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El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha sacudido este fin de semana el tablero europeo al anunciar que se presentará como candidato por su partido, los liberales del MR, a las elecciones europeas de junio. Lo normal es que los políticos sean candidatos, y más en un año como 2024 que estará plagado de convocatorias en todo el planeta, y en especial en Bélgica. Pero las circunstancias hacen que la decisión de Michel, la primera vez que ocurre algo parecido desde que se creó el cargo, haya generado algunas dudas e inquietudes ante la posibilidad de que Viktor Orban acabe siendo el presidente ‘pro tempore’ del Consejo Europeo durante la segunda mitad del curso.

Michel fue elegido en el verano de 2019, mientras era primer ministro interino de Bélgica, en una larguísima y compleja cumbre que se prolongó cuatro días para la elección de los responsables del Consejo Europeo, la Comisión (Ursula von der Leyen), la Eurocámara (David Sassoli) el BCE (Christine Lagarde) y el Alto representante para la Política Exterior (Josep Borrell). Llegó al Consejo Europeo en diciembre de ese año, dejando el Ejecutivo belga para optar a un puesto mejor y seguro durante al menos dos años y medio, pero normalmente hasta cinco, y cediendo el testigo a una de sus ministras. Ahora no puede hacer lo mismo, pero los plazos se vueven complicados.

Se esperaba que estuviera hasta diciembre, pero su inesperada decisión la comunicó el sábado a última hora de la noche en la prensa belga y la ha explicado este domingo a un grupo de periodistas europeos, ante las numerosas críticas que se generaron inmediatamente. Su idea es presentarse a las elecciones mientras está en el cargo. Ante las dudas de si se puede ser un honest broker, un mediador imparcial como requiere su trabajo, Michel se defiende asegurando que cualquier primer ministro que busca la reelección tiene que ser líder y candidato simultáneamente. «Es lo que hice yo en el pasado, lo que hacen todos mis colegas. Hay una integridad, una honestidad intelectual, implícita», explica.

El riesgo de los plazos

El riesgo está en los plazos. Las elecciones serán entre el 6 y el 9 de junio. Inmediatamente los elegidos recogerán su acta, harán una serie de trámites y estarán listos para la primera sesión del Parlamento, que se espera que sea a mediados de julio. Así fue en 2019. Para entonces, Michel espera tener un sucesor nombrado por los 27. «He tomado la decisión para apoyar la legitimidad europea. Muchas veces recibimos críticas por la falta de legitimidad democrática de la UE. Tras cuatro años en un puesto donde se toman decisiones al máximo nivel es importante mostrar que damos la cara. Haré todo lo que pueda para defender mi visión, mis ideas para el futuro de la UE. Tenemos que reformarla, hacerla más soberana, más poderosa, y desde el Parlamento podrá hacerlo con más pasión», asegura.

«La primera sesión del Parlamento será mediados de julio; así es más fácil para el Consejo Europeo decidir y anticipar la posibilidad de que mi sucesor llegue a tiempo. Tras las elecciones europeas, las instituciones empezarán un nuevo ciclo», dice. El problema es que si los líderes de los 27 no pudieran ponerse de acuerdo a finales de junio, en la última cumbre ordinaria antes de la parada estival, habría lío. Michel no puede ser diputado y presidente del Consejo Europeo. Si toma el acta debe decir adiós. Y si los líderes de los 27 necesitan más tiempo y se van a julio, como ocurrió en 2019, o más allá, habrá un vacío. Y según las normas actuales, sería Viktor Oban el que cogiera la batuta.

El escenario es surrealista. Orban es el decano ahora mismo, pero no sería por llevar más tiempo que nadie, sino porque su país asume la Presidencia rotatoria de la Unión el 1 de julio, irónicamente después de Bélgica. Si para entonces no hay sucesor, que ya no tendría seis meses para prepararse para el cambio, como ha sucedido las últimas dos veces, sino apenas unos días, Orban presidiría las cumbres. Ha sido el líder que las ha boicoteado, obstaculizado, el que ha vetado dos veces las conclusiones en los últimos meses. El que impidió una decisión para actualizar el presupuesto de la UE y un mecanismo de apoyo financiero a Ucrania en la última cumbre de 2023. Y que se salió de la sala, en un gesto insólito, para que los demás aprobarán en su ausencia la apertura de negociaciones de adhesión con Ucrania y Moldavia.

Michel cree que eso no ocurrirá, pero se lava las manos y le dice a sus colegas que tienen tiempo más que suficiente para prepararse y evitar que eso sea así. «Ayer informé personalmente a los 27 líderes de mis planes. La mayoría reaccionaron positivamente, otros no lo han hecho porque ha habido muy poco tiempo», explica.

«No puedo anticipar la decisión del EUCO en junio. Si no quieren arriesgarse a que pueda quedar al mando Orban, es muy fácil; que tomen la decisión, así no habrá sorpresas, hay siete meses para eso. Además, la regla por la que Orban asumiría la responsabilidad al ser el presidente temporal del Consejo de la UE, se puede cambiar por mayoría simple antes de que llegue. El Parlamento Europeo hace muchos años hizo algo parecido para evitar que Le Pen estuviera al frente ante una reunión importante. De aquí a junio hay mucho tiempo para decidir sobre mi sucesión y la presidencia de la Comisión y el alto representante», añade.

Curiosamente, en su frase hay una mención no incluida: la presidencia del Parlamento Europeo, que ahora ostenta la maltesa conservadora Roberta Metsola. No es casual, ya que Michel no descarta poder acabar él mismo ahí. Sería una jugada también sin ningún precedente y que la Eurocámara se tomaría muy mal. Michel habla de legitimidad democrática, pero si al frente de la casa acabara alguien recién salido del Consejo Europeo, y nombrado directamente por los líderes, la provocación sería absoluta. El Parlamento lucha desde hace mucho para tener más peso, para de hecho que la presidencia de la Comisión se tenga que vincular directa e irremediablemente al resultado de las elecciones europeas, y que sólo el líder de cada familia política europea, nombrado antes de ellas, pueda ser designado. Pero eso ha sido rechazado sistemáticamente por el Consejo, que no tiene intención alguna de renunciar a los poderes que le dan los Tratados.

Paso a paso

«No quiero anticipar nada, paso a paso. La campaña no ha empezado, se verá en las siguientes semanas. Estoy totalmente comprometido. No procede hacer planes ahora. Quiero ser elegido en junio y después ya veremos… en política hay sorpresas, circunstancias, oportunidades a veces, veremos qué pasa. Estoy muy relajado. Empecé hace 20 años en Bélgica, he estado en muchas elecciones, siempre hay sorpresas. Veremos lo que pasa. Y hay negociaciones políticas para formar mayorías estables», responde crípticamente a las preguntas de este diario sobre si aspira a algo más que ser un eurodiputado raso. En el camino está el liderazgo de las fuerzas liberales (Renew), ahora en manos de un diputado de Emmanuel Macron. O la propia Presidencia, por descabellado que parezca.

Las mayorías estables de las que habla aluden también a un reparto de cargos que se antoja complicado. No es sólo el Consejo Europeo, la Comisión, el Alto representante o la presidencia de la Eurocámara, sino también la secretaría general de la OTAN, que se decidirá en una cumbre ese mismo verano. Hacen falta equilibrios de género, geográficos, poblaciones y políticos. Von der Leyen es la máxima favorita al frente de la Comisión, pero el resto sigue abierto. Michel es el primero que ha movido ficha, empezando a delimitar el tablero.