertes violentas del 1 de enero aceleraron los acontecimientos. La fuga de Fito, aliado del cartel de Sinaloa, forzó la declaración del estado de excepción y del toque de queda. Pero la respuesta de las 22 bandas terroristas con su tormenta de violencia desveló hasta qué punto se sentían impunes.

La escapada horas más tarde del Capitán Pico, señalado por planificar un atentado contra la fiscal general, Diana Salazar, y el ataque inédito a la televisión desbordaron la paciencia de Noboa, que de inmediato anunció que Ecuador estaba en guerra como hace casi 30 años. Pero en esta ocasión no contra el vecino Perú, sino contra los narcos que surgieron de la nada y se aliaron con los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.

El combate sigue. Entre las medidas puestas en marcha por el gobierno está también la deportación de presos extranjeros, alrededor de 1.500, la mayoría de nacionalidad colombiana, venezolana y peruana. Desde Bogotá se respondió que con esta acción, el gobierno ecuatoriano provocaría la libertad de los reos que no tengan deudas con la justicia de su país.

Noboa tampoco ha aplazado el inicio de la construcción de sus dos cárceles del modelo Bukele, la primera en la amazónica Pastaza, que se inicia hoy. «No es soplar y hacer botellas», contestó misterioso el mandatario salvadoreño respecto a la crisis que atraviesa Ecuador.

«Jueces y fiscales que ayuden a estos terroristas también se considerarán como partes o integrantes de esa red«, amenazó el mandatario. Durante la administración de su antecesor, el conservador Guillermo Lasso, fueron constantes las críticas contra los tribunales que dictaminaban la libertad de los detenidos por las fuerzas policiales.