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Quién. El director de orquesta, pianista y cofundador en 1999 de la West-Eastern Orchestra donde tocan músicos israelíes y árabes.

Qué. El músico argentino ha condenado tanto los «bárbaros actos terroristas de Hamas» como «el asedio israelí a Gaza que constituye una política de castigo colectivo».

Por qué. Los músicos de su orquesta y los estudiantes de la Academia están casi todos directamente afectados por el conflicto.

Cuando se trata de Israel y Palestina, el pianista y director de orquesta Daniel Barenboim tiene mucho que decir. Lleva décadas defendiendo a través de la música que el único camino a la paz «no es la acción militar» sino «el humanismo, la justicia, la igualdad y el fin de la ocupación». Los acontecimientos ahora en Oriente Próximo, que sigue con «horror y enorme preocupación», han afianzado más que nunca su creencia.

«La situación empeora hasta límites inimaginables» y «la tragedia se prolongará durante mucho tiempo, pues hay muertos, rehenes, hogares destruidos y comunidades devastadas. Hay que dar cabida a emociones como el miedo, la desesperación y la ira, pero en el momento en que esto nos lleve a negar la humanidad de los demás, estaremos perdidos», advierte Barenboim. La pregunta es: «¿Y ahora qué? ¿Nos rendimos ante esta terrible violencia y dejamos morir nuestra lucha por la paz, o insistimos en que debe y puede haber paz?».

Él seguirá adelante. «No hay justificación para los bárbaros actos terroristas de Hamas contra civiles, pues se trata de un crimen indignante que condeno ferozmente», pero «el asedio israelí a Gaza constituye una política de castigo colectivo y es una violación de los derechos humanos», sostiene este judío universal, fundador y presidente de la Academia Barenboim-Said, culminación del trabajo conjunto que realizó con intelectual palestino Edward Said y por el que recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. «Cualquier análisis, cualquier ecuación moral que podamos elaborar, debe tener en su núcleo esta comprensión básica: hay personas en ambos bandos. La humanidad es universal, y el reconocimiento de esta verdad es el único camino a seguir. El sufrimiento de personas inocentes es absolutamente insoportable», afirma.

Para Barenboim, su amistad con Said fue clave para entender este conflicto de más de 70 años. Se ayudaron mutuamente a comprenderlo mejor a partir del humanismo, de ahí que «la West-Eastern Divan y su culminación en la Academia Barenboim-Said, sea probablemente la actividad más importante de mi vida», sostiene, refiriéndose a la creación en 1999 de la orquesta de jóvenes músicos israelíes y árabes. Puede parecer poca cosa, pero el mero hecho de que árabes e israelíes compartan podio en cada concierto y hagan música juntos tiene un valor inmenso.

Los músicos de la West-Eastern Divan y los estudiantes de la Academia Barenboim-Said están casi todos directamente afectados por el conflicto. Muchos viven en la región y otros tienen lazos con su tierra natal, pero no dejan que el mensaje de la guerra pase desapercibido. «El conflicto israelo-palestino no es un conflicto político entre dos Estados por las fronteras, el agua, el petróleo u otros recursos. Es un conflicto profundamente humano entre dos pueblos que han conocido el sufrimiento y la persecución», aclara el músico.

«El pueblo judío acariciaba un sueño: una tierra propia, una patria para todos los judíos». Pero de este sueño se derivaba un supuesto profundamente problemático: una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. La población judía de Palestina era sólo del 8% al final de la I Guerra Mundial, mientras que los palestinos representaban el 92%. El país difícilmente podía calificarse de «tierra sin pueblo», y la población palestina no veía razón alguna para renunciar a sus tierras. El conflicto era, pues, inevitable, y los frentes no han hecho sino endurecerse aún más con el paso de las generaciones», opina Barenboim, convencido de que «los israelíes tendrán seguridad cuando los palestinos puedan sentir esperanza, es decir, justicia».