El presidente de Estados Unidos, Joe Biden , alcanzó el viernes un acuerdo de carácter militar y económico con Japón y Corea del Sur que, sin constituir una OTAN en el Pacífico, supone un paso importante para consolidar una alianza frente a la amenaza china y norcoreana en la región. Biden reunió por primera vez en Camp David al primer ministro japonés, Fumio Kishida, y su homólogo coreano, Yoon Suk Yeol, para ratificar un compromiso de seguridad que llevará a los tres países a consultarse entre sí en caso de una crisis o amenaza de seguridad en el Pacífico, según funcionarios de la administración de Biden.

La obligación de compartir información ante cualquier situación de crisis pretende reconocer que los tres países comparten «entornos de seguridad fundamentalmente interrelacionados» y que una amenaza para una de las naciones es «una amenaza para todos», de acuerdo a las mismas fuentes citadas por la agencia AP.

Se trata de un acuerdo que se antojaba inviable antes de que estallara la guerra en Ucrania. Pero la orden de Vladimir Putin de invadir el país vecino en febrero de 2022 alteró por completo el tablero diplomático internacional, dando alas a China para amenazar la soberanía taiwanesa y desatando temores en EEUU y Europa sobre una posible entente entre China, Rusia y Corea del Norte, todas ellas potencias nucleares.

El acuerdo entre EEUU, Japón y Corea del Sur tiene ahora más sentido que nunca en caso de que este escenario de «neo Guerra Fría», como lo ha descrito Kim Jong-un, el líder norcoreano, se vaya agravando con el tiempo, y más con la constante amenaza de las pruebas nucleares de Pyongyang. De ahí la satisfacción de Biden tras apuntarse el tanto de un acuerdo semejante.

«Fortalecer los lazos entre nuestras democracias ha sido durante mucho tiempo una prioridad para mí, desde que era vicepresidente de Estados Unidos», dijo el demócrata a ambos líderes asiáticos en una sesión previa a la reunión. «Eso es porque nuestros países y el mundo estarían más seguros» de mantener el acuerdo que acaban de ratificar, agradeciendo la «valentía política» que les ha llevado a aceptar la reunión en Washington tras décadas de enemistad y enfrentamientos entre ambas naciones asiáticas.

De fondo, las tres décadas y media de ocupación japonesa de la península coreana – de 1910 a 1945 – que han marcado las relaciones entre Tokyo y Seúl de las últimas décadas. Biden no ha dudado en aprovechar el giro que parece haber dado el líder coreano para enterrar viejas rencillas y buscar una alianza frente al creciente dominio chino en la región. Tanto Yoon como Kishida coincidieron en señalar que se trata de un encuentro de carácter histórico para las tres naciones. «Esto significa que de hecho estamos escribiendo una nueva historia hoy», señaló el mandatario nipón.

La reacción china no se hizo esperar. Antes incluso de que comenzara la reunión en Washington, Beijing se pronunció sobre un acuerdo que considera «impopular y definitivamente despertará vigilancia y oposición en los países de la región», en palabras del portavoz de Exteriores chino, Wang Wenbin. «La comunidad internacional tiene su propio juicio sobre quién está creando contradicciones y aumentando las tensiones«, añadió. Sin embargo, el asesor de Seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan, se apresuró a aclarar que no se trata «explícitamente de una OTAN del Pacífico» ni un acuerdo «contra nadie» en particular.

No es casualidad que Biden se haya decantado por Camp David para esta reunión a tres bandas. En ese complejo vacacional, reservado tradicionalmente para los fines de semana del presidente de Estados Unidos y su familia, se han celebrado cumbres de carácter histórico en el pasado. Winston Churchill fue el primer invitado en 1943, cuando la Casa Blanca era el dominio de Franklin D. Roosevelt. Se fueron juntos a pescar en uno de los ríos cercanos. Años después, en el 78, Jimmy Carter lograría un acuerdo de paz histórico entre Egipto e Israel tras dos semanas de negociaciones – conocido como los acuerdos de Camp David – y Bill Clinton intentó sin éxito algo similar con los líderes de Israel y Palestina de entonces, Ehud Barak y Yasser Arafat.

Roosevelt lo convirtió en su particular «Shangri-La», una suerte de retiro espiritual a imagen y semejanza de su residencia de invierno en Warm Springs, Georgia, renombrada en honor de su nieto, David. La última vez que se usó para recibir a un líder foráneo fue hace ocho años, cuando Barack Obama era el presidente. Ahora Biden quiere recuperar una tradición que podría darle resultados prometedores de futuro frente a la amenaza del gigante chino.