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Las elecciones de los Países Bajos ha supuesto un vuelco al tradicional sistema de partidos que en los últimos 13 años ha dominando el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) del todavía primer ministro en funciones Mark Rutte. El líder de la ultraderecha, Geert Wilders, ha conseguido una victoria inapelable, sacando una gran ventaja al segundo candidato más votado, el socialdemócrata Frans Timmermans (25). Aún así, sus planteamientos han sido durante años tan radicales que el resto del arco parlamentario de derecha y centroderecha no le asegura ahora su apoyo; y de hacerlo, le va a cobrar cara una coaliciónd de Gobierno dirigido por él.

Wilders ha sido hasta hace pocas semanas un líder casi antisistema, con propuestas a menudo consideradas por el resto de los partidos como estrambóticas o imposibles de poner en marcha. Sin embargo, durante esta campaña electoral y ya tras las elecciones, el dirigente neerlandés ha moderado su discurso, se ha mostrado dispuesto a renunciar a la parte más dura de su programa y ha confirmado que todo lo que pacte «estará dentro de la Constitución».

Ya lo dejó claro en la misma noche electoral: «Hago un llamamiento a los partidos. La campaña ha terminado y los votantes han hablado. Ahora, tendremos que buscar acuerdos entre nosotros. Con nuestro magnífico resultado, el PVV ya no puede ser más tiempo ignorado». Todo ello tras clamar enardecido ante sus seguidores a favor de parar «el tsunami de la inmigración».

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Con 37 diputados y un 25% de los votos, Wilders saca más de 12 escaños al segundo candidato más votado, el líder de la coalición de centroizquierda, con 25. Les sigue la cabeza de lista del partido gobernante, Dilan Yesilgöz, con 24. En cuarta posición es ha situado el Nuevo Contrato Social (NSC) de Pieter Omtzigt, una formación con sólo tres meses de vida que ha irrumpido con 20 parlamentarios.

El voto de castigo contra las formaciones que formaban el Gobierno anterior ha sido durísimo. El VVD ha perdido 10 escaños, los liberales de izquierdas del D66, 15, y los democristianos de la CDA, 10 diputados. Está claro que los neerlandeses han votado cambio. Y un cambio radical.

Lo que no parece que vaya a cambiar son los plazos para formar Gobierno. Mark Rutte en 2021 tardó más de nueve meses en cerrar una coalición. Muchos analistas apuntan que ahora, la formación del Gobierno puede ser incluso más difícil y larga.

Se espera que Wilders empiece este viernes a dar pasos para iniciar una negociación con el VVD, el NSC y el Movimiento Campesino (BBB), los partidos de la coalición que aspira a forjar, que sumaría 87 escaños de los 150 que tiene la Cámara Baja, una holgada mayoría absoluta.

Dilan Yesilgöz no se ha cerrado en banda a pactar con la ultraderecha, lo que siempre dependerá, ha dicho, de la decisión que tome su partido. «Ahora le toca a él; tiene que demostrar si es capaz de formar una mayoría», ha aseverado la que era la ministra de Justicia de Rutte.

Omtzigt, por su parte, ha mostrado su «disponibilidad» al diálogo con Wilders, aunque destacando que «no será fácil».

El único dirigente de peso que sigue defendiendo aislar al PVV a pesar de haber ganado las elecciones es Timmermans, candidato de la coalición formada por socialdemócratas y verdes (PvdA-GroenLinks): «Nunca formaré una coalición con partidos que sostienen que los solicitantes de asilo son la fuente de todas las miserias».

Si el puzle neerlandés parecía complejo antes de las elecciones del 22 de noviembre, tras los sorprendentes resultados electorales es mucho más difícil.