Actualizado
  • Veredicto El tribunal de la ONU exige a Israel que no cometa un genocidio en Gaza
  • Contienda Arranca un juicio histórico: Sudáfrica acusa a Israel en La Haya de cometer un genocidio en Gaza

Aunque casos como el de Birmania contra el pueblo rohingya o la invasión rusa a Ucrania han pasado por los despachos del Tribunal de Justicia Internacional (TJI), ninguno ha generado tanta expectación como la demanda de Sudáfrica contra Israel. La guerra en Gaza ha puesto los ojos del mundo entero sobre la corte de la ONU. Sus consecuencias, actualidad e implicaciones lo explican. Pero también sus protagonistas. Por un lado, Sudáfrica, el país que derrotó al Apartheid; y por el otro, Israel, la víctima del Holocausto que dio lugar en 1948 a la Convención para la Prevención y la Sanción de Delitos de Genocidios.

El país sudafricano se ha erigido como parte acusadora de este caso histórico. En un primer lugar porque Palestina no puede hacerlo. El tribunal con sede en La Haya es competente para dirimir disputas entre Estados y el pueblo palestino no puede cursar acusaciones en tanto que no es un país soberano con fronteras establecidas y con reconocimiento de la comunidad internacional.

Pero de fondo colean otras razones de peso. Pretoria siente la responsabilidad de defender a los palestinos. En su conciencia y herencia pesa su pasado colonial y la lucha contra el Apartheid. En las mentes de los sudafricanos todavía resuenan las palabras de Nelson Mandela en las históricas elecciones de 1994: «Sabemos muy bien que nuestra libertad está incompleta sin la libertad de los palestinos».

Tras el fallo preliminar del TJI, que exige al Ejército israelí «tomar todas las medidas en su poder» para prevenir un genocidio y aliviar la situación humanitaria en la Franja de Gaza, el ministro sudafricano de Justicia, Ronald Lamola, reaccionó asegurando que «Mandela estará ahora sonriendo en su tumba», en declaraciones que recoge la agencia Reuters. El Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés), partido de Mandela, se encuentra en el poder y muchos de sus miembros quieren manteniendo vivo el legado de su héroe, que siempre tuvo sensibilidad con la causa palestina. Por razones morales. Y electorales.

En paralelo, la geopolítica también juega su papel. Sudáfrica forma parte junto a Brasil, Rusia, India y China del denominado grupo de los BRICS, a cuyo club se unieron a comienzos de este año Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Este club se está erigiendo como un contrapeso de Occidente. En un tablero de ajedrez internacional convulso, volátil e inestable, marcado por las guerras en Ucrania y en Gaza, el Sur Global está enseñando los dientes y señalando al eje transatlántico que pilota Estados Unidos de la mano de Europa por dobles estándares a la hora de defender el Derecho Internacional de forma diferente en Ucrania y en Oriente Próximo. En este reequilibrio de fuerzas, Sudáfrica está intentando marcar perfil propio y proyección internacional haciendo guiños a Moscú y recibiendo a líderes de Hamas en su país.