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El Vaticano ha aclarado que las cenizas de los difuntos se pueden conservar en lugares comunes similares a los osarios y también la familia puede colocar una pequeña parte de estas en «un lugar significativo» para el fallecido, según el dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Ante las dudas sobre la conservación de las cenizas que planteó el presidente de la Conferencia Episcopal italiana, el cardenal Matteo Zuppi, el prefecto de Doctrina de fe, el argentino Víctor Fernández, publicó una respuesta con algunas aclaraciones, con la aprobación del papa Francisco.

En es documento se precisa que, como indica el documento aprobado por Francisco ‘Instrucción Ad resurgendum’ en 2016, está prohibido «dispersar las cenizas de un difunto» y por tanto «se deben conservar en un lugar sagrado, como el cementerio, o también en un lugar específicamente dedicado a tal fin».

De manera que no se pueda «sustraer al difunto de la memoria y de las oraciones de los familiares y de la comunidad cristiana», así como ser motivo de «olvidos y faltas de respeto», así como «prácticas indecorosas o supersticiosas».

Sin embargo, se recuerda en este nuevo documento que, ante por ejemplo problemas económicos, «es posible preparar un lugar sagrado, definido y permanente para la acumulación y conservación de las cenizas de los difuntos bautizados, indicando los datos personales de cada uno para no dispersar la memoria nominal». La Iglesia admite, por tanto, «la posibilidad de verter las cenizas en un único lugar común, como ocurre con los osarios, pero preservando la memoria con el nombre de cada uno de los difuntos».

Finalmente, se precisa que, excluyendo «cualquier tipo de malentendido panteísta, naturalista o nihilista», en cumplimiento de las normas civiles, si las cenizas del difunto se conservan en un lugar sagrado, «se puede tomar en consideración y evaluar las solicitudes de una familia para preservar debidamente una pequeña parte de las cenizas de uno de sus familiares en un lugar significativo para su historia».

El documento recuerda también que la Iglesia aprueba la cremación: «La fe nos dice que resucitaremos con la misma identidad corporal que es material» pero esta transformación «no implica la recuperación de las partículas idénticas de materia que formaron el cuerpo».

«La resurrección puede tener lugar incluso si el cuerpo ha sido totalmente destruido o disperso. Esto nos ayuda a comprender por qué en muchos cinerarios las cenizas de los difuntos se guardan todas juntas, sin guardarlas en lugares separados», añade el documento.