• Alemania Scholz cumple dos años como canciller sin ninguna euforia en el SPD: «El ambiente en el partido es bastante pobre»

Cuando el canciller Olaf Scholz se reúne con algún colega europeo para hablar de cuestiones bilaterales o comunitarias, lo hace en la sede del Gobierno y en días laborales. Con el presidente Pedro Sánchez ha hecho una excepción que lleva a pensar en qué fue primero si el huevo o la gallina. En la recta final de la presidencia española del Consejo de la UE, pero coincidiendo sobre todo con el congreso que el Partido Socialdemócrata (SPD) celebra este fin de semana en Berlín, Scholz y Sánchez se encontraron para abordar asuntos europeos de relevancia y con especial atención a la negociación del marco financiero plurianual y el pacto migratorio, según fuentes de Moncloa.

El encuentro, sin embargo, más pareció un gesto de apoyo entre socialdemócratas en serias dificultades. Se celebró en la sala donde unos 600 delegados del SPD se reúnen en su congreso y tras esas conversaciones, de las que nada ha trascendido de parte alemana, Sánchez apareció en la tribuna como invitado. El «compañero» Pedro, recién elegido presidente de España -como así fue presentado y en español por el copresidente del SPD, Lars Klingbeil- fue recibido con una ovación.

«Querido Olaf, hoy y siempre, aquí, y en Bruselas, me tendrás a tu lado. Cuenta conmigo, cuenta con los socialistas españoles para librar todas las batallas y desafíos que nos unen», afirmó Sánchez sin entrar en los detalles porque se le hubiera acabado el tiempo. Eso sí, le animó, tal vez sin saberlo, a hacer lo que las Juventudes Socialistas (Jusos) y el ala izquierda del SPD le echan a Scholz en cara. «Lo correcto es no abandonarse a la melancolía ni dejarse llevar por la inercia, sino tener el valor de impulsar el cambio, como dice vuestro lema: Alemania. Mejor. Justa», declaró.

Porque para Sánchez, «si algo hay revolucionario en política es hacer lo correcto y lo correcto en tiempos de incertidumbre y de grandes transformaciones como las que vivimos es mostrar iniciativa y determinación». Scholz no ha mostrado ninguna de las dos y aunque no hay fisuras profundas en el SPD más allá de la decepción, las encuestas lo acusan. Scholz es el canciller socialdemócrata más impopular desde que hay registros. Sólo el 20% aprueba su labor y el partido únicamente ronda el 14% en intención de voto. En algunos estados federados del Este del país está incluso por debajo del 5% del umbral que exige la ley para acceder a los parlamentos.

Scholz necesita una inyección de ánimo y del puñado de dirigentes socialdemócratas en ejercicio el enfermero más adecuado era Sánchez. «Los socialistas españoles tenemos una enorme deuda de gratitud hacia el SPD por impulsar y fortalecer la socialdemocracia en España y porque el SPD contribuyó decisivamente a afianzar la democracia en mi país. Jamás olvidaremos aquel ejemplo de fraternidad en el momento más oscuro. Así que, no me dirijo a vosotros como un socialdemócrata español, sino como un miembro más de esta gran familia llamada SPD, me considero uno de los vuestros», dijo.

Sánchez no habló de la situación en España y pasó de puntillas en lo internacional. Se centró en la amenaza de la extrema derecha y denunció «el virus del odio y el miedo que está invadiendo a la derecha tradicional en muchas partes de Europa y del mundo». Afirmó que en «el pasado, los conservadores simplemente buscaban preservar el statu quo» y que eso podría ser perjudicial pero no letal. «Ahora la verdadera amenaza es diferente: no buscan simplemente preservar algo. Buscan, impulsados por la extrema derecha, arrojarnos a las cenizas del pasado. Y eso sí puede ser letal para la democracia», advirtió.

Agregó, en ese contexto, que «España dijo con la fuerza de la razón y el poder de los votos no al retroceso y el miedo, al pasado y la involución. Hoy España tiene un nuevo gobierno progresista y desde ese gobierno defenderemos con convicción la Europa abierta, solidaria y comprometida con los Derechos Humanos que otros quieren liquidar».

La batalla que el SPD tiene abierta en estos momentos no es con la derecha populista o con la ultraderecha, sino con sus socios de coalición, los Verdes y los liberales del FDP. Faltan 17.000 millones de euros para redondear los presupuestos generales del año próximo a tenor de una sentencia reciente del Tribunal Constitucional y los socios no logran ponerse de acuerdo en cómo resolver el enredo. El SPD y los Verdes apuestan por levantar el freno de la deuda para mantener las inversiones previstas, a lo que el FDP, más ahorrativo, se opone radicalmente. Otra opción es declarar 2024 «situación de emergencia» y por ahí han ido los tiros en el congreso.

Scholz dio la pista en su discurso. Le dedicó casi media hora a hablar de la agresión de Rusia en Ucrania, de sus consecuencias en Europa y de la necesidad de que Alemania, en previsión de que Estados Unidos corte la ayuda militar a ese país el año próximo, esté en condiciones de compensar esa pérdida. La razón de fondo es que si el Gobierno federal declarara la emergencia para 2024 por la guerra en Ucrania y sus consecuencias, podría suspender de nuevo el freno de la deuda y gastar más dinero.

No hay ninguna formación política en Alemania que cuestione la ayuda militar y económica a Kiev y en ese sentido, el posible que la opción del SPD cuente con el respaldo de todos los grupos parlamentarios y del FDP. Otra cosa es el Tribunal de Cuentas y la valoración del monto que debería presupuestarse para Ucrania y sólo para Ucrania. Lo contrario sería nulo, según la sentencia de mediados de noviembre del TC. En la misma declaró inconstitucional la reasignación de 60.000 millones de euros de fondos para el coronavirus no utilizados a un Fondo para el Clima y la Transformación (KTF). Estos fondos faltan ahora para los próximos años.

Con el debate político centrado en los presupuestos de 2024 aún en el aire, se entiende que para el SPD la única tabla de salvación sea Ucrania y que la situación en Gaza se zanjara con un aplauso cerrado a unas brevísimas palabras del canciller: «Estamos del lado de Israel y del derecho a la defensa».

Sánchez, como el perfecto invitado, no sembró la discordia. Más bien lo contrario. Cerró su intervención citando la figura de Jorge Semprún, ministro de Cultura en los años 80, superviviente del campo de concentración de Buchenwald, y de quien este domingo se cumplen 100 años de su nacimiento. Entre los delegados en el congreso del SPD estaba, como observador, el embajador de Israel en Alemania, Ron Prosor.