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Mientras las democracias buscan soluciones, las dictaduras encuentran culpables. La fiesta casi desnudos a la que acudieron el mes pasado algunos de los principales famosos del país sigue dando dolores de cabeza a sus más osados participantes, señalados como los traidores del país en tiempos bélicos: multas, arrestos y hasta citaciones de la oficina de reclutamiento simplemente por lucir cuerpo en un evento privado.

Mientras Rusia sigue castigando a sus vecinos ucranianos con ataques aéreos diarios, los rusos asisten al martirio del dueño del taparrabos más rudimentario y famoso del país. Las autoridades han entregado una citación militar al rapero que asistió vistiendo como única prenda un calcetín en el pene. Nikolai Vasilyev —alias Vacio— tuvo que pasar 25 días en el calabozo tras ser declarado culpable de vandalismo y difusión de «propaganda gay».

El rapero no se enfrenta a la amenaza de servir en el ejército gracias a «motivos de salud», pues no ha superado el examen médico-militar en su Ekaterimburgo natal. Pero puede ser enviado a servir en la unidad musical del ejército ruso, formando parte de la banda militar, según informa el canal Mash, que presenta el castigo como «una oferta bastante tentadora», pues podría «volver a casa todos los fines de semana y [tendría] un salario inicial de 60.000 rublos [unos 619 euros]». La cantidad le vendrá bien para pagar los más de 2.000 euros de multa.

Los cargos que afronta el rapero más desgraciado de Rusia son bastante graves. Recientemente la Corte Suprema de Rusia designó al llamado «movimiento LGBTi internacional» como una organización «extremista» prohibida. Esto implica que, si es declarado culpable, se expone a pasar años en una prisión. Vasiliev se ha defendido: «No soy un representante LGBTi y nunca lo he sido», dijo a los que le visitaron en el calabozo, donde pasó las vacaciones navideñas de Rusia cumpliendo dos arrestos casi consecutivos.

Durante ese aperitivo de celda, Vasiliev se arrepintió de sus acciones y dijo que estaba dispuesto a unirse al ejército para expiar su culpa. El artista admitió que simplemente estaba persiguiendo la atención del público en aquel desdichado evento repleto de estrellas: «Quería destacar más que los demás, sobreestimé mis capacidades y no pensé en cómo esto podría ser interpretado por el público».

Según el abogado Sergei Zhorin, la presión que está recibiendo tanto Vasiliev como otras estrellas es desmesurada en comparación con la chiquillada que cometieron.

La presentadora de televisión y bloguera Anastasia Ivleeva, que organizó esta farra privada el pasado 21 de diciembre, fue demandada por valor de 1.000 millones de rublos (10,3 millones de euros) por haber causado «sufrimiento moral». Después, en San Petersburgo se registró otra demanda por una cantidad casi idéntica contra Ivleeva y otras cinco celebridades por motivos similares: «Sufrimiento moral y físico, desesperanza, fatalidad, miedo al futuro (…) de Rusia».

Todos los señalados están sentenciados desde el momento en el que el presidente ruso, Vladimir Putin, se enfadó al ver las imágenes de la fiesta. Por si quedaba alguna duda, esta semana alabó a los soldados rusos comparándolos con otros civiles que andan «saltando sin pantalones en alguna fiesta». Una indirecta que va a resultar letal para estos cachorros desviados del putinismo.