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La esperanza media de vida de los británicos ha tocado fondo. Todos los países europeos se han resentido en los últimos años por el impacto de la pandemia, pero en el Reino Unido la tendencia venía ya de antes y preocupa a los expertos, que han dado la voz de alarma ante factores como la gran disparidad económica.

La expectativa de vida de un niño nacido entre 2020 y 2022 en las islas británicas es de 78,6 años (81,8 en España) y la de una niña es de 82,6 (87 en nuestro país). Las diferencias entre Londres y el norte de Inglaterra son abrumadoras, al igual que con Escocia, considerada como la región menos longeva de Europa Occidental, con Glasgow como punto negro.

«La mayor parte de los países han experimentado una aumento devastador de la mortalidad durante el Covid, pero el Reino Unido tuvo uno de los niveles más altos de mortalidad excesiva durante la pandemia entre los países desarrollados y no se ha producido el rebote que cabía esperar», advierte Veena Raleigh, investigadora de The Kings Fund.

«Eso apunta a problemas más profundos de la salud de nuestra población y de la resiliencia de nuestro sistema sanitario», precisa la epidemióloga. La mayoría de los británicos reconocen que el Sistema Nacional de Salud (NHS) es su principal motivo de orgullo, pero el 80% admite que la falta de recursos y personal está causando graves estragos.

El problema tiene una profunda raíz social, de acuerdo con una investigación publicada por The Lancet en 2021. La esperanza media de vida ya estaba en declive desde antes de la pandemia en muchas áreas del norte del Inglaterra afectadas por años de reconversión industrial y de abandono económico.

El estudio de The Lancet reveló una brecha de hasta 27 años en la esperanza de vida de un hombre nacido en el barrio pudiente de Chelsea y otro nacido en Blackpool.

«La longevidad ha empeorado durante años en grandes partes de Inglaterra», certificó el profesor Majid Ezzati, del Imperial College. «Y eso que las disminuciones de la esperanza de vida son raras en países ricos, y suelen ocurrir solo en caso de grandes adversidades, como guerras y pandemias».

«Que estas caídas se produzcan en tiempos normales es alarmante», advierte el profesor especializado en salud ambiental, autor de otro estudio sobre la esperanza de vida. «Las privaciones socioeconómicas están muy conectadas con esta tendencia. Se ha fracasado a la hora de abordar la pobreza y de proporcionar el apoyo social y la atención médica adecuadas a la población».

El problema es más acuciante en Escocia, históricamente lastrada con un bache de dos o tres años de esperanza de vida con respecto al resto del Reino Unido. Y todos los reflectores apuntan a Glasgow y al barrio de Calton, que llegó a ser el de menor esperanza de vida de Europa (54 años) en medio de un dramático panorama de drogas, delincuencia, paro y depresión.

Los datos han sido actualizados desde nuestra última visita a Calton, y la esperanza media de vida de los hombres es ahora de 67,8 años y de 76,6 para las mujeres. Los expertos han acuñado el término del efecto Glasgow para intentar explicar el exceso de mortalidad, que se remonta a la desindustrialización de los años 70, a la contaminación, a la mala calidad de las viviendas públicas, a las bolsas de pobreza y a la escasa movilidad social en la segunda ciudad escocesa.