• Bolivia Evo Morales asedia a su delfín y prepara su regreso al poder

La guerra fratricida que enfrenta al expresidente boliviano Evo Morales y a su delfín, el primer mandatario Luis Arce, ya se ha cobrado su primera sangre. Al menos 23 personas resultaron heridas durante los bloqueos que los evistas han levantado para sabotear la realización del cabildo de la facción progubernamental del Movimiento Al Socialismo (MAS), que comenzó ayer en el Alto de La Paz.

«Entre los heridos está la persona que ha sido secuestrada y torturada brutalmente en el trópico de Cochabamba. Después de varias horas ha sido liberada», denunció el lunes en la noche al país el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo. Con pedradas, palazos y puñetazos arremetieron los seguidores del expresidente contra quienes intentaban desbloquear las vías en el Trópico de Cochabamba, bastión histórico del gran líder de la revolución indígena.

El llamado Pacto de la Unidad gubernamental y la Central Obrera Boliviana (COB) también denunció las «emboscadas» contra sus seguidores que salían de Santa Cruz en dirección a El Alto.

A través de su plataforma en redes sociales, Morales respondió que se trataba de «autoatentados» en busca de legitimidad. «Como en tiempos neoliberales nos acusan y persiguen con falsas acusaciones. El MAS y su dirigencia nacional nunca se van a rendir ni dividir«, respondió Evo, que ha definido el cabildo de sus contrarios como el frente amplio de la derecha. Morales es un aliado irrestricto de las dictaduras latinoamericanas y uno de los principales activistas proPutin del continente.

Dividido de forma irreconciliable y marcado por la violencia, así comenzó ayer el cabildo del sector oficialista del MAS en El Alto, con el que Arce y el canciller, David Choquehuanca, pretenden recuperar la iniciativa partidaria dos semanas después del Congreso de la otra facción del MAS, que impuso a Morales como candidato presidencial para las elecciones de 2025. Para ello también cuenta con el Tribunal Superior Electoral, que debe decidir acerca de la repetición del evento orgánico por supuesto incumplimiento de los estatutos partidarios.

Los organizadores esperan congregar a un millón de personas, de forma muy optimista, para refundar sus instrumentos políticos y recuperar el «proceso de cambio», lo que conllevaría la convocatoria de un nuevo congreso para recuperar el control interno y las candidaturas futuras.

«Ante los ataques externos e internos, el pueblo boliviano responde con unidad, unidad y nada más que unidad para seguir enfrentando los retos que tenemos por delante», subrayó Arce a sus seguidores.

Lo más llamativo de esta guerra fratricida revolucionaria es que no se trata de diferencias ideológicas o políticas, ya que ambos líderes comparten parecidos postulados. Como tantas veces, en el fondo están el poder y el dinero. Morales, uno de los grandes dinosaurios de la política latinoamericana (otro de ellos, el ecuatoriano Rafael Correa, perdió las elecciones del pasado domingo) no sólo quiere mandar en la actual legislatura, también desea retomar la presidencia en la siguiente.

El fraude electoral orquestado en 2019, tal y como demostraron los expertos de la Organización de Estados Americanos (OEA), provocó finalmente la salida del país de Morales y su renuncia a la Presidencia.

Morales utiliza las denuncias contra la «corrupción» gubernamental como una de sus principales herramientas ofensivas. «Ojalá que en vez de atacar al MAS este cabildo de la derecha sirva para que el hermano Lucho Arce informe quién ordenó sacar bolsas con 99 millones de dólares de las bóvedas del Banco Central de Bolivia», disparó Evo en las últimas horas.