• Gran Angular Polonia se juega en las urnas su futuro dentro de la Unión Europea

El Gobierno nacionalista polaco ha hecho coincidir las elecciones parlamentarias con un referéndum para movilizar a su electorado. Una consulta que tiene preguntas sobre los inmigrantes y la economía. Es la primera vez desde 1989 que las legislativas se solapan en este país con un referéndum, aunque esta estrategia electoral ya se ha aplicado con anterioridad en la región. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, convocó elecciones y un plebiscito sobre migración en 2016, en plena crisis migratoria en Europa. Pero lo perdió.

Los referéndums son válidos y vinculantes si participan al menos el 50% de los votantes con derecho a voto. En este caso, aunque haya quorum, el resultado será irrelevante dado que las preguntas se quedan en el enunciado. ¿Apoya la venta de activos estatales a entidades extranjeras, lo que supone la pérdida de control de los polacos sobre sectores estratégicos de la economía? ¿Apoya el aumento de la edad de jubilación, incluido el restablecimiento de la edad de jubilación para hombres y mujeres, que se ha elevado a 67 años? ¿Apoya la eliminación de la barrera en la frontera entre la República de Polonia y la República de Bielorrusia? ¿Apoya la admisión de miles de inmigrantes ilegales de Oriente Próximo y África, de acuerdo con el mecanismo de reubicación forzosa impuesto por la burocracia europea?

Dado que el partido populista Ley y Justicia (PiS) ha presentado al líder de la oposición Coalición Cívica, Donald Tusk, como un político vendido a los intereses de Bruselas y de Alemania, dispuesto a vender las empresas nacionales, a prolongar la edad laboral, a tolerar la inmigración y demoler el muro de contención en la frontera con Bielorrusia, la respuesta a cada una de esas preguntas debería ser No. O lo que es lo mismo: «Vote PiS».

El referéndum fue anunciado a mediados de agosto. La idea original era una sola pregunta sobre el rechazo al pacto migratorio con la UE. Sin embargo, las encuestas del partido y sus estrategas revelaron que, aunque la mayoría de los polacos apoyaban la postura del Gobierno en esta cuestión, no era lo suficientemente importante como para llegar a los votantes de la forma que el PiS esperaba. Un referéndum con una sola pregunta sobre migración, además, podría impulsar el apoyo al partido de extrema derecha Confederación (Konfederacja), con un enfoque aún más radical de la inmigración y argumentos como excluir a todas esas personas de las prestaciones sociales del Estado. De ahí la inclusión de las otras preguntas y una de ellas, la referida a la migración de Asia y Oriente Próximo con «mal fario». En septiembre, la retórica antiinmigración del Gobierno polaco saltó por los aires, cuando se descubrió que en sus embajadas y consulados en África y Asia se habían vendido mediante sobornos hasta medio millón de visados de trabajo para entrar en Polonia y por ende al espacio Schengen.

La oposición llama al boicot

La oposición ha calificado el referendo de «farsa» y llamado a su boicot. A las organizaciones internacionales les preocupa que se guarde un registro de quienes al acudir a votar rechacen coger la papeleta del referéndum y el hecho de que se hiciera coincidir con las generales plantea dudas legales. La realización simultánea de dos consultas permite al PiS eludir la normativa sobre financiación de campañas, ya que puede utilizar los gastos de los referéndums como Gobierno para promover los temas electorales del partido. Esto, sostienen los críticos, afectará negativamente a la transparencia y la integridad del proceso electoral.

Con un referéndum a su medida, el PiS ha puesto el dedo en la seguridad y la migración, las llagas que más duelen a los polacos, aunque ninguno de los partidos en liza ha formulado propuestas al respecto. Ha bastado con atraer el fantasma de una llegada masiva de inmigrantes a suelo polaco. Durante meses, el PiS y los medios de comunicación afines han afirmado que Tusk pondrá en peligro la seguridad nacional y el desarrollo económico de Polonia si recupera el poder. «Tusk es la mayor amenaza para nuestra seguridad», dijo el primer ministro Mateusz Morawiecki en un vídeo en el que explicaba las razones del referéndum. «No permitamos que Tusk, el enviado de la élite de Bruselas, derribe la seguridad de Polonia».

Uno de los ejemplos más llamativos de hasta qué punto el PiS es capaz de instrumentalizar la migración son las declaraciones del presidente Andrzej Duda el pasado 9 de octubre, 24 horas después de los brutales ataques de Hamas en Israel. «Me temo que desgraciadamente esto creará otra presión migratoria sobre Europa. Probablemente volveremos a tener una oleada de migrantes de Oriente Próximo golpeando Europa», declaró.

Duda, vinculado al PiS , fue más allá y aprovechó los acontecimientos en Israel para reclamar un compromiso de defensa de las fronteras de la UE y del espacio Schengen y argumentar su rechazo a la declaración sobre migración de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Granada. «No estamos de acuerdo con la reubicación forzosa de inmigrantes, ni con ningún sistema de cuotas o sanciones relacionadas con el despliegue de inmigrantes por Europa. Creemos que ante todo debemos contrarrestar la migración», afirmó el presidente, esperanzado en que «el Gobierno que se forme tras las elecciones represente los intereses de Polonia y de los polacos y priorice nuestra seguridad».

La interferencia del Jefe del Estado en la recta final de la campaña fue alabada por la cúpula del partido, pero puso en tela de juicio la neutralidad obligada de la Jefatura del Estado.