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Ecuador despertó hoy con alivio tras los mensajes de unidad y no confrontación lanzados en la noche por el presidente electo, el centrista Daniel Noboa, y la derrotada Luisa González, abanderada de la Revolución Ciudadana. «Hemos hecho historia, las familias eligieron el Nuevo Ecuador, un país con seguridad y empleo. Vamos por un país de realidades donde las sorpresas no se queden en campaña y la corrupción se castigue», destacó el presidente más joven de las Américas, 35 años, frente a los 37 del chileno Gabriel Boric o los 42 del salvadoreño Nayib Bukele.

Los resultados en las urnas casi fotocopiaron los obtenidos en 2021 por el actual presidente, Guillermo Lasso, frente al correísmo. Con casi el 98% de los votos escrutados, Noboa se quedó con el 51,99% de los apoyos frente al 48,01% de su rival. Casi cuatro puntos en comparación al 4,7% obtenido por el banquero conservador, que no ha podido completar su legislatura ante el acoso del narcotráfico y de la oposición.

Noboa no tiene tiempo que perder ante el año y medio lleno de desafíos por delante. Hoy mismo se reunirá con Lasso en el Palacio de Carondelet para diseñar una transición exprés, que se completará a mediados de diciembre con su juramentación. Avalado por su sorprendente triunfo y por los aires nuevos que ya se respiran en su país tiene como primer reto consolidar una mayoría en el Parlamento que tanto hizo sufrir al actual primer mandatario.

De momento, hasta los correístas le han ofrecido cierto apoyo, tras la mano abierta de González, «porque el Ecuador necesita estar unido». Otra cosa muy distinta es lo que piensa el gran derrotado del proceso electoral, el expresidente Rafael Correa, quien tardó más que nadie en reconocer los resultados y lo hizo a regañadientes, marca de la casa: «Esta vez no lo logramos. Enfrentamos poderes enormes. Hasta se asesinó a un candidato para evitar nuestra victoria».

La hoja de ruta preparada desde el refugio en Bélgica del expresidente ha saltado hecha añicos. Ya no habrá Asamblea Constituyente para forzar su regreso por la puerta grande y un indulto que redima su condena a siete años de cárcel por corrupción. Tampoco será el candidato en 2025, tal y como pretendía. Uno de los grandes dinosaurios de la política latinoamericana seguirá esperando una oportunidad para recuperar el poder que tanto añora.

Segunda derrota consecutiva que en realidad son tres, porque Lenín Moreno comenzó a desmarcarse de su antiguo jefe político en la misma campaña electoral que lo elevó al poder en 2017. Sin ese distanciamiento progresista de Moreno frente a las fórmulas revolucionarias de Correa, uno de los asesores principales de Nicolás Maduro, no se habría impuesto en esas elecciones.

Pese a haber teledirigido desde el exterior a su candidata, Correa no ha sabido responder a los golpes de efecto del outsider Noboa, quien ha crecido 50 puntos desde los días previos a la primera vuelta hasta las elecciones del domingo. Un estirón histórico y digno de estudio que ya forma parte de la politología electoral del continente.

«¿Quo vadis, correísmo? Empieza el cisma en la tienda revolucionaria. Algunos empezarán sus propios proyectos por fuera de la esfera del líder. Otros simplemente se decantarán de una apuesta estéril. Quedarán los más leales, atentos para la nueva contienda», vaticinó tras conocer los resultados el analista Matías Abad.

TRANSICIÓN RÁPIDA

Por su parte, el presidente electo de Ecuador apenas disfrutará de unas horas para celebrar su triunfo. Noboa iniciará hoy mismo una carrera contrarreloj de año y medio, el tiempo del que dispone para demostrar que es capaz de comandar el cambio deseado para llegar con ventaja a las presidenciales de 2025, a las que quiere concurrir. Y ganar para culminar su proyecto.

El primer objetivo es evidente, causa-efecto del adelanto electoral: la construcción de alianzas en la Asamblea Nacional. La ruptura del pacto entre Lasso y el Partido Social Cristiano (PSC), su aliado electoral, y el asedio del bloque revolucionario dejó en minoría al bloque gubernamental y embarró cada uno de sus movimientos legislativos.

La bancada de la Alianza Democrática Nacional (ADN) parte en principio con sólo 13 escaños, a falta de cómo funcionen movimientos de última hora antes de la juramentación parlamentaria de diciembre. El PSC, que apoya a Noboa, cuenta con 17 miembros, y Construye, que acompañó al asesinado Fernando Villavicencio y su reemplazante, Christian Zurita, roza los 30. Fuerzas cercanas, como los diputados del ex vicepresidente Otto Sonnenholzner o los de Izquierda Democrática, también parecen dispuestos a reforzar al bloque gubernamental. De cómo negocie Daniel Noboa estos acuerdos dependerá la fortaleza o fragilidad del navio presidencial ante la tormenta nacional de un país aplastado por la violencia.