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El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha convocado este sábado por la noche una reunión de urgencia de los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 para abordar la situación en Gaza y los riesgos para la seguridad continental. Será el próximo martes a las 17.30 y por videoconferencia, apenas una semana antes de que los líderes vuelven a verse en Bruselas para una Cumbre regular. «Nada justifica los brutales ataques terroristas de Hamas contra Israel. Nos solidarizamos plenamente con el pueblo de Israel. Israel tiene derecho a defenderse respetando plenamente el derecho internacional. La tragedia que se está desarrollando tiene muchas consecuencias para Europa. Por eso he convocado un Consejo Europeo extraordinario por videoconferencia para fijar una posición común y una línea de acción claro y unificado», ha explicado en un mensaje en un comunicado.

El texto puede parecer genérico, estándar, pero no lo es. En esas pocas frases hay tres elementos cruciales, cargados de significado, llenos de reproches y que resumen el caos de los últimos siete días en Bruselas, el enorme enfado de muchos gobiernos con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y las rencillas entre los responsables de las tres principales instituciones comunitarias.

En su mensaje, Michel condena primero la salvaje matanza perpetrada por Hamás, una organización considerada terrorista por la UE y recalca que Israel tiene el derecho a defenderse. No hay dudas, vacilaciones ni matices, algo en lo que coinciden absolutamente todos en la UE. A partir de ahí, los problemas.

El segundo mensaje es justo el que va a continuación, cuando recalca que esa defensa debe respetar «plenamente el derecho internacional». Podría parecer una obviedad, pero ha sido el gran tema de discusión en Bruselas, porque la presidenta de la Comisión, en un caso sin precedentes, ha actuado durante días casi completamente en solitario, sin coordinarse con las capitales, con el propio Michel y con su alto representante para la Política Exterior, el español Josep Borrell. Pero sobre todo, ha intentado reescribir, sobre la marcha y por su cuenta, la posición de la Unión.

Von der Leyen ha escrito y hablado una y otra vez del sanguinario ataque y del derecho y el «deber» a réplica de Israel para «proteger a sus ciudadanos», dándole lo que todos han interpretado, en su equipo y en el resto de edificios de la capital belga, carta blanca. No ha sido un error, un desliz. Ha mantenido la posición, sin apenas mencionar a los palestinos, la situación en Gaza y sobre todo el derecho internacional hasta este mismo sábado. Y no desde su despacho, sino que viajó el viernes a Israel, junto a la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, para verse con el presidente Isaac Herzog, que en la víspera había afirmado rotundamente que todos los habitantes de Gaza tenían responsabilidad en la situación actual, desechando las peticiones de la comunidad internacional de no castigar colectivamente a dos millones de personas por las acciones de Hamás.

Von der Leyen ha ido también contra el mensaje de los ministros de Exteriores de los 27, que esta misma semana, también por videoconferencia, abordaron la situación. Borrell, en nombre de ellos, recalcó que el derecho internacional debía ser respetado, pidió que no se cortara el agua, la luz o internet, y que se abrieran corredores humanitarios. Nada de eso ha dicho la alemana durante toda la semana, ni siquiera cuando el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, pedía «proporcionalidad» a su gran aliado, o cuando la propia ministra alemana de Exteriores ha insistido en que los que «nos separa de los terroristas» es «la protección de los civiles». Hasta su propio partido, el Popular Europeo, marcó una línea muy clara ante su silencio.

Sólo este sábado, en un comunicado para anunciar que se triplicará hasta 75 millones de euros la ayuda humanitaria a Gaza con urgencia, ha hecho referencia a la necesidad de que la respuesta militar israelí se atenga a las reglas del derecho. Es revelador de su posicionamiento es que ese dinero ya estuviera acordado desde hace días, y que el plan fuera hacer el anuncio cuando ella estuviera en la zona, aunque sólo en el lado israelí, por razones obvias. Pero ella, dado que estaba mostrando su total solidaridad, apoyo, a los líderes israelíes y visitando las zonas de la masacre de los kibutz optó por no decir nada y retrasar el anuncio, del que informó por las redes sociales y un comunicado.

Fijar una posición común

A todas estas acciones alude en su mensaje Charles Michel cuando convoca a los líderes «para fijar una posición común y una línea de acción claro y unificado». Esto es, para llamar al orden a la presidenta y dejar clara cuál es la postura de la Unión, no de una líder que ya hace unos meses irritó a los gobiernos al firmar por su cuenta, sin esperar a la luz verde de los ministros, un acuerdo migratorio con Túnez. Y que se ha planteado en Israel casi compitiendo con la maltesa Metsola, presidenta de la Eurocámara, la primera líder internacional que el año pasado visitó Kiev tras la invasión rusa y que aspira a ocupar también el cargo de la presidenta de la Comisión si las circunstancias fueran propicias.

«Las trágicas escenas que se están desarrollando en la Franja de Gaza como resultado del asedio y la falta de necesidades básicas, combinadas con la destrucción provocada por importantes bombardeos, están haciendo sonar las alarmas en la comunidad internacional», dice Michel en su comunicado en el lenguaje más duro hasta ahora por parte de Europa. «La Unión siempre ha sido y debe ser una firme defensora de la paz y el respeto del derecho internacional, como en el caso de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. La Unión debe trabajar para proporcionar asistencia humanitaria y evitar una escalada regional del conflicto y cualquier violación del derecho humanitario», añade el belga.

Michel tiene en mente a los palestinos, tiene en cuenta las muchas llamadas que ha recibido estos días desde todas las capitales. Pero también aprovecha para ajustar cuentas en su perpetua pugna con Von der Leyen. La presidenta de la Comisión, a la que Joe Biden quiere como próximas secretaria general de la OTAN, es sin duda la figura más visible del continente, probablemente la presidenta más fuerte que haya habido, o por lo menos en los últimos 20 años, y se ha convertido en una rival incómoda más que una colega o social para Michel, que ahora ve su oportunidad. El ejemplo más infantil de su fricción perpetua es cómo esta semana el equipo de comunicación de la alemana cortó deliberadamente a Michel de una foto en la que apareció junto a Von der Leyen y Metsola en un acto de repudia al atentado frente a la Eurocámara.

Pero dicho todo eso, Michel también atiende a las llamadas de alerta por puras razones estratégicas de los gobiernos. «El conflicto podría tener importantes consecuencias para la seguridad de nuestras sociedades. Si no tenemos cuidado, tenemos el potencial de exacerbar las tensiones entre comunidades y alimentar el extremismo. Por último, existe un riesgo importante de migración y desplazamientos de un gran número de personas hacia países vecinos que ya cuentan con un número importante de refugiados en su territorio. Si no se maneja con cuidado, existe el riesgo de que se produzcan oleadas migratorias hacia Europa», destaca apuntando a lo que de verdad temen ahora mismo los Estados Miembro.