«El periodismo no es un oficio de héroes o, al menos, no debería serlo», reflexionaba Carlos Dada, informador salvadoreño, fundador y director de El Faro, en una entrevista con motivo de la entrega del Premio Internacional de Periodismo de EL MUNDO. En un planeta cada vez más convulso, en el que la búsqueda de la verdad es más importante que nunca y, sin embargo, la persecución al que defiende esa libertad de prensa persiste, la heroicidad se convierte en una cualidad para los que ejercen el oficio en entornos hostiles.

Los organismos independientes que monitorean los asesinatos y hostigamientos contra periodistas alertan sobre la letalidad en las zonas de guerra. Hacía muchos años que no se registraban tantas muertes de periodistas en medio de enfrentamientos. Aunque la guerra de Ucrania se combate en un tamaño enorme con respecto a la de la Franja y lleva mucho más tiempo activa, casi dos años, no se han registrado las brutales cifras de reporteros muertos vistas en Gaza. Tampoco es que podamos decir que las fuerzas rusas tengan un gran respeto por los periodistas, ya que se conocen casos de reporteros abatidos en el frente, como Pierre Zakrzewski, camarógrafo de la cadena estadounidense Fox, perfectamente identificado como tal y asesinado a corta distancia, o Maks Levin, fotógrafo ucraniano ejecutado por soldados rusos, según una investigación de Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Hay una gran diferencia entre ambos conflictos: el de Ucrania frente al de la Franja permite a los informadores acercarse al peligro pero también alejarse de él a zonas más seguras, como la capital, aunque han sido deliberadamente atacados hoteles y restaurantes cerca del frente, como la pizzería Ria de Kramatorsk, habitual lugar de reunión y cena para los reporteros que trabajan en la zona del Donbás. En el bombardeo de este local murió la periodista ucraniana Victoria Amelina el 28 de junio. Poco después los rusos dispararon dos misiles balísticos contra el hotel Reikatz de Zaporiyia y otros dos contra el Hotel Druzhba, en Pokrovsk, otros dos establecimientos elegidos por la prensa para dormir.

En el lado ruso la situación del periodismo es mucho peor, no por la peligrosidad sino por la censura y el control de la propaganda. Los únicos autorizados a acceder al frente en las zonas ocupadas son los llamados «milbloguers», es decir, blogueros militares con poco o nada de reporteros pero mucho de propagandistas. En algunos casos, estos personajes aparecen en sus canales de Telegram disparando armas o ayudando a los soldados rusos a cargar sus cañones o sus misiles. Muy pocos cuentan algo parecido a la verdad, pero su estado de ánimo a veces sirve para saber en qué punto está la guerra. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha recompensado su lealtad metiéndolos en puestos destacados de sus listas electorales.

Los periodistas rusos que se atreven a informar se topan con el acoso. Ese freno encontraron Elena Milashina y María Ponomarenko. La primera destapó la persecución a los hombres gays en Chechenia, en 2018, y el pasado 4 de julio fue agredida en una visita a Grozni. La segunda fue condenada en febrero a seis años de privación de libertad en una colonia penitenciaria por una publicación en redes sobre el famoso ataque ruso al teatro de Mariupol. En las cárceles rusas se encuentra también el periodista del Wall Street JournalEvan Gershkovich, arrestado en marzo al ser acusado de espionaje. La Casa Blanca busca algún tipo de acuerdo con Moscú para lograr su liberación.

En total, desde el 24 de febrero de 2022, fecha de inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, al menos 21 profesionales de la información, incluyendo una disidente rusa, han muerto en Ucrania. Por eso llama la atención que en un territorio mucho más concentrado como en Gaza y en un tiempo mucho más reducido, menos de tres meses, mueran 63 profesionales por bombas o fuego de francotirador -de acuerdo a los datos de Reporteros Sin Fronteras-. ¿Es una exageración de Hamas, encargado de ofrecer ese tipo de datos a la prensa? No lo parece, porque la mayoría de ellos son profesionales ya conocidos, muchos de ellos colaboradores de medios internacionales. Entre las cuestiones que explican esa matanza de reporteros está el bombardeo habitual de las oficinas de prensa, conocidas por Israel a la perfección.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el número de periodistas muertos en 2023 en territorios en guerra es «casi dos veces superior al de los últimos tres años» y la gran amenaza de esta persecución es que se generen «zonas de silencio». Por su parte, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) cifra en 94 los reporteros muertos durante el ejercicio de su profesión este año y en un informe reciente pone especial atención a la guerra de Gaza, que «ha sido más mortífera que cualquier otro conflicto desde que la FIP comenzó a registrar las muertes de periodistas en acto de servicio en 1990″. Además, recogió un récord de periodistas encarcelados: 393. Una cifra que Reporteros Sin Fronteras eleva a 521.

Más allá de Ucrania y Gaza, que seguirán necesitando de la labor periodística en 2024, hay otros puntos negros en el planeta para los informadores. Ana Gómez Pérez-Nievas, responsable de prensa en Amnistía Internacional España, destaca lugares como China, Hong Kong, Birmania, Argelia, Líbano, Yemen, Afganistán, México, Azerbaiyán, El Salvador, Nicaragua, Rusia, Colombia y Marruecos.

El país liderado por Xi Jinping «se mantiene como la mayor cárcel de periodistas del mundo», como subraya el balance anual de RSF, seguido por Birmania y Bielorrusia. Fuera de este podio se encuentran en esta ocasión Irán y Turquía, lo que no significa que no sigan reprimiendo a los periodistas.

El Gobierno de Hong Kong «en su lucha sin cuartel contra el movimiento en favor de la democracia, procesó y encarceló a periodistas de prensa, radio y televisión y a responsables de editoriales, en aplicación de la Ley de Seguridad Nacional y otra legislación represiva», recuerda Gómez. El icono de esta batalla es el magnate Jimmy Lai -fundador de Apple Daily, que desapareció en junio de 2023-, que se encuentra en una prisión de máxima seguridad desde 2020 y en un estricto régimen de aislamiento de 23 horas al día. A mediados de diciembre arrancó el juicio contra el empresario, el cual genera mucha expectación.

La olvidada Birmania, donde un golpe de Estado en 2021 acabó con cualquier atisbo de democracia, es un territorio complicado para informar. La vigilancia es férrea. «Entre las más de 1.000 personas que fueron declaradas culpables a lo largo del año y condenadas incluso a muerte y a largos periodos de prisión con trabajos forzados figuraban periodistas», apunta la responsable de prensa en Amnistía. La ONG documentó dos informadores asesinados -uno de ellos era Aye Kyaw, quien cubrió las protestas contra la asonada, y murió bajo custodia el 30 de julio- y 74 trabajadores de medios detenidos.

La política cada vez más represiva de Aleksander Lukashenko coloca a Bielorrusia en el mencionado top 3 de RSF. Entre los casos más representativos de ese acoso se encuentra el de Andrzej Poczobut, periodista y bloguero polaco-bielorruso, considerado preso político. Fue condenado a ocho años de prisión por considerarse que «pidió acciones perjudiciales para la seguridad nacional de Bielorrusia» e «incitó al odio», informa Xavier Colás. Será su segunda Navidad en prisión. Poczobut escribía para Wyborcz.

Amnistía también rememora el caso de Abdou Semmar, condenado a muerte al ser acusado de espionaje y de difusión de información falsa, en Argelia, y los asesinatos de João Fernando Chamusse (Mozambique, 14 de diciembre), John Williams Ntwali (Ruanda, enero de 2023) y tres periodistas libaneses en el sur del Líbano.

No todas las historias de los defensores de la información tienen un final trágico. En Filipinas, la Premio Nobel de la Paz Maria Ressa fue absuelta y se retiraron los cargos que pesaban sobre ella por evasión fiscal. Aunque hay otras acusaciones contra ella, sigue ejerciendo el periodismo desde su sitio web Rappler. Al igual que criticó la gestión del Gobierno de Rodrigo Duterte, ahora hace investigaciones de la nueva era del presidente Marcos Jr.

Las ONG también siguen de cerca la situación del periodista marroquí Omar Radi. El Gobierno «lo ha mantenido 19 meses detenido en régimen de aislamiento y lo ha procesado por espionaje en relación con su actividad periodística, entre otras cosas. El periodista fue condenado anteriormente a seis años de cárcel por violación y espionaje tras un juicio manifiestamente injusto, cuyas deficiencias volvieron a repetirse de forma similar en la apelación», explica la responsable de prensa en Amnistía Internacional España.

El balance de 2023 de Reporteros Sin Fronteras permite, con todo, un resquicio de esperanza al exponer que hay una tendencia global a la baja de periodistas asesinados y encarcelados, a excepción de lo que está ocurriendo en Gaza. Por primera vez en cinco años, murieron mas profesionales en zonas de conflicto que en regiones en paz, según reza el informe de RSF. Y entre esos lugares supuestamente en paz en los que se continúa trabajando en un clima inseguro se sitúa México.

La deriva es preocupante en El Salvador, Nicaragua, Haití, Venezuela y Guatemala, naciones que aparecen en el informe de IDEA Internacional sobre el estado de la democracia en el conjunto de lugares donde se ha producido un declive democrático. Prueba de ello es que El Faro tuvo que trasladar su sede administrativa a Costa Rica y que el presidente Nayib Bukele busca la reelección en 2024.

Precisamente, la Unesco publicó en noviembre un informe en el que alertaba sobre la violencia contra los informadores durante la cobertura de procesos electorales: entre enero de 2019 y junio de 2022 se registraron 759 ataques en 70 países. Por la publicación de un análisis sobre la cita en las urnas de Argelia en 2024, Ihsane El Kadi fue condenado a cinco años de prisión.

La coyuntura actual hace saltar todas las alarmas pues el año 2024 estará cargado de elecciones -en más de 70 países los ciudadanos acudirán a votar- y los conflictos abiertos están lejos de concluir.