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Mientras Ucrania es destruida por las bombas rusas, los rusos asisten al carrusel semanal de villanos y víctimas patrios, sin mirar demasiado al otro lado de la frontera. El mes pasado vilipendiaron al ‘famoseo’ moscovita por acudir casi desnudos a una fiesta privada en la capital. En enero toca llanto por un gato muerto en la nieve por culpa de una revisora que lo echó del tren. No es posible manifestarse contra la guerra, pero la gente quiere que —igual que pasó con la fiesta pseudonudista— el presidente tome cartas en el asunto del desafortunado gato Twix.

Sucedió durante una parada en la ciudad de Kirov el 11 de enero. Los pasajeros se acercaron a la revisora del tren Ekaterimburgo-San Petersburgo: había un gato caminando solo por el vagón. La revisora se dirigió varias veces a los pasajeros, pero cuando se les preguntó a quién pertenecía el gato, nadie respondió. Al final, concluyó que el animal había entrado accidentalmente en el tren y lo soltó.

Pero Twix no era un polizón. El gato escapó de su transportín mientras dormía el pariente del dueño, que acompañaba al gato y debía vigilarlo. El responsable del animal se puso en contacto con el personal del tren sólo 10 horas después de su salida de Kirov.

Twix viajaba a la región de Leningrado para ver a su dueño después de ser operado. Después de que el gato fuese abandonado en Kirov, cientos de voluntarios lo buscaron. El pobre gato fue encontrado muerto la mañana del 20 de enero, a un kilómetro de la estación de la ciudad. Creen que fue atacado por perros.

Tras la muerte de Twix, apareció una petición en Change.org, cuyos autores exigían el despido del revisor. El llamamiento ha sido firmado por más de 380.000 personas.

El dueño del gato, Edgar Gaifullin, dijo que estaba dispuesto a ir a los tribunales por la muerte de Twix. Incluso acudir a Vladimir Putin. «Haré todo lo posible para que respondan conforme a la ley. [Estamos dispuestos a ir] a la policía, al tribunal, a la fiscalía, incluso llegaremos hasta el presidente», dijo a la agencia oficial TASS.

Rusia no ha hecho ninguna averiguación sobre el envenenamiento del disidente Alexei Navalny en 2020 ni del derribo del avión donde viajaba el jefe mercenario de Wagner Evgeny Prigozhin en 2023. Pero esta semana el propio jefe del Comité de Investigación de Rusia, Alexander Bastrykin, ordenó una investigación sobre un caso de crueldad hacia los animales tras la muerte del gato Twix. Sólo 24 horas después la revisora era suspendida temporalmente. Ahora afronta cargos por delitos graves.

Los medios rusos no han dado imágenes de ucranianos amputados, pero siguen día a día los vericuetos de esta gatuna tragedia rusa: culpables, incógnitas y propósito de enmienda para que esto no vuelva a ocurrir.

Los trenes rusos cambiarán las reglas para el transporte de mascotas en trenes de larga distancia. A los revisores se les prohibirá sacar a animales del tren: las mascotas que se encuentren en los vagones serán entregadas a los empleados de la estación para que busquen a su dueño o lo trasladen a un refugio.

Esto sucede al mismo tiempo que una gran iniciativa ciudadana para salvar a los perros de Buriatia donde nuevas leyes permiten la matanza de animales callejeros. La única ‘vida de perros’ que se puede tolerar, justificar o ignorar es la infligida a por Rusia a los ucranianos.