• G-20 Lula asegura que Putin no será arrestado si acude a la próxima cumbre en Brasil
  • India El momento del nacionalista Narendra Modi

La India lleva todo el año capitaneando un gran festival diplomático: más de 200 reuniones de las delegaciones internacionales celebradas en 60 ciudades por todo el país para culminar con una cumbre final en una caótica capital que ha reunido durante tres días a jefes de Estado de más de 40 países. El G-20 concluyó este domingo en Nueva Delhi tratando de aparentar por escrito una imagen de unidad que no refleja una realidad global fragmentada por bloques cada vez más marcados.

En sus orígenes, el grupo de líderes empujó a la economía global a salir de una peligrosa crisis financiera asiática y prometió que un nuevo orden mundial estaría regido por la cooperación internacional. Pero la fotografía actual está dominada por una nueva guerra fría entre las dos superpotencias, Estados Unidos y China, y la confrontación entre Moscú y Occidente tras la invasión rusa de Ucrania.

Las grandes democracias pierden influencia en África, Oriente Medio y Latinoamérica frente a regímenes autoritarios como el de Pekín. Mientras, el Sur Global, donde están encuadrados los países en desarrollo, se mueve en varios frentes demandando más atención y voz en los encajes de la gobernanza global.

Para el presidente Joe Biden, la ausencia en Delhi de su homólogo chino Xi Jinping ha sido una buena oportunidad para acaparar el protagonismo de la cumbre, o al menos compartirlo con el anfitrión Narendra Modi, primer ministro de India. Biden ha aprovechado para presentar una ambiciosa agenda con nuevos acuerdos de financiación para los países de bajos ingresos y un mega proyecto de infraestructuras (un corredor marítimo y ferroviario que conecte a la India con Oriente Medio) que busca contrarrestar la nueva Ruta de la Seda promovida por Pekín en un momento además en el que los socios árabes tradicionales de EEUU están profundizando sus vínculos con China.

La cumbre de líderes deja un sabor de boca agridulce. Hubo buenas palabras, pero pocos compromisos rompedores. Modi celebró como una victoria personal el haber logrado, como anfitrión y gran equilibrista en los juegos de poder, un consenso para que todos sus colegas pusieran su firma en una declaración final que ha sido criticada por su contenido vacío y recurrente en cuestiones de cambio climático.

Pero el documento ha hecho más ruido por el apartado en el que recoge la postura sobre la invasión rusa de Ucrania: aborda el impacto económico de la guerra y reitera el apoyo a la resolución de la ONU que se opone a la agresión de Rusia, pero no condena el ataque después de que el Kremlin, con el apoyo de Pekín, rechazara el lenguaje que culpaba a Rusia del conflicto.

Ante las amenazas de Moscú de bloquear por primera vez el documento final en una cumbre del G-20 si no se recogía su postura, las delegaciones están satisfechas con el acuerdo a pesar de que desvela una división mayor respecto a un apoyo incondicional a Kiev. También es un golpe a la influencia de los países occidentales, que han intentado sin éxito que el resto se sume a una condena más contundente contra Rusia.

Pero de cara a la galería, países como Estados Unidos han elogiado una declaración que «hace un muy buen trabajo al defender el principio de que los estados no pueden usar la fuerza para buscar adquisiciones territoriales o violar la integridad territorial de otros estados», dijo el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan.

El ministro Exteriores ruso, Serguei Lavrov, también calificó la cumbre de la India como un éxito y dijo que, debido a la posición consolidada de los países del Sur Global, Rusia logró garantizar que la agenda del G-20 no se viera eclipsada por el conflicto en Ucrania.

«Pudimos neutralizar los esfuerzos de Occidente de ucranizar la agenda de la cumbre», presumió Lavrov. En Kiev, en cambio, no estaban tan contentos. El Gobierno de Volodímir Zelenski manifestó que el «G-20 no tiene nada de lo que enorgullecerse».

La presencia de China en Delhi, a pesar de su gran peso geopolítico, pasó desapercibida por la ausencia de Xi Jinping. Pero fuentes diplomáticas de las delegaciones europeas cuentan que están sorprendidas por lo «participativo» que ha estado el enviado de Pekín, el primer ministro Li Qiang, quien «ha remado en la misma dirección que Occidente» en las propuestas para luchar contra el cambio climático y apoyar más a los países en desarrollo. Incluso la delegación china, aseguran fuentes europeas, después de presionar junto a Moscú para rebajar el tono sobre la guerra en Ucrania en la declaración final, habría mediado con su aliado ruso para que este acabara cediendo y estampando su firma.

La cumbre culminó con Modi pasando el testigo al brasileño Lula da Silva, quien será el anfitrión de la cumbre del G-20 el año que viene en Río de Janeiro. Lula hizo un guiño inesperado a Putin, ausente en Delhi, asegurando que no será arrestado si decide viajar a Brasil. La Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de detención contra Putin en marzo, acusándolo de crímenes de guerra. El CPI salió de una hoja de ruta adoptada en 1998 en el Estatuto de Roma, del que Brasil es signatario.