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Vladimir Putin, el líder ausente en la cumbre de Johannesburgo, quiere abanderar a una «mayoría global» reunida en torno a los BRICS. «Cooperamos sobre los principios de igualdad y respeto por los intereses de cada uno, y esta es la esencia del rumbo estratégico orientado al futuro que tiene nuestra asociación, un rumbo que responde a las aspiraciones de la mayor parte de la comunidad mundial, la llamada mayoría global», dijo por videoconferencia el presidente ruso, que anunció que el proceso de desdolarización en transacciones entre los países de los BRICS es irreversible y se mostró dispuesto a sustituir las exportaciones de grano ucraniano que su país está bloqueando.

La ausencia de Putin en Johannesburgo se debe a una orden de arresto de la Corte Penal Internacional que puso a Sudáfrica, anfitriona de la cumbre, en una situación difícil y, en última instancia, provocó que Putin se quedara en casa.

En la capital de Sudáfrica estaban mandatarios como el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa; el líder chino, Xi Jinping; el presidente brasileño, Luiz Lula da Silva; y el primer ministro indio, Narendra Modi. Putin es un defensor acérrimo de lo que él llama un «orden mundial multipolar», promoviendo estructuras como los BRICS como contrapeso a las instituciones dirigidas por Estados Unidos y Occidente. Los miembros de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) representan más del 40% de la población mundial.

El mandatario ruso no hizo referencia a su situación penal. Pero admitió que los países de los BRICS tienen que hacer frente a difíciles retos en un contexto de volatilidad de los mercados y presiones inflacionistas debido a la actuación «irresponsable» de una serie de países. Rusia está pugnando estos días por contener la caída de su moneda, que ayer volvió a debilitarse hasta los 94 rublos por dólar.

El régimen ruso estaba representado en la sala por el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov. Era el formato más seguro para Putin y el más cómodo para los anfitriones. Tras varias semanas de tensiones y desmentidos, el mes pasado la oficina de Ramaphosa comunicó que Putin no asistiría «de mutuo acuerdo», el líder ruso comentó a los periodistas que no creía que su presencia en los BRICS fuera «más importante que mi presencia en Rusia ahora».

Rusia quiere sustituir a Ucrania

Los países en desarrollo están preocupados por el precio de los alimentos, que se han visto afectados por la invasión rusa de Ucrania, que es un importante proveedor de grano. A pesar de impedir por las armas estas exportaciones, Putin indicó que Rusia seguirá siendo un proveedor fiable de producción al continente africano. Y dijo que está dispuesto a regresar al acuerdo de grano en caso de «cumplimiento real» de las obligaciones ante el estado.

Para Rusia los BRICS son la puerta de entrada a un mundo donde puede disputar el liderazgo de EEUU y Europa. Por eso despliega una campaña de relaciones públicas que presenta a Rusia como una potencia anticolonial que apoya un orden mundial más justo y equitativo, todo ello a pesar de que está librando una guerra contra Ucrania que Putin ha justificado en términos imperiales.

Bajo la falsa bandera de la liberación colonial, Putin recordó que Rusia «está en condiciones de sustituir el grano ucraniano una base comercial y en forma de ayuda gratuita a los países necesitados, sobre todo teniendo en cuenta que se espera que este año volvamos a tener una cosecha excelente».

La ausencia física de Putin dice mucho no tanto sobre el aislamiento de Rusia, sino sobre los horizontes cada vez más reducidos del presidente ruso, que no puede moverse libremente ni en el territorio de algunos de sus socios signatarios del tratado del Tribunal Penal Internacional.

El país más importante que le queda a Putin es China. El aliado más cercano, Bielorrusia. Tampoco le han dado la espalda los líderes de Asia Central, aunque la relación se ha enfriado. Irán, otro paria internacional, también está de su lado. La política exterior rusa aún cuenta con el apoyo político de algunos países de África, América Latina y Asia.

Era poco probable, aunque no imposible, que Putin pudiese haber sido arrestado en Johannesburgo. El entonces presidente sudanés Omar al-Bashir, acusado de crímenes de guerra relacionados con el genocidio en Darfur, logró esquivar ese destino durante una visita a Sudáfrica en 2015: salió del país mientras un tribunal consideraba una solicitud de La Haya para arrestarlo. Putin ha actuado en consecuencia ante la certeza de que, aunque aspire a ser un líder global, buena parte del planeta ya no es un lugar seguro para él.