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A mediados de diciembre, la Policía belga detuvo a un hombre llamado Mekki Vanhaelen. Cuando sus jefes fueron informados, no sólo contrataron a un abogado, sino que registraron sus dependencias. La sorpresa fue mayúscula cuando encontraron 50 bolsitas con cocaína. Avisadas las autoridades, incautaron más de 10.000 euros en efectivo en su domicilio. Acto seguido, los empleadores de la novia del acusado también la despidieron alegando falta de confianza.

La noticia no tendría mucho recorrido si no fuera por tres detalles. El primero, que Vanhaelen es hijo de Fadila Laanan, una conocidísima política socialista, diputada del Parlamento de Bruselas y ex ministra en la región. El segundo, que el presunto traficante trabajaba en el gabinete de Caroline Désir, compañera de partido y ministra de la comunidad francófona. Y el tercero, que la novia formaba parte del gabinete de Frédéric Daerden, otro socialista que ahora es vicepresidente y ministro en la Federación de Valonia-Bruselas. Todo en familia. Y en concreto, en la familia política.

La lista es infinita. El famoso Qatargate afectaba a socialistas italianos y locales. Una de sus figuras, la ahora eurodiputada Maria Arena, se ha ido salvando por los pelos por sus conexiones. Pero su hijo, Ugo Lemaire, fue detenido y le encontraron 280.000 euros en efectivo.

Lemaire es hijo del ex marido de Arena y ahora pareja de la ministra de Exteriores del Gobierno federal. Otro ejemplo. Hace no tanto, el procurador del Rey llevó un caso por tráfico de estupefacientes contra Sami Guenned, descendiente de Laurette Onkelinx. Seguro que a estas alturas ya lo han adivinado. Ella es una histórica del Partido Socialista, hija de otra figura a nivel regional, y nieta de Maurice Onkelinx, un ex burgomaestre que fue privado de derechos civiles cuando se probó que colaboró con los nazis.

Jérémie Tojerow (investigador de Cévipol, e ironías de la vida, también miembro del Partido Socialista), ha elaborado junto al politólogo Jean-Benoît Pilet el Expediente de Crisp, una completa investigación sobre Dinastías políticas en Bélgica. La idea surgió del hecho de que los últimos dos gobiernos federales han estado liderados por dos hijos de, Charles Michel y Alexander De Croo. Los autores querían cuantificar algo que siempre se da por sentado, el nepotismo. ¿Resultado? «Las dinastías políticas han vuelto hoy a su nivel de finales del siglo XIX», concluyen los autores.

Entre 1831 y 1894, la proporción de herederos en el Parlamento aumentó casi constantemente, alcanzando un máximo del 17% en 1888. Desde 1894 hasta la primera elección por verdadero sufragio universal masculino, en 1919, se estancó en el 9%. Con el sufragio el ratio se mantuvo entre el 4% y el 6% durante décadas, pero 2003 marcó un punto de inflexión cuando el porcentaje de hijos e hijas de aumentó hasta el 15,3%. «De 150 diputados, la Cámara tenía entonces 23 hijos e hijas de, una cifra récord sólo igualada en 1888″, escriben Tojerow y Pilet, citados por Le Soir. Y «durante las tres elecciones siguientes esta proporción siempre se mantuvo en el 13% de media». A nivel regional, salvo en la zona alemana, el 10% de los diputados siguen los pasos de sus progenitores. Hay elecciones en junio y en octubre, espectáculo garantizado en el paraíso de los nepo babies.