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El fentanilo, el opioide sintético 50 veces más potente que la heroína, está provocando la epidemia de drogas más mortífera en la historia de Estados Unidos. Pero también ha abierto en Washington otro nuevo frente de tensiones con China. ¿La razón? Los precursores químicos indispensables para fabricar fentanilo salen del gigante asiático.

En la provincia de Hubei, en el centro de China, hay varias empresas que cuentan con laboratorios que producen químicos en polvo, como la 4-piperidona, que acaban en manos de los carteles mexicanos de Jalisco y Sinaloa. Estos elaboran el producto final -fentanilo en pastillas, píldoras o en polvo- y lo cuelan en EEUU dentro de paquetes de comida o bolsas de juguetes.

El origen de esta cadena es lo que utiliza Washington ahora para señalar a China por una ola de opioides que ya es la principal causa de muerte entre los estadounidenses de entre 18 y 45 años.

El problema del fentanilo fue uno de los temas sobre la mesa durante la reunión en junio en Pekín que tuvieron el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, y el presidente chino, Xi Jinping. Ambos países, según Blinken, acordaron establecer un grupo de trabajo «en un intento por cerrar el flujo de los productos químicos que ayudan a alimentar esta crisis».

Para sorpresa en Pekín, apenas un par de días de aquel encuentro, el Departamento de Justicia de EEUU presentó cargos penales contra cuatro empresas chinas que fabrican los precursores químicos necesarios para fabricar fentanilo. Era la primera vez que Washington acusaba directamente a compañías de China de traficar con los químicos dentro de Estados Unidos.

Esta semana, los funcionarios estadounidenses volvieron a anunciar cargos penales contra ocho empresas chinas y 12 de sus ejecutivos fueron acusados de suministrar ilegalmente los productos químicos. «Sabemos quién es el responsable de envenenar al pueblo estadounidense con fentanilo. Y sabemos que esta cadena de suministro mundial de fentanilo, que termina con la muerte de estadounidenses, a menudo comienza con empresas químicas en China», soltó en rueda de prensa el fiscal general Merrick Garland.

Entre los ciudadanos chinos señalados esta semana se encuentran Wang Shucheng y Du Changgen, quienes habrían establecido empresas tapadera para mover productos farmacéuticos a nivel mundial. «Ellos han sido responsables de aproximadamente 900 kilos de precursores de fentanilo y metanfetamina incautados que fueron enviados a Estados Unidos y México», dijo el departamento estadounidense.

Este jueves, Pekín respondió diciendo que el problema de los opioides tenía «sus raíces» en Estados Unidos y que el Gobierno chino está «entre los primeros del mundo» en regular sustancias como el fentanilo. «Nos oponemos firmemente a las sanciones y persecuciones de Estados Unidos contra entidades e individuos chinos», reza un comunicado del Ministerio de Exteriores chino. «Imponer presión y sanciones no puede resolver los propios problemas de Estados Unidos y sólo creará obstáculos en la cooperación entre ambos países en materia de control de drogas», advierten.

Desde EEUU, para justificar las sanciones, han explicado que agentes encubiertos de la Administración para el Control de Drogas (DEA) compraron los productos químicos a vendedores en línea en China que anunciaban abiertamente su capacidad para eludir los controles estadounidenses mediante el uso de etiquetas de envío falsas. «El transportista envió 43 kilogramos de precursores químicos, suficientes para fabricar 15 millones de dosis de fentanilo», desveló Garland.

Antes de verano, la DEA contó que dos de sus agentes, haciéndose pasar por fabricantes de fentanilo, mantuvieron conversaciones con los ejecutivos de Amarvel Biotech, una empresa con sede en la ciudad china de Wuhan, capital de Hubei. Los agentes acordaron comprar 210 kilos de precursores a cambio del pago en criptomonedas.

Hace tres años, el escritor y periodista Ben Westhoff, publicó un libro, Fentanilo, Inc., en el que detallaba cómo los químicos que salen precisamente de Wuhan habían ayudado a provocar una epidemia mortal de opioides en EEUU. Westhoff explicaba que, después de que las sustancias relacionadas con el fentanilo se agregaron a la lista de estupefacientes controlados por las autoridades chinas en mayo de 2019, los vendedores se camuflaron más en complejas redes de entidades corporativas registradas de forma legal en ciudades del interior de China, como Wuhan, donde el escrutinio policial suele ser más laxo que en urbes más grandes como Pekín o Shanghai.