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Daniel Ortega no tiene freno en el objetivo de convertir a su país en la Corea del Norte de Centroamérica, basado en el control social total y despótico, aislado del exterior y sin ninguna voz que le pueda reclamar en el interior. La última víctima de su deriva dictatorial es monseñor Isidoro del Carmen Mora, obispo de Suina, en la región Atlántica Norte, que cometió el «error» de anunciar a sus feligreses que la Conferencia Episcopal Nicaragüense (CEN) permanecía en oración por el obispo rebelde, Rolando Álvarez, encarcelado desde hace 16 meses.

«Estamos siempre unidos orando por esta amada diócesis de Matagalpa, orando por monseñor Orlando, orando por el caminar de cada uno de ustedes. Estamos unidos en oración, en comunión, en fe, en amor y en ternura», entonó el martes monseñor Mora durante la misa en celebración de la fundación canónica en la catedral de San Pedro de Matagalpa, la diócesis que encabezaba el obispo rebelde antes de ser detenido el año pasado.

Fuentes religiosas consultadas por EL MUNDO aseguraron desconocer cuál era el destino ordenado para el obispo por el régimen sandinista en plena Navidad, y si iba a recobrar la libertad en unas horas.

«¡Exigimos la libertad de monseñor Isidoro Mora!», profirió el ex candidato presidencial Félix Maradiaga, uno de los 222 presos políticos desterrados este año a Estados Unidos. Una docena de sacerdotes católicos también fueron desterrados a Roma en octubre. En ambas oportunidades, el obispo rebelde se negó a abandonar su país.

Pese a que las cárceles nicas se vaciaron con los destierros masivos de este año, ya son al menos 100 prisioneros políticos los que permanecen en las mazmorras de Daniel Ortega y de su mujer, la copresidenta Rosario Murillo.

Esta misma semana, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) hizo público su abandono forzado del país centroamericano tras la embestida revolucionaria, que ya suprimió la Cruz Roja local para imponer un ente llamado Cruz Blanca de Nicaragua. Desde que empezara en 2018 el acoso y derribo contra organizaciones y universidades son ya más de 3.500 las que han acabado expulsadas del país o clausuradas. Entre ellas 342 organizaciones religiosas, la mayoría (256) asociaciones evangélicas, además de 43 católicas.

Una vez hostigada y perseguida la oposición y las organizaciones de la sociedad civil era la Iglesia Católica el poder real con más prestigio entre los nicas, lo que ha provocado una radicalización del oficialismo en su contra. Y no solo contra su clero y sus seguidores, también contra su estructura económica. El pasado lunes fueron condenados varios trabajadores de Caritas, acusados de lavado de dinero.

El año cierra con 275 ataques de la dictadura en contra de la Iglesia Católica, pese a los llamamientos del papa. Francisco provocó la ira de la pareja presidencial al calificar a su régimen como una «dictadura grosera», que le recordaba a las dictaduras comunistas.