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El Muro de las Lamentaciones que visitó el martes no le dio paz a Javier Milei. Horas después de la visita al sitio sagrado, el presidente argentino dio un golpe sobre la mesa y ordenó la retirada de la ley ómnibus, aprobada en general la semana pasada, pero jibarizada por parte de la oposición a partir del debate del articulado.

«Anoche la casta festejó», escribió Milei en la red social X, que fatigó con intensidad en la noche y la madrugada de Jerusalén. Este miércoles tenía un encuentro con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al que llegó con apenas tres horas de sueño.

«Hoy los argentinos de bien sufren los efectos negativos de sus desmanes y pasión por vivir de lo ajeno. Son muy parecidos a las bestias que festejaron el default en 2001 y 2002″, añadió el presidente al comentar un post en el que se destacaba que los mercados financieros castigan a Argentina.

Ya en la mañana de este miércoles, ante un grupo de empresarios israelíes, Milei profundizó en el ataque: «La casta política, como nosotros llamamos a ese conjunto de delincuentes que quieren una Argentina peor, empezó a descuartizar nuestra ley (…) El rey Midas todo lo que tocaba lo hacía oro; todo lo que toca un zurdo lo convierte en pobreza».

Milei atacó a «los gobernadores» sin especificar sus nombres. Responsabiliza a un grupo de gobernadores de ordenar a sus diputados ese «descuartizamiento» de su fastuosa Ley de Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos, presentada en diciembre y que constaba originalmente de 664 artículos repartidos en 351 páginas. El texto había sido ya reducido a aproximadamente un tercio, aunque seguía siendo un importante instrumento de desregulación y liberalización de la economía argentina, al que se sumaba también el vasto Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) firmado en diciembre.

La ley ómnibus había sido aprobada por 144 votos frente a 109 el pasado jueves, pero este martes parte de la oposición dialoguista que había apoyado la ley en general puso objeciones a diversos artículos para encadenar una serie de derrotas en aspectos que Milei consideraba no negociables. Esto los llevó a coincidir con los 99 diputados del kirchnerismo, que votaron contra la ley al completo, y a la explosión presidencial desde Jerusalén.

El ambiente político es denso: la mayoría de los gobernadores están profundamente ofendidos con el presidente, así como buena parte de los legisladores de la oposición. No es para menos, MIlei le dio un Me gusta a un tuit en el que se denigra a la socialdemócrata Unión Cívica Radical (UCR) que, pese a sus enormes diferencias, buscó apoyar al Gobierno: «El radicalismo vuelve otra vez a confirmar que solo sirven para ser las putitas del peronismo».

«Era a todas luces un dislate imaginar que el Congreso y los gobernadores iban a perpetrar un suicidio político concediéndole al presidente facultades amplísimas en todos los terrenos -económico, social, cultural- sin nada a cambio, ni siquiera el compromiso de que, al menos, algún rédito llegaría para sus arcas fiscales», escribió La Nación.

¿Y ahora? Hay dudas sobre si Milei dará el discurso que cada 1 de marzo el presidente pronuncia ante la Asamblea Legislativa para inaugurar el período de sesiones ordinarias. Y se perfila una apelación directa al pueblo saltándose a «la casta»: una consulta popular no vinculante, pero que sirva para arrinconar al Parlamento. Para celebrar un plebiscito se necesita que ambas cámaras del Congreso apoyen la convocatoria.

«Lo estamos evaluando», dijo este miércoles el portavoz presidencial, Manuel Adorni. «No vamos a permitir que frenen la Argentina del futuro».