• Diplomacia Xi pide a Biden en su reunión que trate a China como una superpotencia

Con la economía de su país en el peor momento en más de cuatro décadas, el presidente de China, Xi Jinping, se reunió anoche (madrugada de este jueves en Europa) con las grandes empresas estadounidenses y lanzó un mensaje conciliador que se resume en una frase: «China no busca esferas de influencia y no tomará parte ni en una guerra fría ni en una caliente contra nadie». Sus palabras llegaron apenas seis horas después de que terminara la larga reunión bilateral que había mantenido con su homólogo estadounidense, Joe Biden, en la que, al más puro estilo de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ambos mandatarios sólo alcanzaron un acuerdo sustancial: hablar con el otro por teléfono cuando sea necesario. «Si uno de los dos tiene algo que le preocupe, solo tendrá que coger el teléfono y llamar al otro. Eso es progreso de verdad», había dicho Biden en una rueda de prensa poco antes.

Las palabras de Xi probablemente han sido recibidas con entusiasmo por parte de algunos de los líderes empresariales estadounidenses, que no disimulan su simpatía por el modelo cada día más autoritario de China, como el hombre más rico del mundo, Elon Musk (que ha incluso ha publicado un artículo para la revista del órgano que se encarga de censurar Internet en China), Mike Bloomberg (ex candidato demócrata a la presidencia), el ‘número dos’ de Warren Buffett, Charlie Munger, o el financiero Ray Dalio.

Otra cosa, sin embargo, es que las palabras se plasmen en hechos. Xi lanzó ese mensaje en San Francisco, junto a Silicon Valley, donde tienen su sede muchos gigantes de internet que no pueden operar en China por la censura en ese país – como Meta, Alphabet y, paradójicamente, la red social de Musk, Twitter – y otros que lo han hecho a costa de doblegarse a los deseos de Pekín, como Tesla y Apple, que ha llegado a suspender su servicio de mensajería Airdrop para que los chinos no puedan criticar a su Gobierno. En los últimos meses, las autoridades chinas han mostrado una creciente agresividad hacia las empresas occidentales con presencia en el país, lo que contrasta con la retórica del presidente.

Antes de que Xi hubiera ahecho esas conciliatorias declaraciones, Joe Biden había dado una rueda de prensa en la que explicó los tres acuerdos de las cuatro horas de reunión que había mantenido con el presidente chino. El primero, que China controlará la exportación a México de productos químicos para la fabricación de fentanilo, un opiáceo cien veces más potente que la heroína que el año pasado causó más de 35.000 muertes en Estados Unidos. La segunda, una reanudación de las comunicaciones entre las Fuerzas Armadas de ambos países, suspendidas por Pekín desde 2022, lo que reduce el riesgo de que un incidente entre las dos potencias atómicas que acabe desencadenando algo más serio. Y la tercera, un grupo de trabajo conjunto entre Washington y Pekín para examinar «cuestiones de riesgos y seguridad relacionados con la Inteligencia Artificial«, en especial en lo que respecta a su aplicación en armas como drones y bombas atómicas.

Así que, pese a las declaraciones de Xi, la cumbre recordó, por el fondo y la forma, a las de la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría. El componente empresarial es la gran diferencia, ya que China es un sistema capitalista de Estado. Pero alcanzar un pacto para hablar antes de que a uno se le escape un misil, o tener contacto sobre una tecnología que ambos están tratando de aplicar lo antes posible a sus sistemas de armas podría haber sido alcanzado hace cincuenta años por Richard Nixon y Leonid Breznev. Incluso hasta en las formas el encuentro tuvo ecos del pasado: el presidente estadounidense dio una rueda de prensa; el chino, no.

Y ahí es donde Biden volvió a dejar claros los límites del tímido deshielo. Sobre todo al final, cuando una periodista le preguntó «¿Sigue considerando a Xi Jinping un dictador? «Biden, que estaba saliendo de la sala, replicó: «Sí, eso no ha cambiado». Antes, el presidente de EEUU había lanzado una advertencia sobre el acuerdo sobre los productos que se usan para hacer fentanilo, al declarar que iba a «comprobar y verificar».