De heroína de la revolución a perseguida. El juicio por desobediencia contra la académica e historiadora Alina Bárbara López ha terminado hoy en Matanzas con el resultado preestablecido por el régimen castrista: culpable. La intelectual, de conocido prestigio dentro de la izquierda cubana durante años, se ha desmarcado claramente de la revolución en la que creyó, lo que le ha costado la condena en uno de esos juicios sumarios y teledirigidos que forman parte de la historia de más seis décadas de dictadura.

«En Cuba estamos viviendo dentro de una cárcel donde las personas son amenazadas, chantajeadas, violentadas de forma arbitraria. Es una aberración lo que está pasando en Cuba, es importante que se denuncie. Es terrorismo de Estado. Y lo dice una persona que no milita en ninguna organización política o opositora. Yo soy una intelectual que llevo años analizando, escribiendo, argumentando, miembro de la Academia de Historia de Cuba, editora premiada y reconocida. Soy una persona decente y mire lo sucedido. ¿Imagina usted los presos que están en las cárceles cubanas que nadie los conoce, de familias pobres, sin contactos ni visibilidad? No quiero ni imaginarlo», describió Alina Bárbara López a EL MUNDO minutos después de su condena.

El caso de Alina Bárbara López demuestra la impunidad con que se manejan las autoridades revolucionarias, ya que la intelectual participó en mayo en el encuentro privado que Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea (UE), sostuvo con un grupo de la sociedad civil cubana. La «peligrosidad política» de la académica, como denunció la organización Prisoners Defenders, provocó una «persecución feroz» que derivó en las acusaciones por desobediencia.

«Mi contacto con Borrell fue el 25 de mayo y el 28 ya estaba regulada (calificativo que se adjudica a las personas a las que se le impide entrar o salir de la isla). Fui a sacar el pasaporte porque estaba invitada como académica a un evento en EEUU de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana. Protesté por ello y es entonces cuando empiezan con esta política de hostilidad», detalló López a EL MUNDO.

«Mi delito ha sido hacer uso de la libertad de expresión y del derecho a la manifestación pacífica. La exclusión por motivos políticos y la censura en Cuba no son nuevos. Pero tras el 11J (rebelión popular del 11 de julio de 2021) se ha recrudecido la represión y de las diversas formas de pensamiento crítico. Los intelectuales que nos atrevemos a disentir desde cualquier postura ideológica hemos recibido diversas formas de represión», constató la académica de la Historia antes de que comenzara su juicio.

Las detenciones ilegales, interrogatorios, presiones y chantajes familiares forman parte del acoso sistemático contra la disidencia, además del «asesinato de reputación» en los medios estatales, aseguró la intelectual. «En Cuba hoy para ser reprimido no hace falta conspirar», constató.

La condena sucede además tras la polémica visita a la isla de Eamon Gilmore, representante especial de la UE para los derechos humanos, quien no sólo se reunió con las autoridades, sino también con familiares de los presos políticos. En la actualidad, según las investigaciones de Prisoners Defenders, 1.062 presos políticos, de los que 118 son mujeres, permanecen en las mazmorras cubanas, pese a que la versión oficial trasladada a Gilmore es que no existe ni uno solo en la isla.