• Elecciones argentinas El peronismo da la gran sorpresa: gana las elecciones y se jugará la presidencia en una segunda vuelta con Milei

Por años, a Sergio Massa le habrán ardido los oídos: la palabra «traidor» era la única que pronunciaban en el kirchnerismo cuando se acordaban de él. Pero eso es historia, tras la sorprendente victoria que logró este domingo, el «traidor» se convirtió en el salvador de todo el peronismo. Y tiene ahora buena parte de las papeletas para ser el próximo presidente.

Massa, de 51 años, fue casi todo lo que se puede ser en política, tanto en cargos como en ideología. De joven abrazó la fe liberal como miembro de la Unión de Centro Democrático, de joven adulto fue alfil de Néstor y Cristina Kirchner, para convertirse en 2013 en el freno a las ambiciones de eternidad política de la presidenta. Diez años después pasó a ser la apuesta resignada de Cristina y un inesperado ganador de las elecciones presidenciales de este domingo.

Es cierto que Massa tiene que ganar aún la segunda vuelta, también que la suya fue la peor elección presidencial en la historia del peronismo. Pero la habilidad del ex presidente de la Cámara de Diputados es innegable. Fue él quien infló entre bambalinas la candidatura de Milei dándole sustento político y de fiscalización electoral. Se creyó que el experimento se le había ido de las manos, pero lo cierto es que Milei le sirvió a Massa para quebrar a Juntos por el Cambio, que hasta hace un par de meses creía ganada la elección.

Para saber más

Portero de balonmano en su juventud, Massa creció sabiendo desviar los múltiples ataques que sufre cualquier político en la primera línea. Primero como alcalde de Tigre, luego como jefe del sistema de pensiones, jefe del Gabinete de ministros y tercera autoridad del Estado desde la presidencia de la Cámara de Diputados.

«Massa cometería un error si creyera que los votos que recibió son de él. La mayor parte de ellos son por espanto», destacó el analista Alejandro Catterberg. El espanto, el miedo a Milei, será sin dudas eje de la campaña que se inicia de cara a la segunda vuelta del 19 de noviembre.

Si un calificativo es aplicable a Massa es el de sinuoso. Cuando en agosto de 2022 asumió el Ministerio de Economía -Massa es abogado-, la pregunta era si no estaba apostando por una misión imposible. ¿Qué rédito podría traerle asumir el control precisamente de eso que Argentina lleva décadas sin poder controlar, la economía?

Asombrosamente, le dio réditos. Massa avanzó sobre la estructura del gobierno para convertirse de hecho en el presidente, mientras Alberto Fernández se diluía personal y políticamente. Y el asombro fue mayor aún al observarse que todos los números de la economía empeoraron con Massa como ministro. La inflación se duplicó hasta rozar el 140 por ciento anual y las reservas del Banco Central son negativas en 8.000 millones de dólares.

Pero Massa y su equipo de campaña lograron el milagro de convertirlo en dos personas en una, pero dos personas antitéticas. Estaba el Massa ministro de Economía que gastaba el dinero que no existe y al que la inflación se le iba de las manos. Y estaba el Massa candidato que prometía solucionar todo lo que no funciona, entre otras cosas, la inflación de Massa.

El ministerio, sin embargo, le dio centralidad y pátina de hombre de Estado. Insistió una y otra vez en que aceptó «un fierro caliente» cuando podría haber evitado el duro desafío de asumir la economía e intervino en múltiples temas ajenos a su ministerio. La estrategia rindió frutos.

El ganador de la primera vuelta es, probablemente, el mejor amigo que tienen el gobierno y el establishment político de los Estados Unidos. No puede decir lo mismo el Fondo Monetario Internacional (FMI), que una vez que liberó un pago de 7.500 millones de dólares para Argentina, vio como Massa se olvidaba de todos los compromisos adquiridos, convertía en casi inexistente el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (Impuesto a las Ganancias, en Argentina) y repartía dinero poniendo al rojo vivo las máquina en la Casa de la Moneda. Era una parte esencial de su campaña rumbo a la Casa Rosada.

Massa no está solo, el «pack» incluye a Malena Galmarini, su esposa, presidenta de la empresa estatal de agua potable y frustrada candidata a alcaldesa de Tigre. Quienes los conocen aseguran que la ambición de los Massa es incluso superior a la de Néstor y Cristina Kirchner. Y eso, se sabe, es mucho decir.