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  • Asia Kim Jong-un pide definir al Sur en la Constitución como «país hostil número uno» y Yoon responde: «Los castigaremos con mucha más dureza»

Corea del Norte nunca había lanzado una ráfaga de misiles tan continuada y potente como en los dos últimos años: 82 en 2022 y 41 en 2023.

Hace tan solo un par de días disparó al mar de Japón un nuevo misil balístico hipersónico de alcance intermedio. La particularidad de este cohete es que usa propulsores sólidos, lo que hace que sea más rápido y difícil de detectar que la mayoría de balísticos, que son de combustible líquido.

El año pasado, Pyongyang ya probó su primer misil balístico intercontinental (ICBM) de combustible sólido, con un alcance de hasta 15.000 kilómetros y capaz de golpear las costas de Estados Unidos cargado con una ojiva nuclear.

Unos pocos días antes del último lanzamiento, los medios norcoreanos fotografiaron al líder Kim Jong-un visitando una fábrica de municiones. Citaron al dictador presumiendo del desarrollo armamentístico de su país y calificando a la vecina Corea del Sur como su principal enemigo, uno al que no dudaría en «aniquilar».

El dictador norcoreano cerró el año pasado con el exitoso lanzamiento de un satélite espía y ha comenzado este 2024 con intenciones de continuar avanzando en la carrera nuclear, aprovechando las divisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU para saltarse impunemente todas las resoluciones de Naciones Unidas que prohíben el lanzamientos de misiles balísticos.

La novedad ahora es que Kim está endureciendo aún más el tono contra Seúl. Las relaciones entre las dos Coreas están en su nivel más bajo en décadas. El martes, desde el Norte anunciaron la disolución de varias agencias estatales que trabajaban por el «diálogo y la reunificación» con el Sur. Es decir, retiró dos instrumentos que eran claves para mantener una conversación más o menos fluida con Seúl.

Otro giro importante de Kim es que, al pedir un cambio en la constitución norcoreana para identificar al Sur como «estado hostil número uno», rompe con el viejo compromiso, heredado de su abuelo y de su padre, de lograr la unificación de toda la península.

«No queremos la guerra, pero no tenemos intención de evitarla», soltó Kim en un discurso ante el Parlamento. Las dos Coreas siguen técnicamente en guerra desde 1953, cuando la contienda entre ambas fue detenida por un armisticio, no por un tratado de paz.

Mientras que el régimen de Pyongyang continúa lanzando misiles y amenazas, en frente sigue teniendo a un tripartito de democracias que continúan fortaleciendo sus vínculos militares. Esta semana, los ejércitos de Corea del Sur, Estados Unidos y Japón comenzaron lo que la prensa surcoreana ha calificado como los mayores ejercicios conjuntos de estos tres aliados.

Las maniobras comenzaron con nueve buques de guerra, incluido el portaaviones estadounidense de propulsión nuclear USS Carl Vinson, en aguas al sur de la península de Corea. «El ejercicio tiene como objetivo reforzar las capacidades de disuasión y respuesta de las tres naciones contra la amenaza nuclear y de misiles de Corea del Norte, así como las amenazas marítimas», anunció el ejército surcoreano.

Estados Unidos continúa, de la mano de sus aliados asiáticos, reforzando su presencia militar en la región mientras acusa al régimen de Kim de cooperar militarmente cada vez más con la Rusia de Putin, incluso de suministrarle armas para su guerra en Ucrania. El martes, el presidente ruso Vladimir Putin recibió en Moscú al ministro de Asuntos Exteriores norcoreano, Choe Son-hui, quien también se encontró con su homólogo ruso Sergei Lavrov.

En septiembre, Kim Jong-un viajó al Lejano Oriente de Rusia para discutir la cooperación militar con Putin, lo que desató especulaciones sobre un acuerdo que implicaba que Pyongyang suministraría armas y municiones al ejército ruso para su guerra en Ucrania, mientras que el Kremlin ayudaría a cambio a mejorar el programa militar norcoreano, incluido el nuclear. Se espera que Putin le devuelva este año a Kim la visita a Pyongyang.