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En Tremelo, una municipalidad del Brabante Flamenco, llevan 30 años soñando con una visita del Papa. Es un sitio pequeño, de menos de 15.000 habitantes y sin ningún monumento, pero allí nació el padre Damien, un mártir de la caridad que cuidó de los leprosos en Hawái hasta morir contagiado en 1989, y que fue canonizado en 2009. En 1994, Juan Pablo II tenía prevista una parada durante su visita oficial a Bélgica, pero se rompió el fémur. Y al venir en 1995 ya no pasó por Bruselas, dejando una decepción enorme que no han superado todavía. Por eso, cuando el alcalde se enteró de que Bergoglio estaba planeando venir de nuevo, se empezaron a movilizar para que, ahora sí, Tremelo sea uno de los hitos.

El viaje está siendo un asunto de enorme actualidad en Bélgica, pero por razones muy desagradables., Francisco fue invitado por los reyes durante una audiencia en el Vaticano, y por los rectores, pues una de las perchas será el 600 aniversario de la Universidad Católica de Lovaina. Pero también ayudan los muchos lazos que el jesuita argentino ha forjado a lo largo del tiempo con colegas flamencos y valones. Es un país que ama.

El problema, claro, son los abusos sexuales a cientos de niños. En septiembre, un documental titulado Godvergeten (Dejado de la mano de Dios) agitó las aguas y no se han vuelto a calmar. La serie, que cuenta tanto los abusos como los encubrimientos masivos a lo largo de décadas, desencadenó una investigación parlamentaria y redadas. También multiplicó las peticiones para que las autoridades federales de Bélgica dejen de pagar los salarios de los ministros de religión, que incluyen no sólo a los sacerdotes y diáconos sino también a los laicos nombrados por los obispos.

Pero, sobre todo, la serie ha reavivado uno de los casos más dolorosos e inexplicables, el del obispo Roger Vangheluwe de Brujas, quien fue apartado en 2010 después de admitir haber abusado sexualmente de su sobrino. De varios sobrinos. Las autoridades han pedido una y otra vez a Roma que despoje a Vangheluwe de su título y del derecho a oficiar misa, pero no ha ocurrido. El propio primer ministro, Alexander de Croo, lo reiteró hace apenas unos días tras reunirse con el nuncio apostólico. «Una vez más he instado al Vaticano a retirar el título el obispo Roger Vangheluwe. Es muy importante para las víctimas», avisó. Y nada.

Hay en Roma un muro de silencio y complicidad. Cuando Francisco apareció por primera vez en la plaza de San Pedro al ser elegido, estaba acompañado del cardenal belga Godfried Danneels, muy cercano. Existe un audio en el que Danneels, ya fallecido, presionaba al joven abusado una y otra vez para que no acusara a su tío. En una reciente comparecencia en el Parlamento, el secretario de la Conferencia Episcopal, que ha pedido también que se tomen medidas más duras, fue claro: «Será difícil para el Papa Francisco tener una visita pacífica a nuestro país si no hay claridad sobre este asunto», apuntó exigiendo que haya también un tiempo dedicado a reunirse con las víctimas de los abusos.

El prelado, que tiene 87 años, lleva tres lustros apartado y viviendo en una comunidad francesa. Ha recibido diferentes presiones para que renuncie, facilitando acabar la crisis y cerrar heridas. Pero es demasiado tarde. Pedir perdón sirve de poco si todo queda en palabras.