• Latinoamérica El camino empinado de Gabriel Boric

En marzo de 2026, cuando su gobierno haya terminado, Gabriel Boric podrá quizás escribir sus memorias de cuatro años convulsos al frente de Chile. Si es sincero en lo que cuenta, ese libro servirá de valiosa enseñanza para muchos políticos, porque lo que el presidente chileno debió atravesar en pocos años no es precisamente lo habitual. ¿Su estado de ánimo actual? «Pelota al piso, humildad y mucho trabajo», sintetizó en metáfora futbolera.

El estallido social de octubre de 2019 encontró a Boric como combativo diputado de izquierda, pero pronto reveló un costado pragmático y negociador que lo llevó a acordar con el conservador Sebastián Piñera, al frente de La Moneda por entonces, para diseñar una salida a la explosiva situación política. La salida era una nueva Constitución, una demanda histórica de la izquierda, que no podía entender cómo el país seguía rigiéndose por un documento nacido en 1980 bajo los auspicios del dictador Augusto Pinochet.

Pero lo que entonces pareció una demanda transversal, apoyada en 2020 por el 80 por ciento de los votantes, en 2023 se convirtió en hartazgo. Nadie quiere oír hablar ya de cambio constitucional, y Boric, impulsor y víctima del proceso, tampoco. Necesita gobernar, necesita ocuparse de las cosas que importan de verdad a la gente.

«Con esto, durante este mandato, se cierra el proceso constitucional. Las urgencias son otras«, afirmó el mandatario de 37 años, que pretende enfocarse en combatir la creciente criminalidad urbana y en relanzar una economía estancada.

«Nuestro país seguirá con la Constitución vigente porque luego de dos propuestas constitucionales plebiscitadas, ninguna logró representar y unir a Chile en su hermosa diversidad», añadió el jefe de Estado, que llamó a que los extremos se sienten a dialogar. Si lo logra, habrá dado un gran paso en un Chile notablemente polarizado, pero en el que las formas y la educación entre los representantes políticos se mantienen a un nivel no habitual en la mayoría de los países de la región.

Mientras rehace su vida personal -se separó hace semanas de su pareja, Irina Karamanos-, Boric tiene el desafío de mantener unido el amplio y contradictorio conglomerado de la izquierda y de ofrecer una alternativa nítida ante una derecha desperdigada y en parte imprevisible tras el fracaso de José Antonio Kast en el plebiscito.