El 'caso Ofarim' o cómo el ego debilitó la lucha contra el antisemitismo

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Quién. El músico judío de 41 años denuncia el trato discriminatorio que recibió por parte del personal de recepción del hotel The Westin, en la ciudad de Leipzig.

Qué. Se descubre que todo fue mentira y se le acusa de difamación y falsas acusaciones por un vídeo publicado hace dos años en Instagram en el que daba muestra del incidente.

Por qué. Su versión se desmorona y pide disculpas, pero ya es demasiado tarde.

Ha sido el juicio del siglo. Cada gesto del acusado, cada frase del presidente del tribunal, cada réplica de los cuatro abogados defensores, cada detalle de las declaraciones de los testigos saltaba inmediatamente a los medios y a las redes sociales. La reciente sentencia del Tribunal Constitucional contra las artimañas presupuestarias del Gobierno del canciller Olaf Scholz no tuvo tanto eco, no despertó la voracidad de los alemanes.

Pero quien piense que en el banquillo se sentaba un asesino de masas, un ex nazi, un pedófilo o jefe de Estado corrupto, se equivoca. En el banquillo estaba el músico judío Gil Ofarim, de 41 años. Se le acusaba de difamación y falsas acusaciones por un vídeo publicado hace dos años en Instagram en el que acusaba al personal de recepción del hotel The Westin, en Leipzig, de discriminación antisemita.

Al parecer, cuando Ofarim, intentó hacer el ‘check in’, el gerente Markus W. le rechazó y le pidió -según la visión del cantante- que se «guardara» su collar con la estrella de David. Ofarim, ofendido, grabó un vídeo narrando lo sucedido y cuatro millones de seguidores le dieron clic.

La indignación nacional se extendió a los círculos gubernamentales de Berlín. El hotel fue visto como un refugio para racistas, su director fue criticado públicamente en las redes sociales y el recepcionista despedido. Además se publicó su dirección en internet y recibió amenazas de muerte.

El comisario de Antisemitismo del Gobierno, Felix Klein, expresó sus condolencias a Ofarim, la ministra de Educación de Schleswig-Holstein, Karin Prien, exigió inmediatamente «consecuencias personales» y el Comisario del Gobierno Federal para Alemania Oriental, Marco Wanderwitz animó a la sociedad a levantarse contra «el antisemitismo que está entre nosotros».

El juicio arrancó con espectáculo. El abogado defensor de Ofarim, Alexander Stevens, abrió su intervención con un alegato de casi una hora, cuando lo normal son entre cinco y 10 minutos. Stevens, habló sobre el tema de la «verdad» como si estuviera en el púlpito. Comparó el ‘caso Ofarim’ con los clásicos casos ‘Me too’, y, lógicamente, habló de antisemitismo.

Pero la versión de su cliente se fue desmoronando. Los cuatro abogados de Ofarim intentaron desacreditar a los testigos de la acusación como poco fiables con acusaciones a veces escandalosas, hasta que hablaron los peritos.

Las cámaras de vigilancia del hotel habían documentado los gestos de enfado del músico, pero los expertos no pudieron confirmar que el cantante llevara en ese momento la cadena con la estrella de David, que sí colgaba de su cuello al grabar el vídeo. El resentimiento antisemita se evaporó. Se imponía la hipótesis de que Ofarim decidió hacer valer su condición de judío para acusar al hotel de antisemitismo por la sencilla razón de que la recepción no le dio un trato VIP permitiéndole saltarse la cola para hacer el ‘check in’. Lo que le dolió fue su ego.

Para Ofarim, el resultado del juicio ha sido un desastre moral. Antes de que se leyera sentencia, reconoció haberse inventado el incidente en el hotel y pidió disculpas. El escándalo fue mayúsculo. Los políticos que lanzaron a su favor la piedra escondieron la mano y la comunidad judía le acusó de haber debilitado la lucha contra el antisemitismo. Para intentar arreglarlo, los abogados de Ofarim, explicaron que éste decidió confesar para evitar una sentencia injusta. Lo empeoraron.