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La Cumbre del G-77+China, que se cerró este sábado en La Habana, fue una suerte de ensayo general para lo que pretende ser la semana próxima una acción coordinada de varios países en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). Todo, ante la presencia y en muchos aspectos el apoyo del secretario general de la organización, el portugués Antonio Guterres.

«En este momento la voz del Sur Global es indispensable para que se hagan las reformas profundas necesarias en la arquitectura financiera internacional. Tenemos instituciones que fueron creadas después de la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los países que están aquí no existían en ese momento y no tuvieron voz», dijo Guterres en una entrevista con Prensa Latina, la agencia oficial de noticias del régimen cubano.

La Cumbre dirigida por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, tuvo como lema Ciencia, tecnología e innovación al servicio del desarrollo, algo que Guterres, ex jefe del Gobierno portugués, considera sumamente importante.

«Si miramos la brecha digital, en los países del norte todo el mundo dispone de acceso a Internet, mientras que en los países del sur hay mucha gente que no lo tiene. En el caso de las vacunas (contra el Covid), la innovación tecnológica estaba en el Gran Norte y las vacunas no fueron distribuidas de forma igualitaria por todo el mundo. Cuando vemos la Inteligencia Artificial, la inversión se concentra en un pequeño grupo de países, sobre todo los del norte, y los beneficios muy importantes que pueden salir de la ciencia y la tecnología en esas áreas pueden incrementar dramáticamente las desigualdades», añadió el secretario general de la ONU.

En la Cumbre abundó la retórica anti imperialista, en un revival de los años del Movimiento de Países No Alineados, con la paradoja de un país de ambiciones imperiales, China, como invitado especial. El representante de Burkina Faso, por ejemplo, terminó su discurso con un «Patria o Muerte, ¡venceremos!».

Así y todo, el G-77 es un mecanismo de diálogo y cooperación avalado por la ONU, al mismo nivel que el G-7 o el G-20. Reúne a 134 países en vías de desarrollo y subdesarrollados de América Latina, África y Asia, aunque la etiqueta de ‘Sur Global’, hoy muy en boga, es la que prevalece. Y, con la presencia de China, reúne a tres cuartas partes de la población mundial.

En el primer día de la Cumbre, Guterres mantuvo una reunión con el líder del régimen venezolano, Nicolás Maduro, que solicitó al portugués apoyo para «denunciar la persecución financiera, las presiones e imposición de medidas coercitivas unilaterales contra la República Bolivariana», según Prensa Latina.

«¡Basta ya de persecución contra los pueblos del mundo que quieren su independencia y construir sus propios modelos!», enfatizó Maduro, que pidió al G-77 y China más fuerza en sus posiciones: «Hay que hacer mucho más».

Maduro realizó esta semana una visita de Estado a China y firmó con Xi Jinping, el presidente chino, un acuerdo de «asociación estratégica» entre ambos países, que eleva el nivel de las relaciones bilaterales. «China seguirá apoyando a Venezuela en sus esfuerzos por defender su soberanía», destacó el jefe de Estado chino.

Telesur, la señal de noticias panamericana con sede en Caracas, definió a China como «la capital de los BRICS, un sitio donde se está gestando el nuevo mundo multipolar».

En La Habana, el rechazo al «bloqueo» de Estados Unidos a Cuba fue unánime, y unió a tres líderes de grandes economías de América Latina, el brasileño Lula da Silva, el argentino Alberto Fernández y el colombiano Gustavo Petro.

«Hasta hoy, Cuba es víctima de un bloqueo económico ilegal», criticó Lula, que enfatizó que su país «está en contra de cualquier medida coercitiva de carácter unilateral» y rechazó que Cuba se mantenga en la «lista de Estados patrocinadores del terrorismo». Xiomara Castro, la presidenta de Honduras, habló del «mayor bloqueo genocida que haya conocido la historia de la humanidad».

En un contexto en el que el Mercosur elevó el nivel de tensión con la Unión Europea (UE) por el «anexo ambiental» en la negociación del Tratado de Asociación entre ambos países, Lula lanzó un mensaje para que se escuche en Bruselas: «Tenemos que aprovechar el patrimonio genético de nuestra biodiversidad con reparto justo de los beneficios resguardando la propiedad intelectual sobre nuestros recursos y conocimientos tradicionales».

El brasileño, que en su tercer mandato esté llevando adelante una política exterior mucho menos pragmática que la de 2003-2011, apoyó los esfuerzos por una industrialización sostenible y una agricultura de bajo carbono, pero dejó otra advertencia a las principales economías de Europa y Norteamérica: «Lo haremos sin olvidar que no tenemos la misma deuda histórica que los países ricos por el calentamiento global».

«El principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas, sigue siendo válido. Es por eso que la financiación climática debe ser garantizada a todos los países en desarrollo según sus necesidades y prioridades», añadió.

Lula recordó el acuerdo de cooperación para el uso pacífico de la energía nuclear que firmaron en los años 80 Argentina y Brasil, que implicó desactivar una hipótesis problemática en el Atlántico Sur, así como la cooperación espacial con China. Fernández, el viernes, había enfatizado la capacidad tecnológica de Argentina: «Vengo de un país que pone satélites en el espacio y fabrica reactores nucleares».

Lula coincide con el inquilino de la Casa Rosada: «Los países del Sur tienen plenas condiciones de ocupar la vanguardia de la ciencia, tecnología e innovación». Es lo que dice también Guterres, y es lo que se escuchará la semana que viene en Nueva York. «Cuento con este grupo, que durante mucho tiempo ha sido paladín del multilateralismo, para que dé un paso al frente, utilice su poder y luche por defender un sistema basado en la igualdad», señaló el secretario general de la ONU.