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  • Directo Guerra Ucrania – Rusia, última hora

Andrei Volna había empezado a perder la fe en Rusia antes de que los tanques rusos entraran en Ucrania. Cuando eso ocurrió, la desilusión del cirujano superó el punto de no retorno y lo empujó a huir de su patria. A los 61 años, Volna dejó atrás su cómoda vida en Moscú junto a su familia, decidido a emplear sus conocimientos médicos para ayudar a los ucranianos.

«Es ante todo una decisión moral, ética. Queremos hacer todo lo posible para que Ucrania gane más rápido», explica el cirujano ortopédico en un hospital militar de Kiev. «Y solo dejaremos de vivir esta guerra cuando termine según los términos establecidos por Ucrania», afirma el médico de pelo canoso e indumentaria azul.

Cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó la invasión de Ucrania en febrero de 2022, muchos rusos se exiliaron temiendo la represión y el reclutamiento militar. Algunos, como Volna, que tiene orígenes ucranianos, decidieron prestar sus servicios al país vecino.

El cirujano llegó a Kiev en septiembre de 2023, tras haber obtenido un permiso de residencia en Estonia y la autorización para realizar misiones en Ucrania. Unas horas después de cruzar la frontera, vio un cortejo fúnebre militar. Su país «había matado a ese joven», cuenta llorando. Esa noche, observa por la ventana los destellos de un ataque de misiles rusos en Kiev y los asemeja a un atisbo de la «discoteca del diablo».

Antes de la guerra, este médico contrario a la política del Kremlin afirma que sufrió presiones para dejar su empleo en una clínica en 2016, tras pronunciarse en contra de la anexión por Rusia de la península ucraniana de Crimea.

También asegura que ayudó a aliados del opositor Alexei Navalni a determinar que había sido envenenado con el agente nervioso Novichok en 2020, aunque no se define como uno de sus partidarios. Finalmente decidió abandonar Moscú cuando algunos pacientes bien informados le advirtieron que las autoridades querían procesarlo en aplicación de leyes que prohíben cualquier crítica a la guerra.

Ahora trata principalmente a soldados ucranianos que sufren fracturas causadas por explosiones, lesiones similares a las de los mineros heridos por explosiones subterráneas que atendía al comienzo de su carrera en Siberia. Volna piensa a veces que «Dios» quizás lo «planificó todo» para que aquella experiencia le sirviese en Ucrania.

Sus opiniones políticas y el respeto de sus compañeros le ayudaron a ganarse la confianza de sus pacientes, a pesar de su nacionalidad. «Si no confiara en él, no estaría aquí», explica junto a otros militares convalecientes Mykola, un soldado ucraniano de 35 años cuya pierna quedó destrozada durante el asedio de Mariúpol en la primavera boreal de 2022.

Petro Nikitin, jefe del departamento de traumatología, ayudó a venir a Ucrania al cirujano ruso, a quien conoce desde hace más de diez años. «La primera vez que vino, entró directamente en el quirófano», recuerda.

Casi dos años después del inicio del conflicto, Andrei Volna confiesa que sigue sin comprender la decisión de Putin, alguien que «no tiene absolutamente ninguna empatía», de invadir Ucrania.

Pero el cirujano considera que los rusos son responsables por no haber sabido frenar al mandatario, un exagente del KGB soviético, y asegura que él mismo llevará esa carga «el resto de (su) vida». «Viví en Rusia durante 59 años. Hice todo lo que pude por Rusia», afirma. «Pensé que Rusia seguiría un camino europeo, pero Rusia tomó un camino fascista», lamenta. «Eso no es para mí. No es para mi familia».